En el mundo de la cultura hay quien consigue la fama sin que se entienda muy bien qué ha hecho para merecerla. Poseedores de un aura inexplicable, ahí tiene a tipos como David Uclés. En cambio, otras personas tocadas por el hado sí merecen todos los parabienes del reconocimiento, que se han ganado a pulso trabajando como campeones. En este saco nos atrevemos a meter a Santiago Segura, y no solo porque nos caiga bien: listo, espabilado, con dos dedos de frente y que no da la brasa con sus ideas. Además, le debemos el habernos regalado a José Luis Torrente, tan deleznable como entrañable y a quien ya creíamos muerto y enterrado, pero que ha vuelto de la tumba en plena forma para salvar el año del cine español, darnos unas cuantas carcajadas y provocar el colapso de la izquierda.
Es muy posible que, en la idea de dar carpetazo a la saga más exitosa del cine español en 2014, influyera el hecho de que Torrente 5 fuera la película que menos recaudó: solo 10.635.000 €, un dineral que ya quisieran muchos pero lejos de los 19.356.000 € de Torrente 4: Lethal Crisis, o de los 22.100.000 € de Torrente 2: Misión en Marbella. También se acercaban otros tiempos en los que un ex policía machista, racista, homófobo y fascista tal vez no fuera la mejor idea ante el advenimiento de la era woke.
De Torrente a la gran familia
Hace unos años Segura declaró en El Hormiguero que había dejado Torrente porque era «una crítica y que, actualmente, demasiada gente estaría de acuerdo con él. Quiero que se rían de José Luis, no que piensen que tiene razón». Lo dijo cuando tocaba, con el actor y director enfrascado en otra saga triunfal, esta vez de humor blanco y familiar, la de Padre no hay más que uno, con la que también ha ganado millones después de intentarlo con Sin rodeos, una fábula empoderante en pleno MeToo que pasó sin pena ni gloria. Aunque a este hombre se lo perdonamos todo, que por algo su productora ha sacado adelante una película como La infiltrada, con polémica incluida, de la que hablamos largo y tendido hace un año.
Pero el espíritu torrentiano seguía ahí y seguramente ya en aquel momento, el director barruntaba su futuro regreso, lo que ha sucedido, nada casualmente, coincidiendo con una crisis de la corrección política y el wokismo. Santiago Segura, que es como Melanie Griffith en Armas de mujer y que tiene un cuerpo para el pecado y una mente para los negocios pero sin el cuerpo para el pecado, ha vuelto a dar en el clavo. El público quería reírse sin miedo, harto de cancelaciones y de límites del humor. Había ganas de Torrente y ahí está Torrente presidente, una sátira salvaje contra los políticos más real de lo que nos gustaría, que ha arrasado en taquilla y que ya es la película de la saga que más ha recaudado: 25 millones y subiendo. Y sin recibir un euro en subvenciones directas. Torrente rules.
No habrá pase de prensa para los malvados
En plena era de las plataformas, de la piratería con la que tanto llora el cine español y de la crisis de las salas, más de tres millones de espectadores se han lanzado a los cines para reencontrarse con su amigo de las pajillas al que dejaron hace catorce años en una isla caribeña vendiendo baratijas. Y el primer fin de semana de estreno, en un más difícil todavía, Santiago Segura lo ha conseguido sin avances, sin cartel, sin imágenes promocionales y sin —gran herejía— preestrenos ni pases de prensa. Ver llorar a esa subespecie llamada crítica cinematográfica por no dejarles ver gratis antes la peli ha sido la primera de las muchas satisfacciones que nos ha dado Torrente presidente.
Y el hecho de que la gente llenara ese primer fin de semana los cines demuestra que, efectivamente, los críticos, como Mbappé y las encuestas electorales, están muy sobrevalorados por mucho que uno de ellos, Oskar Belategui, considerara el hecho de tener que pagar para criticar la película «una descortesía sin precedentes en el cine español». Más que descortés, dígalo abiertamente Oskar, es fascista. Garantizar que un crítico vea la película de gorra debería estar blindado en la Constitución entre la libertad de expresión y la igualdad ante la ley.
