El Ministerio de Igualdad es un habitual en Kaplan contra la censura. Nunca decepcionan. Y de un tiempo a esta parte, a medida que se acaba la legislatura, las chicas de Irene Montero están que se salen. Su amigui y mano derecha, Ángela Rodríguez Pam, lo expresó muy gráficamente cuando dijo que, como no sabían cuánto durarían en el Gobierno, tenían «diarrea legislativa». Y vive Dios que acertó plenamente con la escatológica definición. La ley estrella de la legislatura, la llamada ley del solo sí es sí, va camino de convertirse en su mayor deposición política. La ley que, según el Gobierno, figuraría en la vanguardia feminista e iba a proteger más que nunca a las mujeres, de momento lo que está consiguiendo es que le reduzcan la condena a los agresores sexuales. Ni la versión patriarcal de los hermanos Marx habría ideado algo así.

El origen: La Manada de Pamplona

La oficialmente Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual tiene su origen en la polémica primera sentencia de La Manada de Pamplona, que el feminismo usó para manipular a la opinión pública y hacerla creer que vivíamos en una justicia medieval donde cinco depredadores podían violar a una chica y salir de rositas. Que la chica en cuestión se fuera con ellos voluntariamente, entrara en un portal porque no encontraban hotel y jamás dijera que no a nada, abre interrogantes políticamente incorrectos que quedaron de manifiesto en un voto discrepante del tribunal que pedía la absolución, y que el feminismo consideró poco menos que una declaración de guerra total.

En cualquier caso, esa primera sentencia no exculpó a los cinco tipos sino que los condenó a nueve años de cárcel lo que, dicho sea de paso, no nos da ninguna pena. Pero los condenó por abuso y no por agresión (violación), al no encontrar el tribunal violencia ni intimidación sobre la víctima, que se quedó después llorando en un banco, pero básicamente porque uno le había robado el móvil.

«¡No es abuso, es violación!»

El terremoto provocado por las feministas, que se manifestaron como nunca (en todas las manadas que ha habido desde entonces jamás se ha producido una movilización igual tal vez porque son algo menos blancas y españolas), acojonó, perdón, motivó al Tribunal Supremo. Este elevó la pena de cárcel a 15 años dando la razón a las que gritaban día sí y día también «¡No es abuso, es violación!», y abrió la puerta a una nueva ley que evitara interpretaciones en casos como este y unificara los dos delitos en uno, a lo que se puso manos a la obra el nuevo gobierno de izquierdas liderado por el flamante Ministerio de Igualdad de Irene Montero.

Todo el periplo de la que acabaría siendo la futura ley del solo sí es sí daría para un artículo entero pero seremos piadosos y resumiremos. Hubo prisas en el Ministerio de Igualdad por tenerla lista el 8M y no pocas tensiones entre PSOE y Podemos. Pablo Iglesias, entonces feliz vicepresidente segundo, llegó a acusar de «machista frustrado» al ministro de Justicia quien a su vez opinaba que la redacción del nuevo texto legal era farragosa, incoherente y contenía faltas de ortografía. El Consejo General del Poder Judicial llegó a criticar el anteproyecto de la ley por una definición del consentimiento, supuesto eje central, que podía invertir la carga de la prueba y el Ministerio de Igualdad —como hace ahora— se inventaba exigencias del Convenio de Estambul para no cambiar nada, aunque al final tuvo que recular en algunos aspectos. Entre ellos, corrigieron las faltas de ortografía.

Adiós abuso sexual, hola nuevas horquillas penales

Con la ley del solo sí es sí, cualquier acción sexual contra una mujer, desde tocarle el culo en un ascensor sin permiso a una violación grupal a punta de cuchillo, es considerada ahora agresión, cumpliendo la aspiración feminista de que todo es violación y haciendo temblar el principio de proporcionalidad al que servía la distinción entre los dos delitos. Esa unificación, que las feministas también justifican argumentando que lo exigía el famoso Convenio de Estambul (aunque ya le avisamos de que el convenio no especifica nada de eso), alertó a juristas y especialistas. Al adaptar el código penal a la nueva situación (debía abarcar los dos delitos convertidos en uno), podrían darse reducciones de condenas si se aplicaba el principio de retroactividad de la norma penal más favorable ya que se iban a modificar las horquillas penales a la baja.

Pero el Ministerio de Igualdad hizo oídos sordos. Ni siquiera incluyeron una disposición transitoria en la ley para evitar este riesgo. Pa qué. Ellos estaban haciendo historia, convirtiendo en realidad sus eslóganes de facultad, y contaban con una mayoría parlamentària dócil que sacaría adelante la ley gracias a los votos de izquierdas, nacionalistas, independentistas, Ciudadanos y cuatro diputados del PP díscolos o idiotas, o las dos cosas a la vez.

