Batalla cultural cine

Hay una guerra que se libra en el espacio desde hace casi medio siglo. Son dos bandos irreconciliables que con gran placer se desintegrarían mutuamente. Unos utilizando espadas láser y otros disparando fásers ajustados a la máxima potencia. Son los fanáticos de Star Wars y de Star Trek, que compiten encarnizadamente por el título de la franquicia de ciencia ficción más popular de la historia. Una lucha cruenta que ha ido adquiriendo no pocos matices a lo largo de los años. El último de ellos, a la altura de la batalla cultural de este siglo, el de dilucidar quiénes son los más woke y el de tener a los aficionados más toxicos y fascistas de la galaxia. Y la cosa está muy reñida.


Hablando con propiedad, esta rivalidad no tiene mucho sentido. Trek y Wars, aparte del Star del principio, apenas comparten generalidades, como que transcurren en el espacio, salen extraterrestres y usan tecnología futurista. Star Trek es más ciencia ficción al uso y Star Wars se mueve en los mundos de la fantasía épica (ni siquiera transcurre en el futuro sino «Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana»). Pero todo eso le da igual a los frikis de ambos bandos, que se vigilan a distancia tanteándose con suspicacia.

Cronológicamente, Star Trek fue la primera en nacer. Fue en 1966 y nadie diría que aquella serie que se canceló después de tres temporadas porque parecía que no le interesaba a nadie iba a convertirse en un mito y dar origen a trece películas y nueve series de televisión, que se dice pronto. Star Wars, aquí La guerra de las galaxias, se estrenó en el cine en 1977. A diferencia de su predecesora espacial fue un éxito instantáneo. Sumando precuelas y secuelas ya van nueve películas, tres bodrios que no se pueden llamar películas (dos cosas con ewoks y un espantoso especial de Navidad), y una decena de series, animadas y de imagen real, que amenazan con multiplicarse exponencialmente y extenderse como un virus.

El reverso tenebroso de la Fuerza

Los trekkies cuentan con un plus añadido en Estados Unidos, donde son una hermandad cuasi mística a la que solo le falta inmolarse al amanecer para parecer una secta. Bill Gates, Barack Obama, Stephen Hawking o Al Gore son solo algunos de los orgullosos miembros de este culto televisivo que siempre ha mirado con recelo a sus primos galácticos, mucho más mediáticos, populares… y fachas.

Porque aunque se supone que Star Wars trata de la lucha contra el autoritarismo, la saga creada por George Lucas siempre se ha enfrentado a críticas por su carácter conservador, su poca diversidad y su supuesto racismo. El mítico Carl Sagan ya la criticó en 1978 por «chovinismo humano». Aseguró que «La piel de todos los humanos es blanca y ni siquiera están representados los otros colores de la Tierra». Según él, aunque había razas extraterrestres «ninguna parecía mandar en la galaxia». Supremacismo humano y del más blanco. Lo peor.

Chewbacca merecía también una medalla

El creador de Cosmos incluso tuvo palabras para Chewbacca: «Me dio mucha pena que al final no diesen una medalla al wookie. Todos recibieron sus medallas y al wookie, que había luchado todo el tiempo, no le dieron ninguna. Creo que es un ejemplo de discriminación antiwookie».

Sagan fue un gran visionario, un adelantado a su tiempo. Pero no solo en la divulgación científica. Anticipó la cultura woke cuarenta años antes de que existiera.

Una trilogía clásica pero machista y poco diversa

Los problemas con Star Wars no han parado. Shri Narayanan, un profesor de la Universidad del Sur de California, ha desarrollado un software que ríase usted de Skynet. El algoritmo estudia la cantidad de diversidad e inclusividad que hay en las películas. Él y sus estudiantes pasaron por el algoritmo la trilogía clásica de George Lucas y se puede imaginar el resultado: todos los diálogos «estaban enunciados por blancos, la mayoría hombres».

Y daba igual que tuviera uno de los personajes femeninos más icónicos del cine moderno. La princesa Leia, en el fondo, según estas afiladas mentes del idiotismo posmoderno, no era más que una dama en peligro que debía ser rescatada por los machirulos Luke y Han.

