Se tendría que dar un premio a las mejores denuncias de agresión sexual en diferido en alguna gala MeToo presentada por alguien del estilo de Cristina Fallarás. Esta que vamos a contar aquí tendría muchas opciones de ganar: una mujer ha acusado al fallecido expresidente Adolfo Suárez por violación cuarenta y tres años después. Casualidades de la vida, justo cuando la izquierda feminista se desangraba por denuncias de acoso y agresión sexual se atacaba el corazón de la Transición (periodo nada grato a esa izquierda) y a uno de sus grandes protagonistas. Los medios más progresistas dieron la noticia y, ahora sí, se llenaron la boca en nombre de la supuesta víctima. Como diría Ferreras, era burdo pero fueron con ello. Y encima casi en Navidad. No se puede ser más Grinch.
La derecha tiene la costumbre de mitificar la Transición y convertirla en un periodo lleno de luces fulgurantes olvidándose de sus sombras. A la izquierda le pasa al revés: consideran la instauración de la monarquía parlamentaria un fraude machista y ominoso al pueblo español. Es muy posible que aquellos años tuvieran un poco de todo y no todo el monte fuera orégano. En cualquier caso, es ridículo juzgarlo con los ojos de 2025. Especialmente a la hora de mirar aquellos sicalípticos rumores, hoy olvidados bajo las alfombras de la historia, que llevaron a lo más alto, o a lo más bajo, el concepto de la erótica del poder.
Una transición que dio para mucho
Se contaba que Suárez llegó a ser hombre de confianza de Juan Carlos gracias a Carmen Díez de Rivera, que compartía amistades especiales con los dos, lo que la convertiría en la musa de la Transición en un sentido bastante generoso. Las lenguas más afiladas también afirmaban que Bárbara Rey llegó a ser íntima de los dos hombres, lo que nunca ha quedado demostrado… al menos en el caso del ex presidente. Fue aquella una época en la que no todos los esfuerzos se encaminaron a la titánica tarea de desmontar el estado franquista. Evidente en el caso de Juan Carlos I que, como buen Borbón, folló a calzón quitado con toda la que se le puso por delante —alguna como la pobre Sandra Mozarovski no lo contó— en lo que fue un secreto a voces, silenciado servilmente por la prensa durante casi cincuenta años.
Claro que una cosa es sospechar que nuestros padres fundadores echaban canitas al aire, o cabelleras enteras, y otra acusar de agresión sexual a Adolfo Suárez medio siglo después, sin pruebas y echando por tierra la reputación del que, por otra parte, fuera ciudadano ejemplar, esposo y padre de cinco hijos. Y todo para seguir echando mierda sobre la Transición y de paso tapar los escándalos socialistas de ahora, lanzando de paso un mensaje muy sutil a la derecha: no sigáis por este camino de acusarnos que os la devolvemos y aquí no se salva nadie.
La denuncia llega casi al instante a las redacciones
El 9 de diciembre, una mujer de 60 años presentó una denuncia ante la Policía Nacional contra el fallecido expresidente. Alegó haber sufrido agresiones sexuales entre 1982, cuando era menor de edad, y 1985. Si ya queda raro presentar una denuncia 43 años después, no vea lo extraño que resulta también que la denuncia la tuvieran casi al instante las redacciones de los medios más progresistas. Y fueron los podemitas Canal Red e Infolibre los primeros en darla la madrugada del 18 de diciembre. Con nocturnidad y alevosía, como les gusta a ellos hacer las cosas.
Al día siguiente, otros medios también informaron del asunto. La nota de El País, firmada por su ínclita corresponsal de género, Isabel Valdés, añade datos interesantes. Conocían esto desde hacía más de un año pero no lo publicaron porque no encontraron «pruebas documentales de la relación» ni de las agresiones denunciadas. Que el medio que fue al cuello de Carlos Vermut con un puñado de denuncias anónimas y que la periodista que se tragó el bulo de Tecnocasa, manifestaran tantas dudas da que pensar. Cómo verían a la futura denunciante —aparentemente más preocupada en tener altavoz mediático que en denunciar— para no querer saber nada del tema.
