Ex marido de María sevilla

No, no es una errata, que diría Ortega y Gasset. Es probable que en los libros de historia se encuentre algún capítulo con el nombre de este artículo. Siempre y cuando el feminismo no consiga hacer desaparecer la crítica contra él, claro. Porque este ha sido su Rubicón, la decisión que ha despertado a muchos de la pesadilla de género dándose cuenta del monstruo que han alimentado. El lector inteligente se habrá dado cuenta de que el error no es de María Sevilla sino que ella misma es el error. El error de su indulto, el error del Gobierno de España dando el mensaje de que una mujer puede secuestrar a sus hijos sin castigo, el error de calumniar desde el propio Estado a un padre acusándolo de ser un abusador infantil. El error, en definitiva, de un feminismo ebrio de impunidad.

Hace una semana, durante el I Encuentro Estatal de Violencia Vicaria y Violencia de Género Institucional en Mérida, con financiación, como no podía ser menos, del Ministerio de Igualdad, se produjo una escena dantesca: la presidenta de un chiringuito feminista pidió un aplauso para las «madres protectoras» como María Salmerón y María Sevilla, ambas condenadas por los tribunales. La Asociación de Mujeres Juezas, una asociación de magistradas y juristas, publicó orgullosa en Twitter la larga ovación. Al parecer, ser una delincuente es lo de menos. Lo importante es pertenecer a la congregación. Son hermanas. Nada más importa. Ante el aluvión de críticas, ellas seguramente lo llamarían «odio machista», acabaron borrando el tuit.

«Madres protectoras», el nuevo concepto de la neolengua feminista

De un tiempo a esta parte, el feminismo ha popularizado este concepto de «madres protectoras». Son mujeres que tras separarse de sus parejas y litigar por la custodia de sus hijos cometen actos delictivos, incumpliendo el régimen de visitas del padre o directamente llevándose a los niños para que este no los vea más. Según ellas, porque los padres son unos monstruos y los niños corren peligro.

Que la condena previa al ex marido haya sido de conformidad (Juana Rivas tras agresiones mutuas), por violencia psicológica (María Salmerón), o ni siquiera exista con una denuncia tras otra archivada por poco creíbles (Irune Costumero o la propia María Sevilla) son detalles sin importancia. Para las feministas el contexto no existe. Solo importa la palabra de la mujer. De hecho, en España, desde hace un año los padres acusados de violencia de género no pueden visitar a sus hijos. Si luego, como sucede en el 70% de los casos, la denuncia es archivada, sobreseída o tiene la suerte de formar parte de la ínfima minoría que llega a considerarse oficialmente falsa, no pasa nada. Aquí paz y después gloria. Que un padre puede perfectamente pasar sin ver a sus hijos una temporada. O nunca jamás si lo decide una madre secuestradora, digo protectora.

Unas heroínas de película contra el Patriarcado

Estas madres coraje son ideales para las feministas. Refuerzan su relato de opresión patriarcal y les proporcionan unas heroínas perfectas, casi de película, contra lo que ellas consideran un sistema de violencia machista institucionalizado. ¿Qué no haría una madre por proteger a sus hijos? Enfrentarse al mismísimo Patriarcado a pecho descubierto si hace falta. Que en realidad puedan estar mal aconsejadas o ser unas trastornadas no es una opción a considerar. Y pobre de usted si se atreve a opinar eso.

El caso de María Sevilla

El caso de María Sevilla es muy similar al de otras madres secuestradoras, o sea, protectoras. Pero tiene algo especial que puede marcar un antes y un después en este feminismo que presume de Clara Campoamor pero que demasiado a menudo recuerda más a la secta de los davidianos.

María Sevilla fue condenada a dos años y medio de cárcel y cuatro sin la patria potestad por sustracción de menores, tras secuestrar al hijo que tuvo con su ex pareja, Rafael Marcos. Fue el final de un calvario en el que Marcos, tras interponer una demanda por la custodia compartida, fue acusado por su ex mujer de abusar sexualmente de su propio hijo, provocando un rosario de denuncias archivadas en seis juzgados por poco creíbles, y largos periodos sin poder ver al niño que culminaron con la desaparición de su ex esposa y una intervención policial.