El bikini de Leia esclava, anatema feminista

Encima, en El retorno del jedi a la futura general Organa la vistieron con un bikini cosificador. El famoso atuendo de esclava, gracias al cual descubrimos que la princesa Leia además de ser la tía más valiente de la galaxia estaba buena, sigue dando de qué hablar e incomoda tanto a las feministas radicales como a Disney, que son igual de mojigatos. Desde 2015, se ha retirado del merchandising oficial de la saga por «machista», y no nos extrañaría nada ver una versión retocada de El retorno del jedi adaptada a la sensibilidad actual, o sea, censurada, como cuando Disney tapó por ordenador el culo de Daryl Hannah en 1, 2, 3, Splash.

Carrie Fisher, la actriz que interpretaba a Leia, tuvo una actitud cambiante con aquella prenda, según el feminismo de la tercera ola sorbía cerebros, queremos decir, concienciaba mentes. De no darle ninguna importancia (incluso se prestó a una sesión de fotos en la playa luciendo el bikini para Rolling Stone), a tomárselo a coña cuando un puritano padre dijo que era poco edificante verla vestida así en un juguete («Diles a tus hijos que una babosa gigante me capturó y me forzó a llevar ese estúpido traje y que después le maté porque no me gustaba») y a renegar abiertamente cuando aconsejó a Daisy Riley, la heroína de la nueva trilogía, que tenía que luchar por su vestimenta: «No seas una esclava como yo. Sigue luchando contra ese tipo de conjuntos de esclava».

Como el mundo real va por un lado y el feminismo por otro, el cosplay de Leia esclava sigue triunfando en las convenciones frikis y solo hay que poner #leiaslave en Tik Tok para ver su vigencia en las nuevas generaciones. Jabba the Hutt, que nos leerá desde el paraíso de las babosas gigantes, estaría orgulloso.

Problemas de diversidad en la galaxia

Por supuesto, los films clásicos de Star Wars no pasan el test de Bechdel, ese en el que dos mujeres deben hablar de algo que no sea un hombre. Solo lo pasa la última y empoderante trilogía, en la que la pluscuamperfecta Rey hizo que el Ministerio de Cultura le diera su etiqueta de «Recomendada para el fomento de la igualdad de género».

En estas tres películas, Disney se esforzó en algo que habría agradado a Carl Sagan: darle más diversidad racial con el negro, perdón, afroamericano John Boyega y la vietnamita Kelly Marie Tran. El rechazo visceral, con linchamiento tuitero incluido, a este personaje por parte de los fans, que, además de ridícula, la vieron metida con calzador solo para cubrir la cuota asiática, fue para los woke otra prueba más de que los seguidores de Star Wars eran más peligrosos que el emperador Palpatine con resaca.

El propio Boyega, que se convertiría en un activísimo-activista del Black Lives Matter, vio también motivos raciales detrás de lo que él consideraba un ninguneo de su personaje «Sacan un personaje negro, lo venden como importante y luego lo apartan», se indignó. Luego también se quejó amargamente de que Hollywood le ofreciera pocos papeles. Sales en el blockbuster del año y lo pones a parir por racista. Y te dejan de llamar. Chico, no sé qué pudo pasar.

No hay gays en las fuerzas rebeldes

A pesar de los esfuerzos de Disney, los propios justicieros woke no se quedaron tranquilos, como buenos integristas de lo suyo que nunca están saciados. Aparte de Boyega, que se iba desgañitando en las manifestaciones BLM, el sector más queer del fandom galáctico se ofendió porque habían fantaseado con un romance gay interracial en la nueva trilogía entre Poe y Finn, y este no se había producido, maldita homofobia. El actor que encarna al personaje de Poe (Oscar Isaac), otro cruzado de la causa, echó más leña al fuego:

Personalmente, yo esperaba y deseaba que esa relación llegara más lejos, pero yo no tengo el control. Parecía una progresión natural pero, tristemente, es una época en la que la gente tiene miedo de… no sé de qué. Pero, si hubieran sido novios, eso sería divertido. [Finn y Poe] siempre han tenido una relación amorosa y abierta en la que no sería muy raro si fueran más allá.

¿Dónde está una Estrella de la Muerte cuando se la necesita?