Se abre la veda de la Transición
Aunque para Canal Red, o sea, para Podemos, la tardanza de El País se debió a una especie de omertà para proteger a Adolfo Suárez, además de ser, agárrese los machos, un claro ejemplo de la cultura de la violación por dudar de la víctima. Nos imaginamos a la muy feminista redacción de Lo País ojiplática de ver cómo les llaman esas cosas tan feas que normalmente ellos llaman a los demás. Lo más probable es que el periódico, que se enfrenta ahora mismo a una demanda de Vermut, no quisiera abrir más frentes judiciales y menos con la familia Suárez. Que en El País serán muy feministas, pero no gilipollas.
Pero la veda contra la Transición estaba abierta. Pronto se vio lo oportuna que era. Podemos le dio plena credibilidad a una denuncia de hace 40 años con una visión preclara que, en cambio, nunca tuvieron con Errejón o Monedero. «Cuántos padres de la democracia —declaró Ione Belarra— cuántos hombres de Estado que han subido a un pedestal, que nos han dicho que había que admirar, que había que reconocer, que había que citar, en realidad eran agresores sexuales y pedófilos». Para Barbijaputa la España de hoy la construyeron entre fascistas y violadores, y Suárez era las dos cosas.
Objetivo: cambiar el nombre al Aeropuerto de Barajas
Desde Bruselas, Irene Montero puso sentido común. No, es broma. Lo que puso la eurodiputada es esa cara que cuando la ve Pablo Iglesias sabe que duerme en el sofá y exigió que se retiraran todos los reconocimientos institucionales al ex presidente «de forma inmediata, y especialmente el nombre del aeropuerto más grande y probablemente más importante del Reino de España que es el de Barajas». Quédese con lo del aeropuerto porque, por extraño que parezca, es la clave de la reclamación.
La supuesta víctima empezó un tour mediático por sitios como la Cadena Ser, Público o RTVE. Estaba claro que con Suárez fallecido y el delito prescrito la cosa no tenía recorrido judicial pero la señora quería una «reparación social» que coincide, qué cosas, con lo que pedía Podemos y más concretamente con lo del aeropuerto: «Mi único objetivo es que el aeropuerto de Madrid deje de llevar el nombre de un agresor sexual», aseguró en Mañaneros. Según ella, causa de su «revictimización» cada vez que lo oía citado. Que tardes 43 años en denunciar a un ex presidente del gobierno por violación y que lo que pidas es que renombren el aeropuerto de Barajas hay que reconocer que suena surrealista, por mucho que la izquierda feminista intente darle la trascendencia de los grandes momentos a lo Juana Rivas o La Manada.
Las feministas se ponen dignísimas
Además, la mujer manifestó estar «dispuesta» a reunirse con el Ejecutivo y con los partidos políticos para discutir cómo realizar esa damnatio memoriae al ex presidente y mirar lo del pobre aeropuerto, que lo tienen cruzado entre ceja y ceja. Si aún no le sonaba esta historia a campaña prefabricada para hacer ruido ya tiene todas las piezas. No hace falta ser un genio para saber qué partidos se prestarían a estas reuniones convenientemente divulgadas por los medios de comunicación y opinólogos más cafeteros del progresismo. Y tampoco para saber los nombres que se debatirían para el aeródromo madrileño: Aeropuerto Pedro Almodóvar, Aeropuerto Juana Rivas, Aeropuerto Palestina Libre o Aeropuerto 7291 asesinados por Ayuso. Con camiseta de Sarah Santaolalla si hace falta.
El Mañaneros del fiel escudero sanchista Javier Ruiz le dedicó a la denuncia 45 minutos y entrevistó a la mujer de espaldas y con un gorro rojo a lo David el Gnomo que fue el cachondeo de ese Twitter que no lleva gafas moradas. Aunque algún tertuliano insinuó que la denuncia no fuera verdad y de que provocaba indefensión en el acusado porque ya estaba muerto, no faltó el rodillo del Yo sí te creo, hermana a través de la tertuliana María José Landáburu haciendo callar a quien dudase de la denunciante: «las víctimas siempre en el centro, las víctimas siempre creíbles». Y pobre del que pensara lo contrario.