«Propaganda machista»

La ley entró en vigor el 7 de octubre de 2022. Ante las primeras nubes de reducción de condenas que saltaban a los medios de comunicación, la ministra se mostró tajante: «Se generan muchos titulares escandalosos — aseguró Montero— pero todavía no se conoce una sola reducción de penas, y no se va a conocer, es propaganda machista». Era el 2 de noviembre. El iceberg estaba delante.

Once días después, un hombre pasó de ocho a seis años de cárcel tras abusar sexualmente de su hijastra gracias a la nueva norma. En los días siguientes, un condenado por abusos sexuales a menores se libró de cinco años en prisión, y otro que violó a una chica a la que conoció en Tinder vio rebajada en dos años su pena. Y así hasta siete condenados por delitos sexuales. Solo en Madrid hay un centenar más pendientes de revisión. La ley del solo sí es sí, efectivamente, estaba siendo de gran ayuda. Pero no a las mujeres sino a sus agresores. Los caminos contra el Patriarcado son inescrutables.

«Hay jueces que incumplen la ley»

Finalmente, la ley del solo sí es sí resultó que tenía unos agujerillos legales del tamaño de un chalé de Galapagar. ¿Cuál es el siguiente paso que deberían acometer la ministra de Igualdad, su equipo responsable del desaguisado y el partido político al que pertenecen y que queda también en evidencia? Pues está claro: echarle la culpa a los jueces, que son unos machistas de cuidado. ¡Más madera!, exclamaría Irene Montero Marx lanzando el tren a toda velocidad cuesta abajo.

«El problema que tenemos es que hay jueces que están incumpliendo la ley», afirmó sin despeinarse, citando un comité feminista de Naciones Unidas que había avisado que «los estereotipos y el machismo pueden comprometer la imparcialidad y la integridad de los sistemas de justicia». Por supuesto, la norma del solo sí es sí era estupenda y no había que tocar ni una coma. Y que si Naciones Unidas esto, si Naciones Unidas lo otro. Y terror sexual. Mucho terror sexual.

«Fórmense, señores jueces, fórmense»

«Hay una ola reaccionaria de los jueces contra los avances feministas», tuiteó Isabel Serra, cerrando filas con su compañera Montero. Y es que viajar de gorra a Nueva York une mucho. Ángela Rodríguez Pam, la de la diarrea legislativa y otra de la pandi de Nueva York, exclamó indignada: «¿Cómo tenemos la cara de decir que esto es un problema del Ministerio de Igualdad? ¡El problema es de interpretación del código penal!», y terminó exigiendo a los jueces que dieran cursos de feminismo: «Fórmense, señores jueces, fórmense», clamó.

Tras los ataques a los jueces, las reacciones no se han hecho esperar: un comunicado del CGPJ corrigiendo las palabras de Igualdad, tres de las cuatro asociaciones de jueces pidiendo la dimisión de Irene Montero y críticas contundentes de la cuarta, la más progresista y fiel aliada de la ministra. Hasta ahora porque su comunicado no deja dudas:

Que desde el Ministerio de Igualdad no se haya alcanzado a prever esa consecuencia no justifica que se arremeta contra los jueces/zas tachando sus decisiones como «justicia machista».

El Ministerio de Igualdad empezaba a parecerse a aquel del chiste que va por la autopista y escucha en la radio un aviso de la policía alertando de que un loco conduce en sentido contrario, y exclama: «¿Solo uno? ¡Son todos!»

Un poquito de autocensura, por favor

Vicky Rosell, delegada del Gobierno contra la violencia de género y posiblemente una de las madres del invento, seguía negándose a ver algún fallo y se enfrascaba en un laberinto de vericuetos legales para justificarlo. Rosell, también jueza —y antigua portavoz de la asociación progresista de jueces que había criticado la ley— llegaba incluso a pedir a los medios que no informaran de los recursos de los abogados para rebajar condenas. El feminismo bien merece un poco de autocensura. «Yo no haría noticia, porque esto alarma mucho a las mujeres», declaró. Igual lo que alarma a las mujeres es una ley que puede dejar en la calle a los violadores, pero qué sabremos nosotros de esas cosas.

Podemos se ha revuelto como gato panza arriba contra todos. Algunos medios progresistas que no apoyan a Irene Montero sin fisuras como La Ser o El diario.es están a un paso de ser considerados altavoces de la derecha mediática. Hay miembros del partido morado que incluso se dedican a señalar con nombres y apellidos a los jueces que rebajan condenas vinculándolos con el machismo y la corrupción.