La música de John Williams es supremacista

Los talibanes woke no se la pasaron ni al alma musical de la saga. El artículo de The Washington Post «Cómo Star Wars refuerza nuestros prejuicios» acusaba a John Williams de perpetuar el supremacismo occidental. «La música de Williams —apuntaba el artículo— asocia a los “chicos buenos” con el estilo de la gran orquesta de los románticos europeos, mientras que los temas para los “malos” se expresan en vocabulario musical de China, la India y Oriente Medio».

Como ejemplo, el articulista —un tipo de la Universidad de Stanford de origen asiático— se refería a una de las piezas más populares de las bandas sonoras galácticas, Duel of the Fates, cuyas letras en sánscrito, «un lenguaje sagrado de la India», se asociaban al malvado Darth Maul que era más feo que un dolor. Queremos decir que era de belleza no heteronormativa, no sea que se nos ofenda algún zabrak dathomiriano.

Por supuesto, de la Marcha Imperial en honor a Darth Vader, compuesta en la gloriosa tradición posromántica europea, que es el tema del villano principal, el artículo de The Washington Post no dice ni pío.

Simon Pegg y los fans tóxicos

Con este historial es normal que Star Wars no esté bien vista del todo, especialmente por los virtuosos de nuestro tiempo. El actor Simon Pegg, que dicho sea de paso, es parte interesada porque tiene un papel en las nuevas películas de Star Trek, considera a los aficionados de la saga de Lucas los «más tóxicos» de todos. Lo dijo en un podcast que lo lanzó directamente a las tendencias de Twitter. Por el contrario, a los trekkies los vio mucho más «agradables, abiertos e inclusivos».

Pegg recordó arrepentido cómo, antes de ser un converso woke, despellejaba a Jar Jar Binks, el personaje más odiado del universo Star Wars, sin saber que el actor que ponía su cuerpo para que luego lo sustituyeran los efectos digitales dijo que se planteó el suicidio porque los fans lo detestaban y él sufría mucho. Y sí, como ya sospecha usted, hábil lector, la única atención mediática que ha recibido este desconocido señor en 25 años es por haber dicho que quiso suicidarse porque sufría con tanto odio de los fans.

La guerra cultural de las galaxias

Con Pegg, la lucha entre las dos aficiones galácticas llegaba por fin a la gran confrontación de nuestros tiempos: la guerra cultural. Imagínese una batalla espacial con el Halcón Milenario, los destructores espaciales del Imperio, el Enterprise y la flota Klingon, zurrándose todos de lo lindo. Pues más o menos así estaba el tema.

Pegg defendió con vehemencia su franquicia favorita: «La diversidad se encuentra presente en Star Trek desde 1966. No puedes decir, “Oh, de repente se están volviendo woke”. No. Fue woke desde el principio… Es tremendamente progresista». Y es cierto que Star Trek siempre fue progresista. Pero cuando ser progresista no era sentirse un ser superior que consideraba que los que no pensaran igual eran unos fascistas.

Cuando el progresismo no era woke

El Enterprise original contaba con una tripulación de blancos, negros y asiáticos, incluyendo un ruso en plena Guerra Fría. El episodio «La pequeña guerra privada» era una alegoría de la guerra del Vietnam y de la carrera armamentística, pero planteada de forma abierta, dejando al espectador sacar sus propias conclusiones. En otro capítulo, «Los hijastros de Platón», la teniente Uhura (negra) y el capitán Kirk (blanco) se besan. Hacía poco que habían asesinado a Martin Luther King y la Corte Suprema había declarado inconstitucional prohibir los matrimonios interraciales. El tema racial estaba en ebullición. Se pensó en rodar una segunda versión de la escena sin el beso por si acaso no lo aprobaban los ejecutivos de la CBS, pero los actores William Shatner y Nichelle Nichols boicotearon cada toma para que no quedara más remedio que usar la del beso.

Curiosamente, la escena no produjo ningún escándalo y todo fueron felicitaciones. Muchas mujeres, blancas y negras, escribieron a Nichols preguntándole qué se sentía besando a William Shatner, demostrando que el amor interracial tenía un gran futuro. La CBS solo recibió una queja racista, si se le puede llamar queja:

Estoy totalmente en contra de la mezcla de las razas. Sin embargo, si un chico de sangre caliente como el Capitán Kirk tiene a una hermosa dama como Uhura entre sus brazos, no va a resistirse.