Tras dos años en paradero desconocido, María Sevilla fue finalmente localizada por la Policía Nacional. Vivía con su hijo, su nueva pareja y la hija de ambos en una finca en Villar de Cañas (Cuenca). Aislados, con la valla cubierta con una lona, y con el niño sin escolarizar para no alertar al padre de su paradero. Ella misma le educaba sin apenas contacto social con nadie, adoctrinándole de paso en el odio a su ex marido («Papá es el diablo» aseguraba el niño) y en los principios de la religión evangélica que ella profesaba.

Infancia Libre y Podemos

Por si fuera poco, este ser de luz blanca había fundado unos años antes la asociación Infancia Libre a la que pertenecían otras madres que también habían denunciado a sus ex maridos de abusos sexuales sin más pruebas que los informes que les preparaban pediatras y especialistas afines a ellas. La asociación se convirtió en asesora oficiosa de Podemos en temas de infancia y llegó a acudir al Congreso y a la Asamblea de Madrid invitada por este grupo político.

Las imágenes de diputadas de Podemos junto a algunas de estas mujeres que acabarían condenadas por sustracción de menores darían la vuelta al mundo. La propia asociación fue acusada de ser una organización criminal, aunque la causa fue archivada por la Fiscalía. Por supuesto, Podemos calificó la sentencia contra María Sevilla de «justicia patriarcal».

María Sevilla, indultada sin arrepentimiento

Pero no es esta historia de terror lo que hace tan especial este caso. Lo mejor, o lo peor, según se mire, vino después. Al igual que ha sucedido con Juana Rivas, el feminista Consejo de Ministros decidió concederle un indulto parcial, y eso que no solo no se ha arrepentido sino que ha asegurado que lo volvería a hacer. Con esta medida de gracia del gobierno evitará la cárcel y no perderá la patria potestad.

Suena casi a mofa cuando la Fiscalía del Estado argumenta a favor del indulto parcial al decir que evita, al no ser total, la «sensación pública de impunidad que aliente la comisión de nuevos delitos». En realidad, es justo al revés: el mensaje que se transmite es que una mujer puede llevarse tranquilamente a sus hijos, que si la justicia la condena ya vendrá el gobierno luego a perdonarla.

El feminismo calumnia al padre

A Irene Montero le faltó tiempo para celebrar el indulto, que consideró «patrimonio del movimiento feminista» y habló de la deuda del Estado con las madres secues… protectoras como María Sevilla que lo único que hacían era «defenderse», y a sus hijos, de la violencia machista. La secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, Ángela Rodríguez Pam, fue más lejos y mintió en RTVE calificando al ex marido de María Sevilla de maltratador y de agresor sexual. Lo mismo hizo la ex directora del diario Público, Ana Pardo de Vera, que negó también en la cadena pública de televisión que María Sevilla tuviera secuestrado a su hijo y no se cortó en definir al padre como un pederasta condenado por abuso sexual.

Las feministas más radicales cerraban filas en torno a la indultada, mintiendo sobre unas acusaciones no probadas y judicialmente desestimadas. Se sentían capaces de todo. Pardo de Vera se defendió en Twitter asegurando que tenía informes médicos y psicológicos que probaban lo que decía. Tuvo que silenciar las respuestas cuando le recordaron que esos informes los encargó la madre y se realizaron a partir de sus declaraciones.

Por esas mismas razones, el juez no los tuvo en cuenta (en el juicio, algunas de las personas que realizaron esos informes reconocieron que posiblemente habrían llegado a otras conclusiones si hubieran tenido la información que salió a la luz durante la vista). Para cualquiera, menos para la mente distorsionada con perspectiva de género de una feminista radical, Rafael Marcos es un hombre inocente.

