Julio Iglesias acusaciones

Con permiso de Trump raptando al sátrapa bolivariano de Venezuela con chulería, nocturnidad y alevosía, la noticia que hizo sacudirnos los buenos sentimientos de las fiestas navideñas llegó a mediados de enero cuando supimos que el octogenario artista había sido acusado de agresión sexual por dos jóvenes ex empleadas de sus mansiones de República Dominicana y Bahamas. Si 2025 terminaba proyectando sombras sobre uno de los puntales de la Transición con una surrealista acusación contra Adolfo Suárez, el año nuevo nos traía un MeToo contra otro símbolo español, en este caso el cantante patrio que más discos ha vendido, unos 300 millones tirando por lo bajo.

De nuevo asistimos al mismo modus operandi que en el caso de Suárez: apoyo mediático izquierdista que se hacía eco de una denuncia recién interpuesta que, como mandan los cánones feministas, se daba por cierta pasándose la presunción de inocencia del acusado por el arco del triunfo, incluso en medios conservadores como Trece y Cope que ya les vale. Pero a diferencia de la acusación contra Suárez, en este caso el andamiaje parecía más sólido. Pero solo lo parecía.

Una investigación periodística y una denuncia judicial

Fue El diario.es quien dio la exclusiva tras una investigación periodística, según ellos, de tres años, realizada junto a Univisión, durante décadas el gran aliado de Iglesias en el continente americano pero distanciado desde que el cantante decidiera grabar un gran documental sobre su vida con Netflix. Las denuncias provenían de dos ex trabajadoras de 2021 que describían abusos, tocamientos y relaciones sexuales forzadas incluso con otras mujeres para solaz y disfrute del anciano, describiendo un ambiente de trabajo tóxico y tiránico en el que el ya pasadito latin lover tenía más de truhán que de señor y donde el estribillo «Me gustan las mujeres, me gusta el vino, y si tengo que olvidarlas, bebo y olvido» sonaba casi a película de terror.

El reportaje se simultaneaba con una denuncia ante la Audiencia Nacional. En este caso con la ONG Women’s Link Worldwide, una de tantas de las que no habrá oído hablar en la vida, representando a las dos mujeres para buscar «una justicia con enfoque feminista que reconozca el daño estructural causado por el racismo, el colonialismo y el machismo en el ámbito del trabajo doméstico». Ya solo esta declaración debiera haber hecho chirriar el sentido común, pero es que, además, la denuncia no se realizó en República Dominicana, lugar de los supuestos abusos, sino en España, que por algo este es ese paraíso feminista en el que un pico a una futbolista había dado la vuelta al mundo culminando en una condena por agresión sexual. La jugada estaba clara: aquí se podía montar un buen jaleo a costa del cantante como se había hecho con Rubiales.

La izquierda ajusta cuentas con un símbolo español

Nacho Escolar se debía de estar frotando las manos. En las tertulias no hacía más que hablarse del derechoso Iglesias. La izquierda ajustaba cuentas recordando sus vínculos con el tardofranquismo al que ayudó a blanquear, sus críticas a socialistas y comunistas y el pasado falangista de Papuchi. Incluso se analizaban las letras de sus canciones como Fuiste mía o De niña a mujer desde la perspectiva de género con lo que, está claro, no se salvaba ni una. Y cuando Ramón Arcusa defendió públicamente a su amigo, Echenique recordó los 15 años tiene mi amor del Dúo Dinámico metiéndolos a todos en la misma saca de violadores y pedófilos y a los que solo les faltaba aparecer en los papeles de Epstein.

Mientras los detalles escabrosos de las denunciantes —sospechosamente, a pesar de recabar un montón de testimonios siempre provenían de la misma, la tal Rebeca— se comentaban una y otra vez con Javier Ruiz y Cintora dándolo todo, la izquierda celebraba la caída del tótem machista de la dictadura y cargaba contra Ayuso, que fue de las pocas que lo defendió sin ambages. Yolanda Díaz habló de denuncias «escalofriantes», el Ministerio de Igualdad exigió que se investigaran «hasta el final» las acusaciones e Irene Montero, un tanto desganada de tener que repetir siempre la misma matraca, se alegró del fin de la impunidad de los agresores sexuales con poder y dinero.