Los viejos buenos tiempos

Star Trek, la Nueva Generación (1987-1994) continuó el camino emprendido por su predecesora. De nuevo, planteado de forma abierta e integrado en las tramas. Para empezar, la mítica frase de la introducción «…hasta alcanzar lugares donde ningún hombre ha podido llegar» se cambió por «… hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar». Y mucho antes de que nos dieran la lata con el género, la serie ya hablaba de razas no binarias y sus problemas de integración («The Outcast», «Cogenitor»…). En el film Misión: salvar la Tierra (1987) se incluía un mensaje ecologista en favor de las ballenas jorobadas. Si lo hubieran hecho ahora, Greta Thunberg fijo que habría tenido un cameo, aunque no sabemos si como niña terrícola o bicho marciano.

Sin postureo adanista ni publicitarlo a los cuatro vientos, Star Trek: Espacio profundo 9 (1993-1999) tuvo a su primer capitán negro (Benjamin Sisko), Star Trek: Voyager (1995-2001), a su primera capitana (Kathryn Janeway) y no renunció a mujeres tan capaces como macizas como Deanna Troi, la vulcaniana T’Pol y la humana asimilada por los borg Siete de Nueve, iconos eróticos de una época en que una mujer podía serlo tranquilamente sin que se hablara de la cultura de la violación.

Woke, la última frontera

Pero Star Trek tenía que llegar hasta la última frontera del progresismo, donde nadie, hombre, mujer o trans se había atrevido a llegar: la galaxia woke. Y viendo los resultados, casi hubiera sido mejor que a la franquicia le hubieran pasado por encima las 24 casas klingons una detrás de otra hasta no dejar ni las orejas de Spock.

Las nuevas Star Trek: Discovery, Star Trek: Picard y Star Trek: Strange New Worlds han ido sucumbiendo al nuevo progresismo posmoderno, provocando las iras de buena parte de ese fandom trekkie que Simon Pegg consideraba «agradables, abiertos e inclusivos», y que parece que no están por la labor de ver cómo su serie de toda la vida se convierte en una jarana woke que ellos no han pedido.

El listado de moderneces daría para otro artículo pero seremos piadosos. La capitana en Discovery es una mujer negra (con nombre masculino), Michael Burnham. Si usted pone en google «Michael Burnham Mary Sue» le saldrán un millón y medio de resultados. Lo que le puede dar una idea de lo que muchos fans piensan de esta hiperempoderada mujer que siempre tiene razón, es la más lista del espacio (en dura pugna con Rey Skywalker Palpatine) y ha conseguido que una serie famosa por su espíritu coral gire casi en torno a un solo personaje porque ella lo vale. Ni el súper macho alfa del capitán Kirk llegó a tanto.

LGTBI en el espacio

La tripulación de la nave ha ido creciendo en diversidad e inclusividad hasta lograr casi el pleno al quince LGTBI en la cuarta temporada de Discovery, la más woke de todas, con mujeres poderosas everywhere, personajes gays, lesbianas, transgénero y no binarios.

Star Trek siempre hizo de dar visibilidad a las comunidades infrarrepresentadas una misión porque cree en mostrar a la gente que un futuro sin división en función de razas, género, identidad de género u orientación sexual está completamente a nuestro alcance

La frase es de la showrunner actual de Star Trek, Michelle Paradise, lesbiana y activista LGTBI que se lo está pasando en grande con la serie, llenándola de diversidad y llevando a la comunidad queer al espacio. Por no faltar, ni siquiera falta un capítulo en el que hay personajes que deciden sus pronombres, una moda del siglo XXI que se ve que ha triunfado en el futuro.

El enemigo no son los Klingons, es Trump

Por mucho que Simon Pegg diga que Star trek siempre ha sido woke, nunca lo fue. Invitaba al espectador a pensar y sacar sus propias conclusiones y ese no es el modo de proceder de las nuevas generaciones de justicieros sociales. Y la franquicia tampoco tomaba partido claramente por una de las opciones políticas de Estados Unidos, como hace ahora con el mayor descaro. Y la opción política favorita de Star Trek está clara, es la que acaudilla la causa woke y la que odia a Donald Trump: el Partido Demócrata.

