Asesinato Charlie Kirk

Charlie Kirk era un controvertido y carismático comunicador próximo a Donald Trump, socarrón pero educado, con una fe inquebrantable en la libertad de expresión, sobre todo con personas que no pensaran como él, cosa que cada vez se ve menos. Por eso le gustaba jugar en campo contrario visitando los ideologizados y lobotomizantes campus universitarios de Estados Unidos retando a quien quisiera a debatir con él y demostrar que estaba equivocado. Siempre con una sonrisa y sin alzar la voz. Y con chaleco de balas por si acaso, aunque esta vez no le ayudó.

Y no es que este muchacho de Illinois fuera el orador más brillante, pero sí era Einstein al lado de chicos, chicas y chiques con el seso sorbido por el wokismo a los que desmontaba fácilmente sus consignas, aunque alguna intentara ganar el debate a la desesperada sacándose una teta. Era un clásico cuando Kirk preguntaba qué era una mujer provocando un cortocircuito en sus interlocutores, un poco como a Irene Montero, incapaces de responder simplemente «una persona de sexo femenino».

Otra vez el doble rasero de la izquierda

Pero el asesinato de Kirk no estaría en este museo del surrealismo humano que es Kaplan contra la censura si no fuera por las reacciones que ha provocado en el progresismo, para el que un delincuente politoxicómano y violento como George Floyd es un santo y, en cambio, Charlie Kirk, que lo único que hacía era debatir y regalar gorras, un nazi cuya muerte no ha venido mal del todo. Tampoco es que nos sorprenda ese doble rasero. A finales de agosto una refugiada ucraniana de 23 años fue asesinada en el metro de Nueva York por un delincuente negro en un vagón lleno de personas negras que no hicieron nada. No vimos a un solo progresista quejarse. Si hubiera sido una mujer negra acuchillada por un blanco en un vagón lleno de blancos indolentes, no le quepa duda de que tendríamos un Black Lives Matter 2 a lo grande.

«Charlie Kirk, el influencer de la ultraderecha cercano a Trump asesinado a tiros en Utah» titulaba Radio Televisión Española. «Charlie Kirk, el defensor de las armas que murió de un balazo», resaltaba La Vanguardia haciendo un chascarrillo macabro con la ironía del asunto. «Lo que tenemos son los discursos de violencia que se siembran a un lado y se recogen a los dos», comentaba sin inmutarse Javier Ruiz en Mañaneros equilibrando la balanza a su manera. Estaba claro que no les caía muy bien.

«Era un hombre realmente despreciable»

En una de las coberturas más descaradas de los últimos años, la Cadena SER definía a Kirk como un «activista ultraconservador», que debatía «acaloradamente y de forma provocadora» a pesar de que Kirk era famoso por debatir con calma dejando hablar a todo el mundo. Bajo la experta y sectaria batuta de Àngels Barceló, la crónica se desvió no a una reflexión del horror que supone silenciar a tiros al que piensa diferente, el fascismo puro y duro a fin de cuentas, sino al rédito político que Trump podría obtener. Tras Barceló, el opinólogo Ignasi Guardans lo dejó claro: «Él [Trump] está detrás de la violencia que ha llevado hasta esto. Este fascista al que han matado… que no hay que matar fascistas pero eso no les dignifica la muerte…. Era un hombre realmente despreciable». Canela fina el nieto de Francesc Cambó.

Mientras los medios progresistas se llenaban de crónicas demonizando al muerto aún de cuerpo presente, las redes empezaban a inundarse de gente celebrando el asesinato del influencer conservador. El primero de ellos, en pleno campus, nada más ser tiroteado. Algunos emprendedores llegaron a hacer camisetas en tiempo récord que puede adquirir online por 22,99 dólares más gastos de envío. En El Intermedio, Guillermo Fésser resumía de aquella manera los inicios del activismo de Kirk: «Cuando vio un negro en la Casa Blanca dijo: «Hasta aquí hemos llegado»». Pedro Vallín, la prueba, en feliz definición de Alberto Olmos, de que leer no te hace mejor persona, justificó la muerte de Kirk: él disparaba con palabras y al final le dispararon a él una bala. Empate.

