Barbie Gaza

Ni siquiera la idea de una flotilla a Gaza es original. Desde hace quince años ha habido unas cuantas, eso sí, con menos barcos. En 2010, la Gaza Freedom Flotilla terminó con nueve activistas muertos tras un violento enfrentamiento al ser interceptados por los israelíes. Como si fueran secuelas de una película de serie B, las Freedom Flotilla II y Freedom Flotilla III tampoco lograron romper el bloqueo marítimo de Israel, y lo mismo le pasó en 2016 al Women’s Boat to Gaza formado solo por mujeres, en una proeza feminista contra el patriarcado sionista que se adelantó a su tiempo. Imagínenla ahora capitaneada por la actriz negra de Blancanieves y con Cristina Fallarás a bordo cantando Ron, ron, ron, la botella de ron.

Entre 2018 y 2025 otros barcos intentaron alcanzar sin éxito las costas de Gaza. En uno de ellos, en junio de 2025, apresaron a Greta Thunberg que a esas alturas ya había cambiado el cambio climático por la kufiya pero con la misma cara de acelga amargada. La asperger sueca se quedó con ganas de mambo y se uniría pronto a una nueva misión que dos meses después partiría del puerto de Barcelona: la Global Sumud Flotilla y que, como ha intuido, es la protagonista de nuestra historia.

Una flotilla apolítica llena de activistas políticos

Según su página web «somos independientes, internacionales y no estamos afiliados a ningún gobierno o partido político». Naranjas de la China. A bordo de los barcos se encontraban, Greta aparte, una florida representación de la izquierda más narcisista y melodramática. Por el lado español, lo mejor de cada casa: independentistas catalanes, anticapitalistas, ex etarras, militantes y diputados de Podemos, Sumar y Compromís, y la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau como guinda del pastel. También se embarcaron periodistas de medios como TV3, RAC, El País o Público dispuestos a poner algo de información a sus crónicas activistas. Para empezar y darle vuelo a la marca flotilla, los medios catalanes decidieron olvidarse de su purismo lingüístico y no usar la palabra catalana estol o estolet marcándose un castellanismo de los que le producen urticaria a Antonio japanese scat Baños.

Con muchas dudas sobre su financiación sobre la que planean las sombras de Hamás a través de aparentemente inmaculadas y transparentes ONG, la flotilla, según ellos, el «mayor convoy marítimo civil de la historia» y «el mundo entero contra el genocidio», partió de Barcelona con 30 barcos y 300 personas a los que se unirían más a lo largo del viaje, con la misión de romper el bloqueo de Israel y desembarcar ayuda humanitaria para paliar la hambruna de la población gazatí. Entiéndase esto con perspectiva hitchcockiana: es el macguffin, la excusa que mueve a los personajes pero que carece de importancia para la trama. Al final de los viajes (spoiler: en este también) la ayuda humanitaria ni se ve ni se entrega ni se sabe qué fue de ella ni parece importarle a nadie.

Gafados desde el principio

La publicitada salida no fue como la seda. Al menos el primer día. Los cientos de fans que acudieron a despedir y jalear a sus héroes como si fueran a la batalla de Salamina se tuvieron que conformar con ver los barcos navegar un rato. Al parecer, con tanto entusiasmo nadie comprobó las condiciones meteorológicas y el estado de la mar. Tras recorrer unos kilómetros, la imparable flotilla dio media vuelta y decidió volver a intentarlo al día siguiente. No es que hubieran olas de tres metros pero siempre era mejor ser prudentes que tampoco llevaban tanta biodramina a bordo. Ante el gatillazo nos imaginamos a Greta gritando puño en alto: Damn fascist sea. How dare you!!!

El accidentado inicio de esta gesta que cantarán los trobadores del multiculturalismo fue una premonición. El convoy tardó el doble de lo que lo habría tardado cualquier barco en condiciones similares, con abandonos y paradas técnicas que fueron el pan nuestro de cada día y el cachondeo de quienes, sin duda corrompidos por el sionismo, dudábamos del épico relato que se desarrollaba ante nuestros ojos. La flotilla se detuvo más de lo previsto en Menorca, Ibiza y Túnez, tres preciosos enclaves turísticos, en teoría para la puesta a punto de los barcos.

