hipocresía progre

Es fácil ponerle peros a la adalid de la lucha contra el cambio climático, Greta Thunberg: abandonó el colegio, se la ve limitadita y poco sociable, antipática cuando no consigue lo que quiere y el negocio montado a su alrededor se huele a kilómetros. El postureo progresista necesitaba una nueva musa, alguien que representara los nuevos Estados Unidos inclusivos, diversos y multiculturales de la era Biden. Y el mismo día de su investidura esta heroína se presentó al mundo: una joven activista de 22 años llamada Amanda Gorman. Mujer, negra, graduada Cum Laude en Sociología, poeta laureada y no decimos que es mona por lo de la cosificación. Un escudo humano perfecto. A ver si tiene huevos de meterse con ella.

Durante la investidura de Joe Biden, el amanecer tras las tinieblas de Donald Trump, Amanda Gorman leyó The Hill We Climb, un poema que iba precisamente de eso: de la llegada de un nuevo día después de la oscuridad. Habló de construir un país “aún inacabado” comprometido con todas las culturas y colores (guiño, guiño), de la necesidad de reparar el pasado (codazo, codazo), y de unirse cerrando heridas. Vamos, un resumen perfecto del argumentario del Partido Demócrata que en esos momentos estaba a punto de “cerrar heridas” abriéndole un segundo Impeachment al ex presidente Trump.

Amanda Gorman, referente mundial de la noche a la mañana

La sensación de producto manufacturado made in Hollywood -con planos intercalados de los Biden y Kamala Harris casi al borde de las lágrimas- se acrecentó con el repentino éxito de la hasta ese momento desconocida poeta, convertida de la noche a la mañana en un icono mundial. Miles de medios de comunicación le dedicaron artículos laudatorios, hablaron de sus “inspiradoras palabras” que, por supuesto, “han hecho historia” y “emocionaron” (a Biden, a Kamala, a la nación norteamericana, a la humanidad… ponga aquí lo que más le guste). Como consecuencia se dispararon las búsquedas en Internet de abrigos amarillos y de diademas rojas como los que llevaba en la ceremonia, lo cual invita a reflexión sobre la profundidad de su discurso y lo que realmente ha llamado la atención de esta muchacha bendecida por el aliento de las musas posmodernas.

La diadema y el abrigo, por cierto, son de Prada y cuestan 300 y casi 2.000 euros, respectivamente. No se extrañe de que una mujer negra oprimida de 22 años pueda vestir así. Es lo más normal del mundo cuando has estudiado en Harvard y escribes poemas para Nike o precisamente Prada. Un detalle que no nos suelen contar los perfiles que le dedica la prensa estos días, que prefiere destacar cómo superó sus problemas auditivos y su compromiso contra el racismo y a favor del feminismo. Uno de los pocos que sí lo ha hecho ha sido el ex diputado de la CUP Antonio Baños en un interesante hilo de Twitter que, cosas de las capturas de pantalla y del scat japonés, acabó siendo una de las cagadas del año.

Ganó un premio… que se entregaba por primera vez

Y es que el historial de Gorman -que pasó de 50.000 seguidores en Instagram a tres millones en 48 horas- llama la atención: nos la presentan una y otra vez como “poeta nacional laureada”, un galardón que se otorgó por primera vez en 2017, cuando lo ganó ella, y que concede una empoderadora e inclusiva ONG que ha premiado solo a mujeres racializadas completamente desconocidas a la espera de que alguien pueda rentabilizarlas. Gorman va por buen camino: de cada uno de sus libros se han preparado tiradas de un millón de copias solo en Estados Unidos, amén de las ediciones que se van a publicar por medio mundo.

Su segunda participación pública fue otro acto tan íntimo y espontáneo como la investidura de un presidente de Estados Unidos: la final de la Super Bowl, seguida por casi cien millones de espectadores. De nuevo, llamó la atención por su estilismo, un abrigo de Moschino que seguro que usan todos los negros de barrios pobres de Estados Unidos. Esa capacidad de hacer activismo al tiempo que viste ropa de primeras marcas se plasma en su contrato con una importante agencia de modelos, junto a la hijastra de -vaya, qué coincidencia- la vicepresidenta Kamala Harris. La división pija del Black Lives Matters a toda máquina. Que tiemble el racismo estructural.