Bulos para justificar la demonización de Charlie Kirk

Guardans, al que tras coronarse en la SER le dijeron de todo en X, se ha intentado justificar en un ejemplo de libro de aquello del tonto y la linde. No creemos que supiera ni quién era el asesinado hasta antes de hablar de él en la radio, y nos lo imaginamos buscando como un loco cualquier frase en la red que justificara llamarlo «fascista y promotor del neofascismo» o «desgraciado apologeta de la violencia». Por supuesto, encontró muchas frases. Las estaban citando todos los que odiaban a Kirk, claro que descontextualizadas para expresar mensajes distorsionados y falsos. Unos bulos en toda regla dignos de estos seres superiores que tanto dicen odiar las mentiras y la desinformación de la ultraderecha.

Dos de esos bulos más difundidos hacen referencia a que Kirk dijo que los negros estaban mejor en la esclavitud y que citó la Biblia para justificar matar a pedradas a los gays. El primer caso desfigura un amplio debate de Kirk con una mujer sobre las tasas de criminalidad y la situación de la América negra en el último medio siglo. En el segundo, respondía a alguien que citaba el Levítico para justificar el Orgullo LGTB. Kirk respondía citando otra parte del Levítico —«El que se acueste con otro hombre será lapidado hasta morir»— para demostrar que aquello no había sido un buen argumento.

Conservador y religioso pero no fascista

Hasta Maldita.es ha tenido que reconocer la manipulación torticera de las palabras del influencer. Si no quiere entrar en el enlace de Maldita.es que hemos puesto para leer sus habituales sí pero no pero sí, cosa que entendemos perfectamente, también puede ver este vídeo de Kirk hablando con una madre negra o este otro con un joven gay conservador. Y si ve racismo u homofobia en ellos solo hay una explicación posible: usted es Ignasi Guardans.

Y es que Kirk, por muy polémico, religioso, antiabortista y tradicional que fuera, no era un nazi por mucho que el progresismo cruce los dedos deseándolo. Era un tipo al que muchos de sus hipotéticos adversarios respetaban, un tibio al lado de, pongamos por caso, Candace Owens, que compartió escenario con él durante años y que ha acabado espantando al conservadurismo yanqui arrebatando a la mismísima Greta Thunberg, lo que sin duda tiene mérito, el premio a la Antisemita del Año. Owens está ahora mismo a un paso de los cabezas rapadas de Vanguard America, a otro de la pro Hamás Podemos y a otro de los terraplanistas. Y no está a otro del Ku Klux Klan porque es negra.

La pacífica Bluesky quiere más sangre

Tras el asesinato del comunicador, ese remanso de buenos sentimientos que es Bluesky se vino arriba. No solo celebraban la muerte del fascista Kirk sino que, así espontáneamente, se empezaron a proponer nuevos nombres para ser quitados de enmedio, entre ellos, JK Rowling, Elon Musk o Donald Trump, a ver si a la tercera va la vencida. No está mal para una red social que se llenó de pacíficos exiliados izquierdistas hartos del ambiente tóxico y de la violencia ultra que había en Twitter.

La hipocresía progre es tal que, cuando se detuvo al sospechoso del asesinato, Tyler Robinson, les faltó tiempo para señalar que no era negro ni trans ni inmigrante, sino un respetable chico blanco de buena familia republicana aficionado a las armas de fuego. El debate se trasladó entonces a la legalización de las armas en Estados Unidos, otro típico caballo de batalla progresista, de nuevo, quitando hierro al detalle de que habían asesinado a un hombre solo por sus ideas incómodas.

En realidad Robinson hacía algún tiempo que había dejado de ser un buen chico republicano. Se había radicalizado en chats woke de Discord y en la Universidad, donde se había echado un novio trans. Muchos medios prefirieron destacar que se había disfrazado de Trump en Halloween, como si eso explicara algo. La cuenta de X de la antifa Anonymous, con cinco millones de seguidores, tuiteó una foto fake del acusado con una camiseta de Trump que se hizo viral. Poco después, Anonymous publicó otra foto con la misma imagen alterada junto a la original achacando la difusión previa del bulo a las cuentas derechistas. ¿Troleo? ¿Disimulo tras la pillada? Vaya usted a saber pero lo cierto es que miles de personas la siguen dando por buena.