A esas alturas ya habíamos visto en las redes imágenes y vídeos del día a día de la travesía. ¿Inventarios de las toneladas de alimentos que llevaban a Gaza? ¿Coloquios sobre el genocidio palestino? Más bien no. «Canciones, poesía y pancartas llenan la cubierta. Cada cántico de «Palestina Libre» se escucha a través del mar», tuiteaba la cuenta oficial de la flotilla. De vez en cuando, los gritos de Free Palestine nos devolvían a la cruda realidad y nos recordaban que, aunque lo pareciera demasiado, aquello no era un crucero hippy sino una cruzada por la libertad.

Barbie Gaza, ha nacido una estrella

Uno de estos videos descubrió para la posteridad a una rubia bailando al son de los tambores que llegaría a convertirse en la estrella de la flotilla, eclipsando a todos, incluyendo a Ada Colau o a la propia Greta Thunberg. Era la albaceteña islamizada Hanan Alcalde, influencer en Instagram al igual que sus seis hijos con los que forma una especie de familia Trapp sin canciones y en versión musulmana. Había nacido Barbie Gaza, una mezcla de hippismo, fashion (y botox) victim, melodrama y fundamentalismo, la metáfora perfecta de la Global Sumud Flotilla y blanco de las críticas desde el primer momento.

Canal Red, como buen medio rojo y propalestino, vio las críticas a su manera. Para ellos, las burlas sobre Hanan constituían el «epicentro de una campaña de acoso machista orquestada por la ultraderecha sionista con el fin de ridiculizar y deslegitimar» la flotilla. Aunque la verdad es que tampoco hacía falta ser Netanyahu para flipar con la muchacha. La activista dio pronto muestras de su potencial como tertuliana televisiva: «Bailar no mata, lo que mata son las bombas israelíes». Tiembla, Sarah Santaolalla, que además tiene más tetas que tú.

El ataque de los drones misteriosos

A medida que cruzaba el Mediterráneo sin prisa pero con pausa, a los activistas le faltaba un poco de acción que hasta ese momento lo peor que les había pasado era el mareo, como atestigua este estremecedor vídeo. Y qué mejor manera de animar el cotarro que un ataque del Estado genocida. Dicho y hecho. «La Global Sumud Flotilla denuncia un ataque con drones en Túnez contra una de sus embarcaciones rumbo a Gaza», informaban los medios. Por supuesto, no hubo ninguna prueba de tal ataque salvo unos confusos vídeos en los que se veía una luz que podía ser un dron, una bengala o una aparición mariana. Las autoridades tunecinas, poco sospechosas de estar bajo la égida sionista, tampoco se creyeron mucho el ataque.

Unos días después, la flotilla denunció otra incursión violenta de Israel sobre ellos, esta vez más a lo bestia: «Varios drones atacan con ácido y explosivos a diez barcos de la flotilla con ayuda para Gaza», titulaba su crónica el periodista de El País a bordo de la flotilla. De nuevo, cero pruebas más allá de un montón de caóticas explosiones que podían ser cualquier cosa. Eso sí, gracias a los ataques de los drones pudimos disfrutar de la creatividad sin límite de los activistas. Su respuesta al primer ataque cantando en plan los cristianos en el circo y al segundo animándose con una tonadilla propia le helaría la sangre a los mismísimos sabios de Sion.

Peleas en el paraíso

Entre los dos ataques misteriosos pudimos comprobar que no todo el monte era orégano humanitario a bordo de la flotilla: a medio camino, Greta Thunberg abandonó el equipo directivo por desacuerdos internos y se fue con su maleta a otro barco. Al parecer la sueca se pensó que esto iba más en serio y se cansó del ombliguismo de los demás que, entre ataques, sabotajes y canciones de Tik Tok, hablaban poco del genocidio de Gaza. A ver, tienes unos barcos llenos de activistas ociosos necesitados de atención en las redes sociales. ¿Qué esperabas, alma de cántaro de IKEA?