El “renacimiento negro” en la portada de ‘Time’

Y por si le queda alguna duda de la jugada de marketing échele un ojo al último número de la revista Time, el boletín oficial de las élites liberales de Estados Unidos. Allí verá a la nueva musa del progresismo, portada incluida, charlando de todo un poco con otra humilde demócrata, Michelle Obama. El “renacimiento negro” lo llaman. Le apostamos una moción de censura, de esas que la democrática izquierda prefiere a unas elecciones, a que veremos a Amanda Gorman en la muy correcta, inclusiva y empoderante gala de los Oscar y que al día siguiente la prensa hablará de uno de los momentos más emotivos de la noche… y de la ropa de marca que llevaba.

Esta poeta vestida de Prada viene a representar muy bien el nuevo modelo de celebrity progre del siglo XXI activista e influencer a partes iguales. Sus ideales aparentan ser populares y universales pero en realidad su mundo es el de las élites globalistas. Su apoyo a otra diva del mismo fuste, Meghan Markle, autoexiliada, según ella por ser mestiza, de la familia real británica, viene a demostrar cuáles son sus guerras, lo que no impide a los medios -sin el más mínimo crédito ya en cuanto a criterio y análisis de la realidad- vendérnosla como una pobre negra oprimida que ha conseguido salir adelante. Lo malo es que en ese proceso se exalta a las ya muy exaltadas masas de justicieros sociales que creen ver en Gorman un nuevo referente al que hay que proteger del machismo y del racismo.

Los blancos no pueden traducir la obra de una mujer negra

Es en este contexto de producto mimado del progresismo identitario en el que se entienden polémicas tan disparatadas como las que rodean la traducción de su obra y que nos enseñan que el racismo no es solo una cuestión de blancos. Amanda Gorman y su equipo (habría que empezar a preguntarse quién forma ese equipo) piden traductores que sean mujeres jóvenes, de orígenes africanos o que tengan un perfil activista en causas sociales para que sean más “sensibles” a la hora de traducir a la joven poeta.

Imaginen por un momento la que se liaría si un autor blanco no quisiera que sus traductoras fueran mujeres negras. Por supuesto, los entusiastas de la izquierda identitaria le dirán que no es lo mismo, que el racismo es un problema estructural y de lo que se trata es de visibilizar a una minoría oprimida. El viejo truco de la discriminación positiva por el cual Amanda Gorman (recuerden, niña pija de Harvard, musa de las élites demócratas, influencer y modelo de marcas) está más oprimida que cualquier hombre blanco por mucho que este no tenga donde caerse muerto.

Drama interseccional en Holanda

En Holanda, esta situación derivó en todo un drama poético de tintes posmodernos: la editorial que adquirió los derechos se lo encargó a Marieke Rijneveld, una prestigiosa (allí) escritora y activista de género no binario, de estas que no se siente identificada con ningún pronombre personal y que le llamaría tránsfobo si usted le asigna uno alegremente. Más social imposible, pero otra activista antirracista se indignó porque no era negra. En esta temible batalla interseccional, la traductora cedió y renunció a traducir el libro. Eso sí, se ve que el asunto la inspiró y escribió a su vez otro poema empatizando con Gorman. Algún año de estos nos lo leeremos. Palabra de privilegiado cishetero opresor.

En la versión catalana ha sucedido algo parecido. De nada le ha servido a Víctor Obiols, alias Bocanegra, haber traducido a Shakespeare y Oscar Wilde. ¿Qué importancia tiene eso al lado de ser mujer, negro o activista? Ninguna, está claro. Así que ha sido vetado por los representantes de la laureada poeta. “Como la holandesa, he sido víctima de la nueva Inquisición (…) Tendré que buscar betún”, ha dicho Obiols en Twitter. Si le lee la muy binaria y sensible Rijneveld le da algo. Aunque siempre se podrá consolar con un antirracista abrigo de Prada.

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2 comentarios

  1. Muy bueno, señor Kaplan. Hay que ver con la pobre mujer oprimida que vive cual estrella de Hollywood. Ya quisiera yo tener esa opresión. 😂😂 Pues nada ,ya tenemos a la penúltima estrella mediática. La próxima será trans racializada, ya por rizar el rizo. 😅 En serio, muy buen artículo. Enhorabuena.

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