Obviamente, la culpa es de Donald Trump

En última instancia, la culpa de todo parece ser de Donald Trump y el clima de violencia política del que él y los suyos tienen toda la culpa. O así lo entendería cualquiera que solo se informara en los medios del establishment progresista. Trump, fiel a su estilo pirómano y admirador del finado, había acusado a la izquierda radical del asesinato (algo de razón tiene, la verdad). Esta, a su vez, considera que el líder yanqui va a por ellos, sin hacer la más mínima autocrítica a un ambiente de crispación y deshumanización que llevan años promoviendo con eso de que toda opinión que no les guste es un discurso de odio.

«Trump convierte el asesinato de Charlie Kirk en casus belli contra el progresismo de todo el mundo», anunciaba La Sexta. «A pesar de sus numerosos discursos racistas, machistas y homófobos, Charlie Kirk es ahora para ellos un mártir político. Su asesinato a sangre fría ha servido a la derecha mundial para clamar venganza», escriben bajo el cintillo «la izquierda, chivo expiatorio». Desde El País, Sergio del Molino habla de «Fox News y la cacería vengativa del trumpismo», temiendo «lo que viene» y reprochando que la cadena derechista publique mensajes de ciudadanos estadounidenses celebrando la muerte de Kirk, que define como «un atentado abominable que nadie ha organizado, fruto de una violencia fortuita y espontánea». La violencia estructural y transversal se la dejamos a la derecha y al capitalismo.

Ha nacido un símbolo a pesar de la izquierda

Con Estados Unidos más fracturado que nunca, el asesinato de Charlie Kirk, que dicho sea de paso ha provocado cero altercados públicos en las calles (igualito que los antifas y el BLM, vamos), ha servido, como se temía La Sexta, para crear un símbolo. Sus vídeos, como este en el que demuestra su sentido del humor riéndose con la crítica que le hicieron en South Park, están circulando por las redes sociales a velocidad de vértigo dándole a conocer a una audiencia masiva que no sabía que existía y que seguramente va a ver opiniones controvertidas, trasnochadas o contracorriente en estos tiempos que corren, pero no el monstruo nazi que la izquierda quiere presentar.

Por cierto, Comedy Central ha retirado el episodio de South Park en el que se reían de Kirk. Si a eso le sumamos los despidos de algunos tarados que celebraron su muerte, que Trump quiere retirar los visados de los extranjeros que glorificaron o se mofaron del homicidio y que han cancelado el programa de Jimmy Kimmel por ofender a los republicanos, podríamos concluir que a la libertad de expresión no solo la acosa la izquierda totalitaria sino el bando que se supone vino a liberarnos del yugo woke. Algo que, sin duda, entristecería a Charlie Kirk.

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5 comentarios

  1. Estupenda entrada.
    Confieso que conocía a Kirk lo mismo que Guardans y la mayoría de los españoles: nada. Por lo que he leído ahora me parece que era un tipo interesante: defendía sus ideas debatiendo, rebatiendo y razonando (al contrario que mostrencos de su cuerda como Abascal, Milei o Trump). En esto me recuerda al primer Pablo Iglesias, el que debatía.
    Pero lo más preocupante, creo yo , está en el último párrafo.
    Un saludo

    1. Muchas gracias, Valentín. Si quiere indagar en ese preocupante último párrafo, le recomiendo que le eche un ojo —si no lo ha hecho ya— al vídeo del dinamitero Soto Ivars sobre la cancelación de Kimmel. Oro molido. Un saludo.

      1. Sí, claro que lo he visto. Como oí una vez, me dan ganas de apuntarme a Disney+ solo para poder borrarme..
        En la misma linea, yo no soy mucho de apostar, pero si tuviera que hacerlo, apostaría a qué Pedro Delgado la próxima temporada ya no comenta el ciclismo en TVE.

  2. Da miedo el punto al que estamos llegando, donde matan a alguien por expresar sus ideas y los que no piensan igual lo celebran. Así se llegará a la autocensura. Por no hablar de la cancelaciones de uno y otro lado, han matado la libertad de expresión.

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