Pero la gran polémica del viaje la protagonizó el choque entre las facciones musulmana y LGTBI de los participantes magrebíes, y nos enteramos gracias a la prensa tunecina y a las redes sociales. Tantos periodistas en la flotilla y se les pasó hablar de esto, ya es mala suerte. Por lo visto, la facción pata negra musulmana, pelín homófoba, explotó contra la presencia de activistas queer provocando la dimisión del coordinador magrebí, Khaled Boujemâa, que se grabó protestando en Facebook: «¿Cómo vamos a unirnos por Palestina si meten agendas que nada tienen que ver con Gaza? Esto es una traición a la sangre derramada». Vamos, que el cerco de Gaza no se iba a romper con mariquitas. Desde aquí hacemos un llamamiento para que los organizadores del Orgullo llamen a este señor para que dé el próximo pregón. Puede ser un puntazo.

Profanando la ‘dimensión espiritual’ de la causa palestina

Haciéndose eco de la controversia, la activista Mariem Meftah y el presentador de televisión Samir Elwafi también comentaron el asunto que incendió la flotilla más que los drones. «Palestina es ante todo la causa de los musulmanes y no se puede disociar de su dimensión espiritual y religiosa», aseguró Elwafi mosqueado con el wokismo infiltrado que cruzaba «líneas rojas» y profanaba la «dimensión espiritual» de Palestina». Meftah recalcó que convertir la homosexualidad en bandera dentro de la flotilla era «incompatible con las creencias islámicas».

Nos imaginamos a los activistas de Podemos, Compromís, ERC o la CUP silbando con las manos en los bolsillos escuchando a los musulmanes de la dimensión espiritual de Palestina y pensando que quizá no era el mejor momento para hacer visible su ineludible compromiso con los derechos LGTBI. Que el mástil de un barco se parece mucho a una grúa.

La última noche de la Global Sumud Flotilla

Navegando contra viento, marea, genocidio y algún que otro bulo, como el que se tragó Euprepio Padula convencido de que las celebraciones del Galatasaray era la Global Sumud Flotilla en acción, nuestros héroes entraron en la zona de exclusión de Israel custodiados, es un decir, por un patrullero enviado por Pedro Sánchez para hacer el paripé. Ante la llegada inminente del ejército hebreo para interceptar a los barcos pudimos ver algunos de los momentos más emocionantes de esta odisea. Como si fuera Davy Crockett grabándose desde El Álamo, Barbie Gaza se despidió de su marido y de sus seis hijos. Si no se le pone la piel de gallina viendo este documento es peor que Hitler, que lo sepa.

Claro que la lacrimógena despedida de Hanan Alcalde no es nada al lado de otras acciones emprendidas por los miembros de la flotilla: desde lanzar botes de plástico con latas de comida al mar (¡por fin se veía la ayuda humanitaria!), a enviarles cartas dentro de botellas a la población gazatí para explicarles la hazaña que acababan de hacer por ellos. Alguno no veía claro lo de las botellas, así que decidió darles su mensaje a voces. Que solo estaba a 220 kilómetros de la costa, seguro que alguien podría escucharlo afinando el oído.

Si a usted, malvado facha que no piensa cada diez minutos en los niños de Gaza, le asalta la duda de cómo unos activistas tan sensibles con el cambio climático y la contaminación podían arrojar botellas de plástico al agua sin inmutarse piense que era por una buena causa: los likes en las redes. Su compromiso ecologista quedó también patente cuando fueron interceptados por Israel y decidieron lanzar sus móviles al océano. Total, qué más daba, ya habían quemado medio millón de litros de combustible para llegar hasta allí. Además, seguro que 400 baterías de litio le vienen genial al ecosistema marino. Mejor que el plancton, oiga.

Torturados pero contentos

Una vez terminada la excursión, perdón, la proeza humanitaria, llegó una traca final digna de lo vivido. Tras cuatro días retenidos por el ejército israelí, los activistas fueron devueltos a sus países, lo cual, sin duda, da la razón a los que hablan de la maldad infinita de Israel. En el caso español volvieron en vuelo chárter a gastos pagados a cargo del mismo gobierno que se negó a repatriar desde Tailandia a una española en coma. Demostrando donde estaban las prioridades, a estos sí les esperaban en el aeropuerto unos servicios sanitarios con la ministra de Sanidad al frente.

