Doctor Woke

La bestia estelar, el especial del 60 aniversario de Doctor Who, fue un acontecimiento. Supuso el retorno del padre de la era moderna, el guionista y showrunner Russell T. Davies, el regreso de uno de sus rostros más populares, el actor David Tennant y, por la cuenta que nos trae, el abrazo del oso a la causa woke de esta serie de la BBC que ahora apadrina Disney+. La etiqueta #RIPDoctorWho se extendió por Twitter como la pólvora viendo lo visto en un capítulo en el que un personaje trans salvaba el planeta por ser trans, le preguntaban sus pronombres personales a un extraterrestre y, en un sonrojante momento feminista de esos que se llevan ahora, se ensalzaba a las mujeres a costa de dejar a los hombres a la altura del betún (si hubiera sido al revés ya vería usted qué risas).

Doctor Who y los guionistas de izquierdas

Lo cierto es que la serie clásica siempre tuvo fama de progresista, pero en el sentido de aquellos años que poco tienen que ver con el rodillo intolerante del wokismo actual y sí con guionistas comprometidos de izquierdas que, como suele pasar con la ciencia ficción, colaban sus mensajes sociales disfrazados de aventuras espaciales, generalmente apelando de forma simbólica a la libertad, la igualdad y la fraternidad, con críticas más o menos disimuladas al capitalismo o al imperialismo, y veladas referencias a su actualidad como la integración del Reino Unido en la Comunidad Económica Europea, las huelgas de mineros o incluso la propia Margaret Thatcher, ridiculizada y caricaturizada en la forma de un tirano galáctico.

Aún así, el progresista Doctor Who clásico no se ha salvado de las críticas del progresismo actual que mira el pasado haciéndose cruces y al que todo le parece un oprobio terrible. En general, a las acompañantes femeninas del Doctor se las ha visto demasiado dependientes y sumisas a pesar de su valentía y, con el paso de los años, su compromiso con el feminismo de su tiempo (que no del nuestro). A otras incluso se las ha llegado a considerar demasiado sexualizadas, como Leela, Peri o Zoe. Katy Manning, que interpretó a Jo, la tercera acompañante del Doctor, posó desnuda en una revista junto a un Dalek, un acto de libertad sexual —la idea fue suya— que ahora sería impensable. A eso hay que añadir la falta de diversidad en una serie que en cuarenta años no tuvo una encarnación que no fuera un señoro blanco.

Doctor Who pre Woke
“The Mind Robber” (1968). El culo de Zoe (Wendy Padbury) impresionó casi tanto como los Daleks. En nuestra época habría ardido Twitter y el Ministerio de Igualdad.

Diez años de espectáculo para todos los públicos

La etapa moderna ha sabido mantenerse en una relativa neutralidad general, con un discurso de fondo progresista en un sentido bastante genérico (en contra de las guerras y de la tiranía y a favor de la paz y de la democracia, por ejemplo) con el que habría que ser muy nazi para no coincidir. Y siempre planteado de forma indirecta, sin imponer nada al espectador y dejándole libertad para tomar o no partido. Así se podía disfrutar perfectamente de las aventuras del Doctor sin caer en la cuenta de sus aspectos ideológicos, cuando los había, y que nunca interfirieron el desarrollo de las tramas.

Tras Russell T. Davies se encargó de la serie otro monstruo de la televisión actual, Steven Moffat, a punto de triunfar también con Sherlock y aún lejos de dar vergüenza ajena con Drácula. Diez temporadas entre los dos y cuatro encarnaciones del señor del tiempo (con cuatro actores diferentes) que hicieron de Doctor Who un exitoso serial lleno de conspiraciones extraterrestres, actualizando la galería de villanos clásicos —tan entrañables como cutres— al siglo XXI y aportando buenos personajes secundarios como Rose Tyler, Martha Jones (la primera acompañante negra), Donna Noble, Amy Pond (demasiado sexy para los padres más conservadores, demasiado sexualizada para las feministas más radicales), Clara Oswald, River Song o Jack Harkness (estos dos últimos bisexuales, cosa que a nadie le importó).

