Cine feminazi

Ya le avisamos desde la primera línea: el título de la séptima entrega de Joyas del cine feminazi es solo un gancho para que entre a leer el artículo. Por desgracia, la pesadilla del cine hembrista, lejos de terminar, está más presente que nunca. Hoy le traemos tres títulos recién salidos del horno feminista, aplaudidos por la crítica biempensante y reconocidos en festivales y entregas de premios. Como estamos vacunados contra el virus woke y no tenemos que hacerle la pelota a Netflix, puede estar tranquilo: los vamos a destripar con todo el cariño que se merecen.

Escuela de jóvenes feminazis

Algunos la han comparado con el cine de adolescentes de John Hugues, pero Moxie se le parece como un huevo a una castaña. Todo lo que en El club de los cinco o La chica de rosa era una reflexión lúcida sobre el camino hacia la madurez y una reivindicación inteligente del derecho a ser diferente, aquí es brocha gorda feminista. Y no es una exageración: todas, pero todas las tramas de la película tienen que ver con el empoderamiento, la inclusión, la interseccionalidad, la diversidad y la lucha contra el Patriarcado (“¡A la mierda el Patriarcado!”, llega a gritar la protagonista en una escena supuestamente emocionante).

La trama transcurre en un instituto que es un infierno sexista y cosificador, donde los chicos hasta tienen una lista donde eligen a la alumna “más follable”, “la que tiene mejor culo”, “la que tiene las tetas más grandes”. Tras escuchar una antigua canción del movimiento Riot Grrrl, la protagonista tendrá una epifanía feminista y escribirá un fanzine que unirá a todas sus compañeras hacia la victoria contra la opresión heteropatriarcal.

El detalle opresor

El recital de feminismo interseccional de Moxie, que Netflix estrenó, no por casualidad, justo antes del Día de la Mujer, no tiene fin: los privilegios culturales que denuncian las chicas negras y orientales, la transfobia, el novio -racializado- de la protagonista (que cumple como buen aliado apoyando desde lejos la causa), y el capitán -blanco- del equipo de fútbol, agresivo y violento, que se siente una víctima de las feministas, ejemplo perfecto de masculinidad tóxica. En una tele salen noticias del #MeToo (que quede claro el contexto) y hacia el final de la película una alumna denuncia una violación. Tras una apoteosis de sororidad y el momento “Yo sí te creo” de rigor, la chica acusa a su violador que, estaba cantado, resulta ser el capitán blanquito del equipo de fútbol al que solo le faltaba apellidarse Weinstein.

Moxie (2021). Clasificación en la escala feminazi: 8/10.

La vengansa de una mujer feminista

Cinco nominaciones a los Oscar (lo que no sorprende nada sabiendo de qué pie progre cojea Hollywood). En Una joven prometedora una mujer dedica sus ratos libres a hacerse pasar por borracha y dar la chapa a los hombres que intentan aprovecharse de ella, que son absolutamente todos, ni uno solo se porta bien. También quiere vengarse de los implicados en la violación de su mejor amiga en la Universidad. Y hasta tiene tiempo de salir con un tipo encantador. Pero en un mundo de opresión estructural no hay que confiar en los machirulos y al final resulta que el chico encantador estuvo presente jaleando la violación. El único hombre de fiar es el abogado que consiguió la absolución del violador, deprimido y arrepentido desde entonces, y que espera ser merecidamente ajusticiado en cualquier momento. Con la cara de triste que pone Alfred Molina queda de lo más creíble, eso sí.

El detalle opresor

Ninguna película feminista sin su circo. A la protagonista, Carey Mulligan, le dio por leer una crítica de Variety un año después de ser publicada y entendió que decía que ella no era lo bastante sexy para el papel. Según Mulligan, eso era machismo por juzgarla por su aspecto físico. De nada sirvió que el periodista dijera que no era su intención y que como gay de 60 años la apariencia física femenina le traía al pairo. La revista se bajó los pantalones publicando una disculpa, se pidió la cancelación en redes sociales del crítico y diversos artículos se quejaron de que había demasiados hombres blancos escribiendo críticas de cine.

Una joven prometedora (2021). Clasificación en la escala feminazi: 8/10.

Las brujas vascas contra la Inquisición machirula

En una de las cumbres más surrealistas del revisionismo histórico, Podemos y Bildu pidieron que el gobierno foral de Navarra se disculpara por la caza de brujas de los siglos XVI y XVII, que definieron como el “mayor feminicidio institucional de toda la historia” contra unas mujeres que “solo querían escapar del Patriarcado”. Akelarre es ese delirio hecho película y se ha ganado por derecho propio ser el primer título español de nuestra saga feminazi. Todo un honor.