Adolfo Suárez y Paco Salazar, lo mismo son
Otros miembros de la Sincronizada también mencionaron en Televisión Española la denuncia. Gonzalo Miró le dio plena credibilidad a la víctima y Marta Nebot lo dejó meridianamente claro: «Esto no es un MeToo del Partido Socialista, es un MeToo de todos y no solo de la política, fijaos lo de Suárez», enlazando con el «problema estructural» y no particular al que se refirió Sánchez en el Congreso dando explicaciones por Salazar y compañía. El Plural, que siempre recomendamos leer si quiere saber el argumentario sanchista de primera mano sin filtro ni vergüenza torera, también fue revelador: «El MeToo político salpica a la Transición».
No había pasado ni un día y ya teníamos el plan perfectamente elaborado: denuncia indemostrable de hace 43 años que hay que creer sí o sí porque la víctima y patata, la difunde Podemos para despotricar de la malvada y machista Transición y le hace el favor al PSOE de desviar la atención de sus babosos desenmascarados. Se habla mucho de que Vox le viene muy bien al PSOE cada vez que se pone farruco pero nadie salva el culo de Sánchez mejor que Podemos. Ni siquiera Sumar que bastante tienen con no desaparecer del mapa.
Un MeToo en plena decadencia del MeToo
Tal vez esta locura de plan habría salido bien hace unos años. Pero para desgracia de la izquierda feminista, de Podemos y del PSOE las tornas parecen estar cambiando y por lo menos existe otra corriente de pensamiento. La ola reaccionaria que dice la izquierda. El sentido común que decimos los demás. Únicamente hay que asomarse a las redes para ver que solo los que viven del negocio de género o están lobotomizados por él han dado crédito a esta historia, absolutamente indemostrable y que podría ser verdad o resultar una vil calumnia.
De hecho, Antonio Quirós ha desmontado a la denunciante a la que asegura conocer: acusó a un amigo suyo hace años con una denuncia falsa de violencia de género. Ya entonces ella hablaba de la supuesta agresión sexual de Suárez a la que Quirós da la misma credibilidad que la que amargó la vida a su amigo hasta que fue absuelto. Con esos precedentes, igual la única denuncia que podría prosperar es una querella de la familia del ex presidente por difamación. La gran Guadalupe Sánchez, por si acaso, va afilando el colmillo y el bufete.
¿Cómo? ¿Sacando un caso de supuestos abusos de hace 40 años para ver si se tapan los muchos casos de supuestos abusos actuales? Pues me parece que el plan les ha salido regular. De esto se habló un par de días y poco más. Y anda que que el objetivo sea solo quitar el nombre del aeropuerto no suena raro ni nada
Esta vez la campaña les ha salido por la culata. Y yo que me alegro. Y usted, imagino. ¡Feliz Año Nuevo, Mercedes!
Parece que ha tenido poco recorrido el caso este, por muy sobrecogidos que estuvieran en Podemos. Recuerdo algún que otro caso más que tras un par de días de turra desaparece abruptamente de los medios…
Y menos mal que nuestra redactora de género favorita, Isabel Valdés, no entró a a saco en el asunto. ¿Habrá escarmentado? Nooo!!
Feliz año!!!
En cuanto menos lo esperemos, Isabel la Feminista volverá al ataque para echarnos más risas. ¡Feliz Año Nuevo, Valentín!
¿Sólo una policia nacional «woke» puede admitir a trámite una denuncia por unos hechos prescritos y contra una persona fallecida? ¿Y cuando Mario Conde dijo haber dado 300 kilos al CDS, nadie le creyó y le condenaron por quedarselos? Saludos y buen año.
Y lo que nos queda ahora con Julio Iglesias… feliz año nuevo, aunque sea con un poco de retraso xD