Por supuesto, de la gente que vio drones y que se sintió al borde de la muerte tomando el sol y cantando en alta mar no podíamos esperar menos que las torturas del Estado sionista. Los activistas se quejaron de que los trataron como perros terroristas y que los tenían hacinados, que les daban agua del grifo, que les ataron, que les arrancaron los pendientes y les quitaron las kufiyas. Entran en su zona de exclusión llamándoles asesinos genocidas y se lo toman a mal. Qué poca capacidad para encajar las críticas tienen estos israelíes.

Hubo múltiples denuncias de torturas y humillaciones que se las puede imaginar, narradas por gente con un aspecto inmejorable. Entre ellas, no podían faltar las de Ada Colau: «Se han violado todos nuestros derechos», denunció, y definió lo sucedido como una «experiencia muy dura». Y eso que a los pocos días estaban en España dando saltos como si hubieran ganado la Champions. Si en vez de estar detenidos por la única democracia de Oriente Medio van a tocarle las pelotas a los talibanes de Afganistán, igual la experiencia muy dura la cuentan a través de un médium.

Un epílogo made in Hollywood

El final apoteósico de esta historia debe visualizarlo como si fuera una de esas películas norteamericanas, donde unas imágenes fijas y unos rótulos ilustran a modo de epílogo lo que sucedió después mientras suena de fondo una música emotiva. Pongamos por caso, una versión para mandolinas de Bella Ciao.

El mundo se llenó de multitudinarias manifestaciones y hubo huelgas de estudiantes en apoyo a la flotilla. «Su determinación ha sacudido millones de conciencias», dijo el reportero Juan Tortosa representando el tono triunfal de una prensa nada neutral que los han recibido como héroes. Héroes son, por ejemplo, Pilar Castillejo y el Capitán Coronas, diputada de la CUP y concejal de ERC, que consideran que irse más de un mes de tour por el Mediterráneo forma parte de su trabajo y deben cobrar su sueldo íntegro.

Barbie Gaza inició sus quince minutos de fama concediendo sus primeras exclusivas alternando el salseo («Eso ha sido un Gran Hermano en cada barco, ahí ha habido de todo, o sea, imagínate») con su fanatismo («He puesto Palestina por encima de mi vida y mis hijos») o directamente negando las violaciones de Hamás. Hermana, yo sí te creo siempre que no seas judía.

En España, venidos arriba por el éxito propagandístico, como destacaron periodistas como Nacho Escolar que consideraron un éxito que la Global Sumud Flotilla ni oliera las costas de Gaza (obvio: esto nunca fue de entregar ayuda humanitaria), la izquierda se vino arriba y no respetó ni el aniversario del 7 de octubre, al que Ione Belarra consideró el inicio de la fase final del genocidio. El zurderío patrio también clamó por la devolución de la única española aún retenida por Israel, una profesora de zen shiatsu acusada de morder a una funcionaria israelí. Qué sabrán estos genocidas de las modernas técnicas de relajación.

Y mientras los ecos de Bella Ciao se diluyen con los créditos finales y vemos una imagen fija de Greta Thunberg que parece sacada de El exorcista, un rótulo pasa a toda velocidad por la pantalla en letra muy pequeña: Hamás e Israel aceptan negociar el alto el fuego propuesto por Donald Trump y dan un primer paso hacia la paz. Apenas un detalle sin importancia comparado con la grandeza de la flotilla de las maravillas y su lucha por una Palestina libre de judíos desde el río hasta el mar.

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6 comentarios

  1. Esto me pareció un circo absurdo desde que salió. Postureo y vídeos para redes sociales. Que esos barcos iban vacíos lo sabía todo el mundo. Bueno, menos los que fueron a despedirlos como si fueran al desembarco de Normandía. Y que esta chica buscaba colocarse en la tele ya lo dije yo hace tiempo. La segunda flotilla ya ha pasado sin pena ni gloria. Y están preparando una tercera que ya no interesa a nadie. Todo paripé.

    1. Mira que acabarse la guerra ahora que estaban tan inspirados con su show de las flotillas y las protestas por Palestina. Si es que no hay derecho, hombre.

  2. Cómo dice Soto Ivars en uno de sus explosivos videos, tendrían que haber dejado que la flotilla llegará a Gaza. Alguna, alguna, y sobre todo, algune, tendría que salir corriendo suplicando que le dejaran entrar en Tel Aviv…

  3. «La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad del tiempo, y tú has brillado mucho Roy »
    Excelente y divertido como siempre!

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