Habla Samuel: «Me da miedo mi madre»

Lo que no esperaban Montero y compañía es que el padre iba a salir a defenderse y dejarlas con el culo al aire. Poco después del indulto publicó un vídeo en las redes sociales donde, dirigiéndose a la ministra de (des)Igualdad, leía el testimonio de Samuel, su hijo que ya tiene quince años, recogido en el juzgado y por la orientadora social:

Me da miedo mi madre, es mentira lo que dijo que mi padre me pegó (…) Con ella vivía como en una cárcel, sin amigos y sin estudiar (…) No quiero que ella siga peleando por mí porque estoy bien con mi padre. Lo que mi madre quiere hacer es daño a mi padre y lo que no se da cuenta es que me lo está haciendo a mí.

Lo más irónico del tema es que las feministas podrían defenderse diciendo que el padre está manipulando al niño contra la madre, pero como aseguran que el SAP no existe no pueden hacerlo. Esperamos con ansia un nuevo concepto feminista, el SAM, Síndrome de Alienación Marental que, por supuesto, sí estaría avalado por la American Psychiatric Association, las Naciones Unidas y la cofradía universal de las charos moradas.

Rafael Marcos demandará a Irene Montero

«Si escucharas todo esto de su propia voz [la de su hijo], no sabrías ni donde meterte», continuaba Marcos en el vídeo que se hizo viral. «Ojalá —concluyó— esto lo pueda ver toda la gente posible para que se enteren de que estás defendiendo a una madre que ha secuestrado y maltratado a su hijo. Y no solo no la condenas sino que haces que parezca una mártir».

En diferentes entrevistas, el ex de María Sevilla ha dado detalles del estado en el que se encuentra su hijo, recuperando poco a poco una vida normal, ha reincidido en sus críticas («a este Gobierno no le importan los niños») y ha anunciado que recurrirá el indulto y presentará una demanda por presunta intromisión ilegítima al derecho al honor contra Irene Montero y la secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género que lo llamó agresor sexual en prime time.

Un fallo en la matrix feminista

Está claro que este caso se le está escapando de las manos al feminismo institucional, incluso más que el de Juana Rivas que ya es decir. Un fallo inesperado en su matrix bajo control. No contaban con un padre dispuesto a plantar cara a una ministra que antepone su discurso ideológico al bienestar de un niño. Ni contaban con una sociedad que se cansa de que las buenas de la película sean siempre las mujeres. Y tampoco contaban con las protestas que surgirían en sus propias filas a las que les cuesta digerir que María Sevilla sea otra Juana de Arco contra el Patriarcado. La presentadora Susana Griso, habitual estandarte mediático del 8M, se llevó las manos a la cabeza en su programa Espejo Público: «Esto me indigna como feminista», exclamó.

Mi vecina, mucho menos famosa que Griso pero igual de rubia, una socialista de toda la vida, también puso el grito en el cielo: «Esa mujer no está bien. Indultarla es un error colosal». Efectivamente, lo es: el error María Sevilla.

Delenda est Feminismus.



El equipo legal que llevará la demanda de Rafael Marcos por intromisión ilegítima al derecho al honor —Yobana Carril, Guadalupe Sánchez, Pablo Franco y Ruth Arroyo— no cobrará por sus servicios aunque se necesitan fondos para cubrir las costas del juicio. Hay abierto un crowdfunding para ello, a través de la Asociación Nacional de Ayuda a las Víctimas de Violencia Doméstica (Anavid) y el número de cuenta ES59 0073 0100 5605 0638 7896. Igual va siendo hora de hablar también de padres protectores.

Hijo María Sevilla
Compartir:

6 comentarios

  1. Muy interesante, como siempre. Y puede que este caso sea el principio del fin. Este indulto ha enfadado a propios y extraños. Solo los más radicales que viven de ese Ministerio lo siguen defendiendo. Ojalá esa demanda llegue a buen fin y se tengan que ver delante de un juez.

  2. Hola Señor Kaplan, con respecto a la nota, el feminismo (instrumento de fuerzas oscuras que operan en la sombra) tiene por objetivo destruir la base de la sociedad que es la familia.

    1. Lo que está claro es que si el feminismo fue una vez un movimiento por la igualdad ha degenerado, o al menos una parte de él, en algo que no tiene nada que ver. Un saludo, Lisandro.

    1. No es para menos. Dígamelo a mí que he tenido que suprimir algún párrafo en el que se notaba demasiado el mosqueo. Muchas gracias por comentar, señor Visipedia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.