El Doctor Who contra el test de Bechdel

Pero mientras la mayoría de los espectadores disfrutaban de su Doctor Who, los tentáculos woke se iban extendiendo lentamente como le ha pasado a muchos productos similares. Las feministas no dejaban de mirar con suspicacia la serie sometiéndola capítulo a capítulo al test de Bechdel para ver si superaba su prueba de machismo y alertando cuando consideraba que el sexismo crecía y no representaba a las mujeres como ellas querían.

El asunto con el test se convirtió en una broma interna de la serie hasta el punto de que llegaron a sacar una historia que lo parodiaba en su título: El test de Bekdel, protagonizado por dos mujeres que tampoco pasaban el test porque hablaban todo el rato del Doctor Who.

Las feministas escudriñaron capítulo a capítulo Doctor Who con su test de Bechdel para ver si la presencia femenina en la serie no caía en estereotipos machistas.

Y el Doctor se hizo mujer

En 2017, al concluir la décima temporada y con la imaginación de Moffat completamente exprimida, la BBC dio el salto a los confines del universo woke con un nuevo showrunner, Chris Chibnall, y con él la primera doctora de la historia, Jodie Whittaker. Con el gender swap (cambio de sexo de personajes populares masculinos a femeninos) convertido en la moda del momento para empoderar y visibilizar a las mujeres, el Doctor era un candidato ideal: solo se tenía que regenerar en un cuerpo de mujer.

Que la BBC sucumbiera tan descaradamente al oportunismo político con una serie que siempre habían protagonizado hombres en vez de, si tanta ilusión les hacía, crear otro producto similar protagonizado por una mujer fue criticado por algunos medios británicos y respondido inmediatamente por el bando mediático progresista que —usando el comodín que nunca falla— tachó cualquier comentario reprobatorio de «reacciones machistas» ante los imparables avances de la historia y de la igualdad.

La Doctora Who, apoteosis y desastre

Con Chibnall la serie se despeñó por el barranco de la corrección política, ya sin frenos, llenándola de mujeres empoderadas, masculinidad tóxica, inclusión, diversidad, tramas educativas y episodios bastante aburridos. Aunque la novedad de tener una mujer protagonista llamó mucho la atención y la prensa celebró que la primera temporada fuera «un éxito masivo» que le daba a la serie «sus mejores datos de audiencia desde 2010», lo cierto es que había trampa y cartón en estas afirmaciones: la media de audiencia de la temporada fue muy alta debido a los casi once millones de espectadores que vieron su primer capítulo y que no se volvieron a alcanzar jamás.

En realidad, la primera temporada acabó con 6,65 millones de espectadores. La segunda con 4,69 y la tercera con 4,64. Un desastre que hacía mucho que no se veía. Ex-ter-mi-nar. El showrunner a la calle y la primera doctora, regenerada en el machirulo de David Tennant.

¡Más wokismo, es la guerra!

Con decisiones sobre el canon whoviano bastante polémicas, tramas soporíferas y una pandemia mundial por medio, los problemas de esta etapa no se deben solo a haberse entregado a la corrección política, aunque lo curioso es que para explicar este Get Woke, Go Broke de manual —obviamente mucho menos cacareado por la prensa que el histórico éxito inicial— el mundo woke se ha justificado diciendo que la audiencia no ha respondido porque el problema de la serie es que no era… ¡lo suficientemente woke!

Así es, amigo lector. Que salga un racista espacial que quiere matar a Rosa Parks desvía la atención del auténtico problema: el racismo estructural. Poner a una compañera lesbiana y no desarrollar una relación romántica con la Doctora es una ocasión desaprovechada. Que al villano más importante lo interprete un actor hindú no tiene valor si la Doctora lo derrota entregándoselo a los nazis en un acto de supremacismo blanco. E incluir a una nueva doctora negra no es tan fantástico si esta pertenece a un grupo que cometió actos terroristas, ya que con eso se fomenta el estereotipo del negro criminal. La lista de agravios woke es tan infinita como el Rostro de Boe y queda claro que es imposible contentar a esta gente a menos que se haga un panfleto total. Que por supuesto tampoco verían porque lo que menos les interesa es la serie.

