Con el verano llega el apocalipsis climático pero también los festivales de habaneras. Noches a la fresca, barcas de pescadores, ron quemado y un puñado de canciones marineras. El de Calella de Palafrugell, en la Costa Brava, es uno de los más famosos. Un certamen del que el catalanismo se ha ido apropiando convirtiéndolo en un tótem del folclore nacionalista, aunque algunas de las habaneras más conocidas, como La bella Lola, sean en castellano. Al igual que el concierto de Año Nuevo, la Cantada de Calella tiene su particular Marcha Radetzky como broche de oro: El meu avi, una de las canciones más famosas del acervo popular catalán. Pero después de casi medio siglo sonando, este año ha estado a punto de no hacerlo. ¿Acaso Franco ha vuelto de la tumba para censurar lo que no hizo en vida? No, en realidad lo ha querido censurar una alcaldesa socialista, feminista y woke.
El meu avi (Mi abuelo para que no se levante Ayuso y se vaya) no deja de ser un himno bastante peculiar. Para empezar, como buena parte de la cultura ancestral que ahora reivindica el nacionalismo, es muy reciente. Lo compuso durante la dictadura, en 1968, Josep Lluis Ortega Monasterio, un militar nacido en Cantabria que luchó en el bando franquista de la Guerra Civil, aunque en los años setenta acabó en la cárcel por defender la democratización de las Fuerzas Armadas. La letra, en catalán cuando todas se hacían en castellano, rinde homenaje a los soldados que lucharon en la guerra de Cuba, como su abuelo, y, en especial, al barco Montserrat rebautizado en la canción como El Català.
Visca Catalunya, Visca El Català!
La censura franquista la dejó pasar —lo que demuestra que el catalán estaba menos perseguido en aquellos momentos de lo que la leyenda indepe cuenta—, aunque le puso pegas a un par de frases, entre ellas, la nada sutil «Visca Catalunya, Visca El Català!» (en teoría, el nombre del barco). Pero Ortega Monasterio, que conocía al censor, le convenció apelando a sus sentimientos: «¡Pero si es sobre la guerra de Cuba! Tu abuelo también estuvo y las pasó canutas». El funcionario se ve que se emocionó y dio luz verde a su ya famoso estribillo.
Desde entonces, la popularidad de esta habanera que empieza El meu avi va anar a Cuba a bordo del Català, el millor barco de guerra de la flota d’ultramar ha sido inmensa, y eso a pesar de las reticencias de algunos nacionalistas a los que no se les escapa el detalle de que la canción «enarbola tres ismos que, teóricamente, no tendrían que resultar simpáticos a nuestra colectividad: el militarismo, el colonialismo y el españolismo», en palabras de Miquel Pujadó, cantautor habitual de los actos de Òmnium Cultural, en el Diccionari de la cançó, que termina su comentario mosqueado porque gritar Visca Catalunya, visca el Català! cuando se va a morir a una guerra colonial española le parece «absurdo». Casi tanto como proclamar la república catalana durante siete segundos o llenarlo todo de lazos amarillos.
Una canción popular que no se salva del virus independentista
A lo largo de los años, las quejas no han bajado a El meu avi del pedestal del amor popular a pesar de su mensaje españolista, colonialista y militarista. Por razones que usted o yo, unas simples bestias sin entendimiento que diría Quim Torra, jamás entenderemos, el independentismo usa la canción sin complejos. Fue cantada en 2018 acompañada de pañuelos amarillos en vez de los tradicionales blancos, en homenaje a los políticos presos del Procés. Al terminar aquella interpretación se escucharon gritos a favor de la independencia ante cientos de guiris que debieron de encontrar aquello de lo más pintoresco. Wow, catalanes quieren ser independientes y cantan song que habla de catalanes fighting for España. How Exotic!
Sin embargo, este año la célebre tonada ha estado a punto de caerse de la Cantada de Habaneras de Calella de Palafrugell. Y la culpa no es de la pérfida ultraderecha que ha aplicado un 155 en diferido, sino de la izquierda moralista empeñada en imponer su marco mental y eliminar lo que no se ajusta a él. Un sainete veraniego que, a la postre, ha tenido un final feliz para El meu avi y ha dejado retratada a Laura Millán, del PSC, la primera mujer alcaldesa de este pueblo de pescadores que pasará a la historia como la que se quiso cargar El meu avi y no lo consiguió.
El documental de la polémica
El origen de la controversia empezó lejos de los calores del estío, en noviembre del año pasado, cuando TV3 emitió la docuserie Murs de silenci. Gran Escala 2000, que vinculaba al autor de El meu avi y a su mujer con una red de prostitución de menores en clubs de la Costa Brava y Huesca. La docuserie presentaba como pruebas irrefutables a una ex prostituta reconociendo la foto del coronel con un gran escalofrío y un papel en el que aparecía su nombre garabateado.
A pesar de su descarado sesgo, que le llevaba a no mencionar las sentencias de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo que absolvieron al coronel de estas acusaciones en los años ochenta, Murs de silenci provocó un pequeño terremoto en Cataluña, sobre todo en las comunidades habaneras. El Ayuntamiento de Palamós ocultó la placa conmemorativa a la memoria del músico y en Puigcerdà, donde está enterrado, se plantearon retirar los monumentos en su honor. Algunas voces se manifestaron en favor de que le quitaran la Creu de Sant Jordi que la Generalitat le otorgó en 1999, seis años antes de morir.
