Mantequilla Ultimo tango en París

La frase atribuida a Joseph Goebbels «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad» adquiere pleno sentido con la supuesta violación de El último tango en París, una de las leyendas urbanas del feminismo actual, ansioso por demostrar que vivimos en una cultura que normaliza la violencia sexual contra las mujeres. Y para ello que la escena más famosa de la película fuera la violación real de una actriz de 19 años delante de todo el equipo es un ejemplo perfecto. El rodillo del #MeToo al que se apunta todo aquel que quiera que se le tenga en cuenta en la industria del cine ha hecho el resto. Lo que pasa es que no es verdad. No hubo agresión y ni siquiera la actriz protagonista lo vivió realmente como tal. Pero volviendo al líder de la propaganda nazi, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá.

El último tango en París celebra este año su cincuenta aniversario. Fue una de las películas más famosas y controvertidas de su tiempo, lo que cuesta creer si la vemos ahora. Que esta historia de un cuarentón y una joven que mantienen furtivos encuentros sexuales mientras hablan y filosofan, y no poco, hiciera que miles de españoles se escaparan a Perpiñán (estuvo censurada en España hasta 1978) nos produce entre sonrojo y ternura. Italia también la censuró por «pornográfica» y su director, Bernardo Bertolucci, recibió una condena de cuatro meses de cárcel por obscenidad. Envuelta en la polémica, la película triunfó entre amenazas de bomba en los cines, quejas de asociaciones conservadoras y de la Organización Nacional de Mujeres, que vio la película como un instrumento de dominación masculina. Todo un anticipo de lo que pasaría 40 años después.

Bertolucci «confiesa»

En 2013, el realizador concedió una entrevista a una televisión. Allí lamentó la reciente muerte de la actriz Maria Schneider y reconoció que fue engañada en la escena más famosa de la película, la de la violación anal usando mantequilla, un detalle que se le había ocurrido a Marlon Brando aquella misma mañana:

Me porté horrible con Maria, porque no le dije lo que iba a suceder, porque quería su reacción como chica, no como actriz, quería que reaccionara al acto de humillación (…) y creo que ella me odió a mí e incluso a Marlon porque no le contamos el detalle del uso de la mantequilla como lubricante”.

A la pregunta de si se sentía arrepentido, Bertolucci contestaba tajante: «Me siento culpable pero no arrepentido. Para hacer películas, para obtener algo, a veces creo que tenemos que ser completamente fríos».

Un todo por el arte que hoy se miraría, sin duda, con otros ojos pero habitual a lo largo de la historia del cine. Bertolucci no ha sido un caso aislado y muchos grandes directores han sido despóticos y abusivos con sus estrellas. Desde Hitchcock haciendo que aves de verdad atacaran a Tippi Hedren en Los pájaros hasta un Francis Ford Coppola sin piedad con Martin Sheen durante el demencial rodaje de Apocalypse Now. Una acabó llena de heridas y con una crisis nerviosa, el otro con un infarto. Tal vez por eso las declaraciones de Bertolucci se consideraron relativamente normales y no fueron más allá… hasta que las feministas las descubrieron tres años después.

El último tango feminista

La entrevista apareció en varias páginas feministas en 2016 con motivo del día contra la violencia de género, con una apostilla que recordaba la posterior caída a los infiernos de la droga de la actriz, dando a entender que fue producto de aquella escena que la traumatizó de por vida. Con el elocuente título de «Bertolucci confiesa la violación de Maria Schneider», una de estas páginas afirmaba:

Abusaron psicológica y, quién sabe si también, físicamente de ella. Obviamente, este hecho traumatizó de por vida a la joven actriz. Fue repudiada, nadie creyó su versión de los hechos hasta que, tras su muerte, el director ha confesado los perversos actos cometidos (…) Nos preguntamos cómo es posible que un caso tan grave como este no haya llegado a la opinión pública ni haya sido denunciado. Lamentablemente, es un claro ejemplo más de la violencia de género a la que es sometida la mujer diariamente, sin que tenga ningún tipo de consecuencias.