En el primer episodio de Star Trek: Strange New Worlds, el capitán Pike intenta convencer a una raza extraterrestre de que no cometa los mismos errores de la Tierra. Y les habla de la Tercera Guerra Mundial que provocó… el asalto al Capitolio en 2021. Muy sutil. Ya puestos, el capitán Pike podría haber declarado en las sesiones de la comisión del Senado que investiga los ataques al Capitolio, donde no habría desentonado con la película que le están montando los demócratas a Trump.

La presidenta de la Tierra Unida será demócrata

Al final de la cuarta temporada de Discovery aparece la presidenta de la Tierra Unida, que resulta ser Stacey Abrams. Ya es casualidad que entre todos los cameos posibles hayan elegido a la candidata demócrata a gobernadora por Georgia, que, más casualidad aún, es la que se enfrentó a Trump en el Estado de la Unión y que es uno de los nombres que suena para postularse a presidenta en el futuro.

«Hay mucho trabajo por hacer. ¿Estás preparada?», le pregunta la presidenta de la Tierra Unida a Michael Burnham. «Lo estoy. Vamos a ello», le responde la capitana del Discovery. De mujer negra empoderada a mujer negra empoderada. Simon Pegg aplaudiría diciendo que negar el avance progresista de los tiempos es propio de gente tóxica. Pero nosotros tenemos otra teoría: sospechamos que Pegg se convirtió en zombi al final de Shaun of the Dead y ni se ha dado cuenta.

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10 comentarios

  1. Rey Palpatine es con diferencia la peor Mary Sue que he visto en mi vida y la primera a la que logré identificar como tal…a otras las descubrí investigando por Internet (presentes principalmente en sagas de libros como Cazadores de Sombras, (aunque la peor en ese campo es la prota de la saga Crepúsculo según mis indagaciones) no en fanfictions; y una de las más aborrecibles la encontré en una serie de OVAs llamada Digimon Adventure Tri)

    1. Hola, Martín. Veo que le ha dado un buen repaso al blog 😉 Siéntase como en su casa. Y sí, Rey es de lo peor que hemos visto en ese sentido, una Mary Sue de manual.

  2. Ay, señor Kaplan, en esta guerra yo ya tengo bando elegido. Confieso que no he visto un capítulo de Star Trek en mi vida así que me quedo con Star Wars, por muy facha que sea. 😂 Eso sí, me quedo con la trilogía original y con fragmentos de los capítulos I,II y III. Mi nivel de frikismo se queda ahí.😂😂

  3. Hola Señor Kaplan, esperba con ansias su nueva publicación jaja. El nivel de surrealismo que describe en estas líneas ya es preocupante pero lo triste es que es verdad: todas estas movidas ideológicas están destruyendo el cine, el arte en general. Y lo peor es que cuando terminen de destruílo todo van a culpar a la sociedad, acusádola de misógina, machista, racista, homofóbica, etc, etc.

    1. No le quepa duda, amigo Lisandro. Lo destruirán todo y la culpa encima será nuestra. Como cuando llenan sus productos culturales de agenda progre ecofeminista LGTBI, no los ve nadie y la culpa la tenemos nosotros por no verlo. Un saludo.

      1. Un placer leer al Sr. Kaplan por aquí. Se le echa de menos en Twitter. Se ha dejado usted al menos 2 películas de Star Wars: Rogue one, lo único bueno que se ha hecho tras El retorno del jedi; y Solo, que ni siquiera he visto.
        Como buen fan de SW, siempre estaré dispuesto a mirar a los trekkies por encima del hombro, aunque hoy no me quede más remedio que compartir mi frustración con ellos. Un saludo, señor Kaplan, y un beso a su inseparable correctora Merce.

        1. Pensaba que había respondido su amable comentario y por lo visto no le di a enviar respuesta. ¡Los duendes patriarcales siempre hacen de las suyas! Un fuerte abrazo y espero volver más o menos pronto a esa red social que se encuentra a medio camino entre El resplandor y los hermanos Marx.

    1. Parafraseando una frase mítica: un bloguero nunca llega tarde ni pronto, llega exactamente cuando se lo propone. Esto no es un periódico y verás artículos sobre temas que pasaron hace más de cien años 😉

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