Era un Adolfo Suárez reloaded. Ramón Espinar supo estar a la altura: Julio Iglesias «es un modelo de masculinidad. Hemos crecido con referentes así (…). Es tiempo de revisar y discutir nuestra masculinidad. ¿Esto es woke? Pues somos woke, es mejor que ser un violador de mierda». Sumar, Podemos, IU y el mismo PSOE pidieron la retirada de los reconocimientos públicos al cantante sin esperar a la sentencia ni nada. Una asociación de víctimas del franquismo reclamó que Julito devolviera 300 millones de pesetas que Fraga le dio en 1992 y la editorial Libros del Asteroide, sin esperar tampoco el resultado de ningún juicio, anunció la revisión de su reciente libro Julio Iglesias, el español que enamoró al mundo que seguramente retitularía Julio Iglesias, el español que violó a jóvenes dominicanas.

Causa archivada y a otra cosa mariposa

Y diez días después de que se publicara lo que Nacho Escolar llamó «la investigación más compleja de la historia de El diario.es», el suflé se bajó de golpe: la Audiencia Nacional anunciaba el archivo de la causa por estar fuera de su jurisdicción. Si quieren denunciar que lo hagan en República Dominicana. Y como no es lo mismo poner el foco en España con toda la parafernalia progre on fire que en el lejano Caribe, el affaire Julio Iglesias terminó diluyéndose en menos que se tarda en decir ¡hey!

Tras el revuelo, el progresismo se desentendió como esos buitres que abandonan su presa en busca de objetivos más fáciles. De fondo, el mosqueo de la ONG feminista anticolonialista que representaba a las dos mujeres, los aspavientos de Amnistía Internacional y las informaciones que empezaban a aparecer insinuando que las dos ex trabajadoras inocentes tal vez no lo fueran tanto. Los whatsapps filtrados por Julio Iglesias expresaban un cariño inusual para una supuesta violada hacia su violador. Y que una tuviera una cuenta de Only Fans tampoco sonaba muy normal para una víctima de la lujuria de los hombres.

Adamuz eclipsa a Julio Iglesias

Con el siguiente capítulo aún por escribir (el cantante se plantea demandas millonarias y no se sabe qué va a pasar ahora con la denuncia de las dos mujeres), el vértigo de la actualidad hizo pronto olvidar el primer escándalo del año. Un Iryo descarriló en Adamuz y un Alvia que iba en sentido contrario colisionó con los vagones descarrilados. El accidente más grave en la historia de la alta velocidad en España provocó 46 muertos y dejó al descubierto los defectos de nuestra infraestructura ferroviaria. El mejor momento del tren en España, en palabras de Óscar Puente, se despertó de golpe del sueño.

El gobierno —y sus satélites— que tanto habían cargado sin piedad contra Mazón por la DANA o contra Ayuso por las residencias, pidieron en esta ocasión respeto, responsabilidad y altura de miras. Los mismos que no tuvieron nada que ver con la gestión de la pandemia, con el apagón, con la DANA o con los incendios del verano pasado, por supuesto no iban a ser responsables de este accidente en el que, además, no podían echarle la culpa a ninguna comunidad autónoma del PP porque todo era competencia de Adif y del Ministerio de Transportes, salpicados por los escándalos de Ábalos, Koldo y la hermanísima Pardo de Vera. Aunque al final la culpa se la han acabando echando a los recortes de Rajoy.

Efectivamente, la vida sigue igual.

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7 comentarios

  1. Lo de Julio Iglesias les ha salido un bluf importante. Y como todas estas cosas, dos días con todo el mundo hablando de ello en redes y ya ha pasado al olvido, como lo de Plácido Domingo y Adolfo Suárez. A ver quién es el próximo. Y lo de los trenes, pues también como siempre. Dos días de lloros y lamentos y a partir de ahí a echarse la culpa unos a otros sin hacerse responsable nadie de nada. Efectivamente, la vida sigue igual.

    1. Al final la que pagará el pato será la Yoli que, para más inri, se va a quedar sin partido. Al final acabará por los karaokes cantando «Me olvidé de vivir».

  2. Una investigación de varios años, una ONG combativa, abogados, etc. pero nadie reparó en el pequeño detalle de que la Audiencia Nacional podría no tener jurisdicción en el asunto….
    ¿ O a lo mejor lo que interesaba era el ruido?

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