Fue una de las triunfadoras este año en la “fiesta del cine español” (sic) ganando 5 Goyas, pero todos técnicos, que son los premios que se suelen dar a las películas promocionadas y vistosas pero que no acaban de convencer. El film está inspirado libremente en las crónicas del inquisidor Pierre de Lancre que, aprovechando la ausencia de los hombres que estaban pescando en Terranova, ordenó ejecutar en el País Vasco francés a más de medio centenar de mujeres (pero también niños e incluso sacerdotes) acusados de brujería. Hasta que los marineros volvieron, se sublevaron y el inquisidor escapó por los pelos del linchamiento.

De toda esta historia, Akelarre se queda con lo que le interesa para darle gustito al nacionalismo vasco y al feminismo: Seis jóvenes muy vascas se enfrentan a la misógina Inquisición española al servicio de la Corona que quemaba mujeres por el hecho de ser mujeres. La idea viene reforzada por el uso del euskera en la aldea y el castellano de los inquisidores. Queda de lo más realista, salvo por el detalle de que Pierre de Lancre era un inquisidor francés al servicio del rey de Francia y de Navarra. Pero de lo que se trata es de que uno vea Akelarre y piense lo mala que era la Inquisición española. Que un poco de Leyenda Negra nunca viene mal.

El director de Akelarre dice que estuvo años documentándose sobre la caza de brujas de los siglos XVI y XVII. Pero esto se le debió de olvidar mirarlo: las 59 mujeres condenadas por brujería en España palidecen al lado de las cifras de Champions de países como Alemania, Polonia o Francia. Fuente: ABC.

El detalle opresor

Las jóvenes acusadas de brujería son atemporales y parecen tan del siglo XVII que solo les falta sacar un Huawei P40 Pro y ponerse a tuitear “Jo tía, nos tienen encerradas y dicen que somos brujas”. Pero los hombres, en cambio, reflejan la mentalidad ignorante y supersticiosa de hace 400 años sin atemporalidad que valga. Así se transmite el mensaje de que la lucha feminista es moderna y no aceptarla es de carcas y fachas. Su director, Pablo Agüero, lo deja aún más claro: “Alguien definió la película como Abascal contra el 8M y me parece que la entendió mejor que yo mismo”. Como haya secuela ya nos imaginamos el título: “Akelarre 2: hoguera al machote“. Más atemporal imposible.

Akelarre (2021). Clasificación en la escala feminazi: 8/10.

La saga del cine feminazi

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4 comentarios

  1. Muy bueno y muy entretenido. Aunque con cada capítulo de la saga me surge la duda: ¿las veo para vivir esa experiencia en mis propias carnes o huyo hacia el cine machirulo sin mirar atrás? Y lo siento por usted, señor Kaplan, pero espero que haya muchos más capítulos de la saga.😂😂

    1. ¡Muchas gracias, Merce! Yo le recomendaría que las viera para comprobar con sus propios ojos el esperpento que son, pero así como de pasada porque algunas deberían venir con un mensaje como el de los medicamentos: “Las autoridades sanitarias advierten que ver estas películas puede afectar su salud mental”.

  2. La semana pasada me llamó la atención el cartel de “The Coven of Sisters” (“Akelarre” en U.S.) y después me la recomendó un amigo. Le di una oportunidad y me la tragué entera sin esperar demasiado ya que estaba en el catálogo de Panfletix.
    Está claro desde el minuto uno de qué va la vaina, el salto euskera-castellano en los diálogos es molesto, las canciones agotan y el comportamiento “empoderade” de las protagonistas aburre, es cierto, a veces yo también pensé que iban a sacar un teléfono para subir una foto a Instagram #hermanasdecalabozo #puntasabiertas #quefrioestaelsuelo #inquisicionsinchampu.
    Por otro lado el rollito Scherezade intentando alargar la ejecución es otra manera de dejar patente que el macho opresor piensa con el pijo, ¡Qué guarros y qué malos eran los onvres inquisidores!.
    Sí hubo una secuencia que me gustó porque me recordó al “Séptimo Sello”, nada más.
    El final me dejó un poco frío, no lo entendí del todo aunque imagino que el director en un delirio planchabragas nos quiso decir que ellas, como libres que eran, volaron y volaron alto “gorago”.
    Mira, ni fu ni fa.
    Estoy de estos panfletos un poco agotado.

    ¡Gracias por tus alertas feminazis!

    1. ¡Muchas gracias por el comentario, Second Light! Es lo malo de este tipo de cine, que parecen más panfletos que películas y todo se supedita al mensaje, incluido el guion. Y, claro, así les sale. Un saludo.

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