Por si no hubiera bastante con una, se sacaron de la manga otra doctora. Y negra. Inclusión, empoderamiento y diversidad a tope. Doctor Who «hace historia» dijo la prensa. «¡Dadle un spin-off!», aseguraba que reclamaban los fans. Pero con los índices de audiencia bajo mínimos estaba claro: la mayoría del público pasó olímpicamente.

Un futuro que no conoce ni el Doctor Who

Posiblemente sea este runrún de descontento progre el que ha hecho a Russell T. Davies ir con pies de plomo en su regreso. De ahí que su primer capítulo haya sido un paroxismo woke reivindicando los géneros no binarios —«mostrar la importancia de las luchas trans», dice él— y humillando al doctor por haberse vuelto a regenerar en un hombre, no sea que las feministas se le echen encima. En el horizonte inmediato nos espera el primer Doctor negro que encarnará Ncuti Gatwa. Esperemos que no sea un Black Lives Matter in the TARDIS.

¿Podrá remontar la serie con el retorno del gran showrunner? ¿Corregirá el rumbo devolviendo al Doctor a la senda de las aventuras para todos, o esto es solo el principio de la caída a las profundidades de la sima woke? Si es así, al final el público no politizado va a empatizar más con los Daleks, los Cybermen o los Ángeles llorones, que al menos pasan de temas ideológicos y van a lo suyo que es acabar con la humanidad. El futuro es más incierto que los enrevesados arcos narrativos de Steven Moffat.

Precisamente, hace unos años, cuando dejó definitivamente la TARDIS, Moffat aseguró que Doctor Who no era «una serie exclusivamente para liberales progresistas; es también para los que votaron el Brexit. Tenemos que mantener a todos a bordo». De momento, preguntándole a un alien sus pronombres personales, ya han echado a la mitad.

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6 comentarios

  1. Ya sabe usted que no he visto ni un capítulo de esta serie, pero también sabe que hoy día nadie se libra de un wokismo que solo pide quien luego no consume el producto. Pero ellos insisten una y otra vez.

  2. Hola Señor Kaplan, mientras la humanidad se cae a pedazos se ponen a discutir estas payasadas ¿o será que esto es una muestra de que la humanidad se está cayendo a pedazos?.

  3. Totalmente de acuerdo, he visto todos los especiales y los ataques feministas sin sentido hacia el doctor (David Tenant) son una aberración feminista. Inclusión sin sentido e innecesaria. Estoy harto de esta basura que arruinó a Toy story, el MCU, Doctor Who y todo lo que toca esta ideología barata de mujeres rabiosas que no han sufrido un abuso, ni discriminación, ni buscandolo por su propia cuenta. Verguenza debería darlas demostrar el mismo maltrato que dicen que quieren combatir.
    Yo soy igualitarista, jamás me identificaré como feminista, ni machista, ni mierdas creadas por el hombre/mujer.

    Con todo esto #RIPDoctorwho lo he pasado muy bien hasta la llegada de jodie whittaker y medio disfrutado los especiales de David Tennant como 14 Doctor, pero ya no aguanto más basura feminksta ni discapacitadas que fingen serlo, el elle de los huevos o el binario, no binario y el “tribinario fásico multicolor antinjusticia machista super especial”, hasta las pelotas, que lo paseis muy bien feministas no viendo la basura que habéis provocado y le deseo a Russel T. Davis un fracaso estrepitoso por permitir todo esto.

    1. Los otros dos especiales de Navidad son menos woke (si exceptuamos, claro, los “detalles” de poner a un Isaac Newton negro e insinuar que la orientación sexual del Doctor es gay). Veremos qué nos depara el futuro.

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