La bola de nieve se puso en marcha y, en vísperas del #MeToo contra Harvey Weinstein, pronto se convirtió en un mantra feminista que ha llegado a nuestros días con la conveniente distorsión de los hechos que merece toda buena propaganda. Poco después, la flor y nata del Hollywood más progresista reaccionaba: «A toda la gente que ama esta película: estás viendo a una niña de 19 años siendo violada por un hombre de 48 años. El director planeó su ataque. Me da asco», tuiteó Jessica Chastain. «Wow. Nunca veré esta película, a Bertolucci y a Brando de la misma forma. Esto va más allá del asco. Estoy enfurecido», se manifestaba el Capitán Woke, Chris Evans.

«Me sentí violada por Brando»

Para echar más leña al tango, se rescató una de las últimas entrevistas a Maria Schneider. Ya de vuelta de todo, y a punto de enfrentar el cáncer que acabaría con su vida, la estrella reflexionaba sobre su irregular carrera y la legendaria película que la hizo famosa. La entrevista no estaba mal y tenía su punto melancólico. No todo el mundo vuela a lo más alto, se hunde en el abismo varias veces y vuelve para contarlo. Lástima del enfoque amarillista y de un titular que decía: «Me sentí violada por Brando». Esa frase, que aparece citada por todas partes cuando se habla del caso, jamás se pronunció en la entrevista.

En realidad, Maria Schneider dijo otra cosa. Molesta por el trato del director y por una escena que no se desarrollaba como estaba en el guion y que no pudo ni consultar con su agente, dijo: «Me sentí humillada, un poco violada tanto por Brando como por Bertolucci». Lo decía, claro, en sentido figurado. La propia Schneider daba más detalles, aunque estamos seguros de que ninguna feminista se ha leído la entrevista más allá del titular. La intérprete contó que las escenas de sexo no fueron reales, que nunca perdonó a Bertolucci que no le avisara de lo de la mantequilla pero que con Brando, a quien también consideró una víctima del carácter manipulador del director, siempre se llevó bien. Se estuvieron carteando hasta la muerte del actor. «Sin duda, la mejor experiencia haciendo la película fue mi encuentro con Marlon». Curiosa forma de referirse a un violador.

La verdad de Maria Schneider

La entrevista también hablaba de su caída en las drogas y de la escasa relevancia de su posterior carrera cinematográfica. La versión feminista da a entender que fue consecuencia del trauma de la violación, algo lógico porque el feminismo siempre considera a la mujer una víctima que no es responsable de sus actos. Schneider también culpó a El último tango en París, pero por otro motivo:

Ser de repente famosa en todo el mundo me aterrorizó (…). Todo ese circo me volvió loca y caí en las drogas — marihuana, y luego cocaína, LSD y heroína—. Era como un escape de la realidad (…) No disfruté ser famosa y las drogas fueron mi huida. Tomé píldoras e intenté suicidarme pero sobreviví porque Dios decidió que no era el momento de que me fuera.

De la entrevista solo se tuvo en cuenta el titular, lo que aumentó el incendio. Bertolucci, el único de los implicados que seguía vivo, publicó un comunicado para desmentir su «confesión»: «Hay quien piensa que María no había sido informada sobre la violación. ¡Falso! María sabía todo porque tenía el guion, en el que se describía todo. La única novedad era lo de la mantequilla». Sobre los rumores transformados en hechos irrefutables por arte de magia de la posverdad de que había sido una agresión sexual auténtica, el director de Novecento tiró de ironía:

Es desolador que alguien sea aún tan infantil como para creer que en el cine suceda de verdad todo lo que se ve sobre la pantalla. Aquellos que no saben que en el cine el sexo es (casi) siempre simulado, probablemente, cada vez que John Wayne dispara a un enemigo, creen que este muere de verdad.

Storaro y Eva Green, al rescate de Bertolucci

El director de fotografía de la película, Vittorio Storaro, también declaró que «nadie violó a nadie» en aquel rodaje. Y la actriz Eva Green, que protagonizó el último gran largometraje de Bertolucci, Soñadores, lleno de desnudos y morbosas escenas de sexo, tuvo un gesto defendiendo al director en vez de apuntarse al caballo ganador del #MeToo como hace casi todo el mundo. Solo hay que ver a la comprometida Kate Winslet renegando de haber trabajado con Woody Allen y Roman Polanski después de haberlos puesto por las nubes. Ahora entendemos por qué no dejó subir a Jack a la tabla. Green comentó:

No quiero desacreditar la experiencia de Maria Schneider y estoy segura de que ella sufrió realmente. Pero por lo que a mí respecta, [Bertolucci] siempre ha sido un caballero muy respetuoso. Sabía lo nerviosa que estaba antes de rodar las escenas de sexo y nunca me presionó. Simplemente nos dejaba hacer, nunca hubo nada raro.