Prisa contra Torrente
No habían pasado ni unas horas del estreno cuando ya le salió a Torrente presidente su primer archienemigo. Y no era ni Spinelli ni John Marshall sino la mismísima Cadena Ser. Tal vez porque a la luminaria emisora progresista no le gustaba una comedia sin filtros en vez de las sociales y soporíferas Alcarràs o 20.000 tipos de abejas. O puede que fuera por el desplante de Segura a la crítica. O quizá porque Prisa no perdona que muchos cameos de Torrente presidente sean un descarado escaparate de Atresmedia, que pone pasta en la película.
Los de la Ser empezaron reventando el mismo día del estreno uno de los grandes encantos de la saga: los cameos. Y como saben que mucha gente no pasa del titular, lo hicieron titulando con tres de los más llamativos: «Santiago Segura se ríe de los títeres políticos en una comedia facilona con cameos de Kevin Spacey, Alec Baldwin y Rajoy». A la mañana siguiente el crítico de cine de Hoy por hoy se despachó a gusto: «La película es malísima. No me reí ni una vez y se supone que es una comedia». La resumió en «cameos y zafiedad» y en «chistes facilones de cuñados» , dignos del «patán y del gañán de turno». De fondo, en plan guest star, Àngels Barceló apostillaba: «¡Qué asco!».
Segura, que sabe muy bien cómo funciona la ralea mediática, no se calló. «Son gente mezquina». En una entrevista se refirió a «los hijos de la gran puta de El cine en la Ser» por si había quedado alguna duda de lo que opinaba del tema. La Ser, por supuesto, se ha puesto muy digna. ¿Qué hay de malo en destripar los cameos de una película que tiene en los cameos uno de sus grandes atractivos? Nada, claro.
La Script contra las cuerdas
Una vez estrenada Torrente presidente, Santiago Segura ya se ha dejado querer por los medios, demostrando que es una bestia parda de la promoción. Por algo está bregado en estas lides desde los tiempos del Mississippi. De todas sus entrevistas nos quedamos con el duelo en el podcast de La Script con María Guerra (la crítica cinematográfica más feminista y progre que los tiempos han conocido) y su paso por La Revuelta de Broncano, dos incursiones en territorio progre que han escocido lo que no está escrito. A los progres, claro.
La entrevista con La Script es homérica que dirían en El hombre tranquilo y demuestra hasta qué punto la izquierda se ha trabado con Torrente presidente. Y teniendo en cuenta que las mayores hostias se las lleva Vox no deja de ser curioso que el público de derechas se ría con la sátira destroyer de su partido mientras la izquierda se ofende masivamente por todo. María Guerra se tiró toda la entrevista intentando arrastrar a Segura a su terreno, argumentando que Torrente blanquea el machismo y a la ultraderecha y cargando contra Vox llegando a llamar «idiotas» a las mujeres de ese partido porque las van «a crucificar». «Sí, están aterrorizadas», le replicó sarcástico Segura.
Demasiado sensato para un progre
Pinchado por María Guerra, el ganador de tres premios Goya (hace 30 años) se puso conciliador entre extremos políticos a los que ataca por igual y no entró en el trapo de la polarización, algo inadmisible para el bando más fanático de la trinchera zurda: «Yo toda la vida —dice en un momento— me he sentido una persona de izquierdas, liberal. Y ahora, a veces, digo cosas en reuniones y me llaman facha». Sus palos a los políticos en general, a la ley trans y a la ley de violencia de género que considera mejorable tampoco le hicieron gracia a la entrevistadora que rio cada dos por tres, más incómoda que Netanyahu en el cumpleaños de Barbie Gaza.