Hasta Miguel Lorente se pasa al machismo

Al Ministerio de Igualdad le han salido críticos tan poco sospechosos de ser fachas como Esther Palomera, Nacho Escolar, Joaquim Bosch o el mismísimo Miguel Lorente, que habla de problemas en el «diseño legislativo». Y si un lameculos integral del feminismo, queremos decir, una persona comprometida con la causa feminista como Lorente se pasa al machismo es que no hay nada que hacer.

El PSOE, que en este tema viene quemadito de antes, apoya, pero de aquella manera, a su socio de gobierno, dejando caer que podría retocar la norma en un futuro, que es lo mismo que reconocer que Montero y su panda han hecho una chapuza. Aunque los socialistas bien que la votaron y la aplaudieron cuando se aprobó en el Congreso. Eso sí fue una mamada con consentimiento.

«Cacería reaccionaria»

La batalla alcanza, obviamente, al marido de Irene Montero, Pablo Iglesias, que desde su podcast se ceba con todo el que critica a su mujer, con especial cariño a Yolanda Díaz, de la que dice que se ha puesto de perfil, lo que el ex líder de Podemos califica de «miserable, cobarde y políticamente estúpido». La verdad es que tiene su lógica. Díaz está en plena efervescencia progre con su nueva formación Sumar y no quiere saber nada del tema, no sea que le salpique la diarrea legislativa de Podemos.

Pablo Echenique es el Davy Crockett de este peculiar Álamo podemita. Imagínenselo en lo alto de la misión texana en su silla de ruedas, con mirada decidida oteando el horizonte en busca de fachas mientras suena el Degüello. Lleva unos días dándolo todo en Twitter y hablando de «cacería reaccionaria» contra los avances feministas de Podemos, en general, y contra Irene Montero, en particular. No ha dudado en insinuar que los jueces machistas están prevaricando al saltarse la ley del solo sí es sí y ha recomendado la opinión de magistrados independientes que defienden la norma. Magistrados como José Antonio Martín Pallín, que es tan independiente que participa en actos públicos de Podemos.

En las manos del Supremo

Echenique es el ejemplo perfecto de la histeria creciente que rodea a su partido, al que la huida hacia adelante del Solo sí es sí está dejando cada vez más aislado. Y eso que ya lo estaba antes. Aún así, el portavoz parlamentario de Podemos habla de un futuro esplendoroso cuando pase esta ola fascistoide:

Como siempre ha ocurrido con los avances feministas, la tormenta reaccionaria pasará, la consolidación de derechos quedará, el reconocimiento internacional será indiscutible…

Si le reducen la condena a alguno de La Manada, que ya la ha solicitado, el avance feminista, la consolidación de derechos y el reconocimiento internacional desde luego que va a ser espectacular.

La única esperanza para que la ley del solo sí es sí no pase a la historia como un desastre está en el Supremo que tendrá la última palabra. ¿Aceptará los postulados jurídicos de Igualdad? ¿Hará encaje de bolillos para que no se reduzcan las condenas? ¿Pasará de puntillas por la polémica? ¿Volverá a apuntalar el feminismo salvando su ley estrella? Lo hizo ya con La Manada y cuando zanjó que una agresión mutua entre un hombre y una mujer era siempre violencia de género, aunque comenzara ella. No hay dos sin tres bajadas de calzones, dicen. O eso o acabarán en la lista machista del Ministerio de igualdad junto al 99% del resto del mundo.

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3 comentarios

  1. Menudo caso surrealista. Todo Podemos huyendo hacia adelante, con declaraciones cada vez peores. Si hubiera salido Montero el primer día reconociendo que se habían equivocado, que la ley tenía fallos y que los iban a solucionar se habría evitado todo este bochorno. Pero no, ellos siguen. Mire usted si su ley estrella es la que trae la ruptura del gobierno… Yo ya me espero cualquier cosa.

  2. Hola Señor Kaplan, ¿como le va?. Espero que bien, jaja. Más allá del surrealismo propio de la izquierda, no entiendo porqué la nueva ley reduce las condenas de los agresores.

  3. Hay algo en todo esto que me hace pensar en que se la han metido doblada a Podemos. Gente como Rossell tenía que saber de sobras lo que iba a pasar. Y las caras de Irene y su inseparable “Pam” no son fingidas. No lo esperaban. Aquí alguien ha pagado a alguien en una especie que desconocemos, pero ya nos enteraremos, como cuando Marlaska “traicionó” al PP y se cargó la doctrina Parot, para acabar dorprendentemente en el CGPJ a propuesta del propio PP. ¿Quién sabe los apoyos que encumbrarán en el futuro a la nueva Judas?

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