Green tenía 22 años cuando rodó Soñadores, solo tres años más que Schneider en 1972. Y, como a ella, la película de Bertolucci la lanzó a la fama. Por suerte, ha sabido gestionarla mucho mejor.

La mentira repetida mil veces

A pesar de que los hechos refutan la leyenda, solo tiene que buscar en Google y verá que la mentira repetida mil veces ya es una verdad. «Marlon Brando y Bernardo Bertolucci decidieron que la escena de la violación a Maria Schneider fuese real» (ABC), «Bertolucci confiesa que la violación a Maria Schneider fue real», (AS), «La escena de violación más célebre del séptimo arte tuvo una parte real» (Yo Dona), «La perversa violación a Maria Schneider indigna a Hollywood» (Libertad Digital), «Así violó Marlon Brando, por detrás y con mantequilla, a Maria Schneider, en El último Tango en París de Bertolucci» (Periodista Digital).

Este último medio, nada sospechoso de ser progresista, pero al que le vino muy bien atacar a un reconocido izquierdista como Bertolucci, culmina así su artículo: «Sólo gracias a la llameante ola del feminismo este episodio fue revisado bajo los ojos del respeto a los derechos humanos». Si esto lo dice el llameante digital de Alfonso Rojo, imagine lo que dirán las miles de feministas que han comprado el cuento de la mantequilla patriarcal. No nos resistimos a citar a una, a Barbijaputa: «Si hubo o no penetración no lo sabemos ahora ni probablemente nunca». Cuánta razón tiene. Tampoco sabremos nunca si John Wayne mataba a sus enemigos de verdad.

6 comentarios

  1. Hola Señor Kaplan, la verdad es que nunca vi esta película, pero otra cosa no se podía esperar de estos hijos del posmodernismo. Para estas personas hasta un piropo es violación. Lo que ocurre es que hay muchas personas que viven del discurso (que ni ellos mismos se lo creen) pero así logran captar la atención, generándole fama y dinero.

    1. El feminismo tiene como objetivo hacernos creer que vivimos en una “cultura de la violación” donde las agresiones sexuales a las mujeres están socialmente aceptadas. Y todo lo que beneficie a este discurso, sea verdad o mentira, lo reciben con los brazos abiertos… y los bolsillos. Un saludo, amigo Lisandro.

  2. Muy clarificador. Y veo que no han cambiado tanto las cosas: la gente se sigue quedando en los titulares y no profundiza. Cada vez que se hable de la película, saldrá esto. Tendremos que poner el artículo, a ver si conseguimos que pasen del título. 😉

    1. Pues ya le adelanto, Merce, que es una misión imposible. He discutido de este tema en las redes sociales con feministas y aunque les ponga las declaraciones de Bertolucci o la propia Maria Schneider no dan su brazo a torcer. En última instancia recurren al argumento emocional: si ella dijo en algún momento sentirse violada es que la violaron y punto.

      1. Pregunta desde la inocencia: Si lo único no comentado era lo de la mantequilla… ¿A qué viene tanta historia? Por todas las partes eh? Me refiero a la primera entrevista de Bertolucci. ¿Qué me estoy perdiendo que haga que la mantequilla cobre un papel esencial?. Es como si en una escena de un asesinato le ocultaran al actor que le van a esposar previamente. No le veo lógica…

        1. Yo puedo entender sus dos puntos de vista (no la que han montado luego con la violación, claro). A Bertolucci le preguntaron por Maria Schneider poco después de que ella muriera y él, con remordimientos, recordó que no se portó bien con ella ocultándole lo de la mantequilla porque no se fiaba de su talento como actriz y buscó la sorpresa y el disgusto real en la escena. Y ella no se lo perdonó en la vida. Dudaron de su capacidad como actriz y ni la informaron de que la iban a sobetear con mantequilla.Tuvo que ser humillante. Volviendo a tu ejemplo, es como si a Janet Leigh en Psicosis de repente la esposan en la ducha y no se lo dicen. Ella pensaría: desgraciados, estoy desnuda en una ducha, me van a acuchillar y esto de las esposas que no está en el guion, ¿qué demonios es? No sé si me explico. Un saludo, casi tocayo 😉

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