Sugerimos a Santiago Segura que incluya extractos de esa entrevista en los extras de la edición en DVD de Torrente presidente. Le auguramos casi tanto éxito y controversia como el casting de lolitas del DVD de Torrente 2, toda una joya para coleccionistas y un drama que le recuerdan las feministas cada dos por tres. Y eso que esas feministas no conocen Pequeñas viciosas, la incursión en el cómic porno de un jovenzuelo Segura con seudónimo de chica que deja el casting de Lolitas a la altura de Sonrisas y lágrimas.
Santiago Segura entra en el facherío
Con Broncano la cosa fue mejor durante la entrevista pero peor en las redes sociales donde el público de La Revuelta, mayormente progresista, se ofendió porque se le diera cancha al, bienvenido al club, fascista Segura.
«Hoy toca abandonaros. No quiero ver a fachas en la televisión pública y más para vender mierda», tuiteaba alguien ofendísisimo. Y no era el único: «Es vergonzoso que RTVE le dé espacio a este personaje cuyo mayor logro es fomentar valores como misoginia, homofobia, machismo y fascismo», proclamaba otro de muchos. Las redes se incendiaron y el propio Segura se lamentó en un tuit de tanto hate supuestamente amigo, él que se siente tan de izquierdas, pero, explica, «no de esta izquierda divisora, censora e intransigente, amiga del boicot, que insulta e intenta denigrar al que se sale un milímetro de vuestra doctrina y militancia ciega. Soy más de una izquierda dialogante, inclusiva y conciliadora».
Pero, ay, esa izquierda se fue como el viento o como el buen rollo con Torbe el apestado que, de apadrinar su versión X y de aparecer en todas las secuelas torrentianas, se ha esfumado de Torrente presidente.
Un festival torrentiano
Pero al grano, me interpelará el lector impaciente. Como destructor de películas sin piedad que ha demostrado ser usted en la ilustre saga del cine feminazi, ¿qué tal es Torrente presidente? ¿Es como, asegura su director, una película hecha para demostrar que sí se puede hacer un Torrente en 2026? Pues la respuesta es sí y no.
La sexta entrega de Torrente es un festival bizarro y salvaje a costa de los políticos. Digna de las cinco anteriores demostrando que el personaje sigue fresco como una lechuga. Segura se ha dado cuenta de que los españoles estamos hasta los cojones de nuestra clase política y ha ido a machete en una comedia sobre la política terrorífica de lo real que es. Escenas como los mítines fachas o el debate televisivo son una genialidad, así como la parodia del presidente del gobierno a quien nos imaginamos no muy alejado de esta versión. Pero el nuevo Torrente no se atreve con todo, que con el feminismo pintan bastos. Resumido en una frase: en Torrente presidente faltan tetas y faltan putas (los políticos no cuentan).
La más mojigata de la saga
Torrente presidente es con diferencia la más mojigata de toda la saga. Olvídese de jacuzzis con macizas desnudas o de sueños húmedos en la cárcel. O de novias despelotadas en su propia boda. Y no digamos de menores enseñando las peras y regalando sus bragas a cambio de droga o de yonkis durmientes víctimas de la lujuria de Torrente. Segura con el sexo no se atreve lo cual, paradójicamente, deja a esta fantástica comedia por debajo de la propia realidad con presidentes forjados en saunas y burdeles, ministros puteros, orgías en paradores con fulanas traídas en bus y escorts mantenidas a cargo del erario público. Nada de esto sale en la película. Habrá que esperar a la séptima parte que seguro que se rodará tras el éxito de esta. Pero cuando la hagas, amiguete Segura, que se vean tetas, coño.
Es que Segura es un tío que cae bien. He visto todas las de Torrente y me han divertido mucho. Esta aún la tengo pendiente pero también caerá. Anda que no molesta que alguien siga su propio camino para crear sus productos, sabiendo que al público le van a gustar. Eso no lo perdonan.