La periodista Mónica Planas escribió que «la faceta más oscura de Josep Lluis Ortega Monasterio cambia el panorama de las veladas de habaneras, y escuchar ahora El meu avi evoca su imagen de posible explotador sexual». Por arte de magia, una de las canciones más entrañables para los catalanes se había convertido en un involuntario himno a la explotación sexual. Ni presunción de inocencia, ni separar la obra de la persona, ni monsergas en vinagre. Para algunos, el estremecimiento de una ex prostituta viendo una foto era la verdad revelada.
No lo llames censura, llámalo renovación
Y llegó el verano, con la polémica coleando. A unos cuantos cientos de kilómetros, en la capital del reino, pintaban bastos en el PSOE. Los audios de la UCO habían dejado al descubierto una trama de comisiones ilegales, pero, además, mostraban a unos líderes socialistas que colocaban a amiguitas y prostitutas en empresas públicas y mantenían grandes debates filosóficos para decidir si se iban con la colombiana nueva, la Ariadna, la Carlota que se enrolla que te cagas o con todas y a tomar por culo. Ante el pánico de perder voto femenino, a Sánchez no le quedó otra que montarse un show feminista con las charos de su partido para presentarse como el gran adalid abolicionista y asegurar que expulsaría a todo socialista que consumiera prostitución, aun a riesgo de dejar en cuadros a la Ejecutiva del PSOE.
Es probable que la alcaldesa socialista de Palafrugell tuviera esto en mente cuando, a tres días de la Cantada de Habaneras, decidió dejar fuera a El meu avi. Sería un bonito gesto, debió de pensar, fulminar la habanera de un putero y proxeneta. Eso sí, se cuidó de utilizar ninguna de estas palabras y solo habló de que era el momento oportuno de «renovar» el evento y de «dar paso a un nuevo repertorio». A nadie se le escapó lo que había realmente detrás de ese espíritu renovador. Y más cuando uno de los grupos participantes aseguró que la alcaldesa les había prohibido sumarse al público si este decidía cantar espontáneamente la habanera maldita.
Críticas a cañonazos
Laura Millán sintió la zozobra que embarga a todo buen socialista en estos tiempos y tuvo que desdecirse a toda velocidad asegurando que no había prohibido nada. «Si la quieren cantar que lo hagan», declaró algo molesta por el cariz que estaba tomando su renovación del repertorio, refiriéndose a la polémica como «un malentendido» y a El meu avi «como una canción más». Y posiblemente ese fuera su error: pensar que nadie se quejaría porque la canción solo era una más.
Enfrente tenía a media Cataluña en pie de guerra. Y a políticos críticos con la izquierda que fueron a degüello: desde nacionalistas como Pilar Rahola («un acto de censura» del PSC que demuestra su «desprecio profundo hacia el legado popular catalán») a aún más nacionalistas como Silvia Orriols («me llaman autoritaria a mí pero os privan de habaneras míticas (…), su superioridad moral no tiene límites») pasando por Ignacio Garriga, quien no sabemos si lo hizo por solidaridad con la cultura popular o porque los apellidos del autor cancelado, Ortega y Monasterio, le sonaban a Vox.
La familia de ‘El meu avi’ se va a la guerra
Los hijos y nietos del coronel pusieron el grito en el cielo dispuestos a todo para defender el honor de su pariente y su canción inmortal. Hacía nada que habían denunciado a TV3 y a la directora de la docuserie, Anna Teixidor, por calumnias, difamación y mala praxis periodística, exigiendo un millón de euros de indemnización, anticipando un juicio que se prevé más explosivo que la voladura del Maine. La reivindicación para que finalmente se escuchara en la playa El meu avi incendió como un cremat las redes sociales y se repartieron folletos con la letra para que todo el mundo la cantara durante el encuentro. Si El meu avi se fue a la guerra de Cuba, sus defensores marchaban ahora a otra no menos cruenta que los enfrentaba a la cultura de la cancelación y el sinsentido habitual que la acompaña.
Y llegó la noche del 5 de julio. En un ambiente tenso, lleno de pitos y gritos, las bandas decidieron ignorar a la alcaldesa y concluyeron la cantada de habaneras con El meu avi que casi treinta mil voces corearon como nunca. Es posible que ni en tiempos de Franco se haya cantado con tanta emoción. El nieto del compositor aseguró que había sido «una victoria popular» y comparó este caso con la victoria de Johnny Depp tras las acusaciones de Amber Heard.
TV3 se hace la loca
Pero sin duda lo mejor fue la realización de la televisión pública catalana, que retransmitió en directo la cantada. La presentadora hablaba de las protestas del público pero sin mencionar el origen de la polémica, el documental de la propia TV3 como si la cosa no fuera con ellos. Despidió la retransmisión pero tuvo que volver cuando las bandas anunciaron que cantarían la famosa habanera, resucitada en el último momento a petición popular.
Mónica Planas, la que dijo que escuchar ahora El meu avi evocaba a un explotador sexual, escribió una crónica de fino feminismo en Ara en la que, lamentando la cobardía de TV3 por no defender su relato, contraponía los gritos machirulos («El meu avi, collons!») con la imagen de tres mujeres cantantes que permanecieron agarradas en silencio, aunque de las otras miles de mujeres que aparecen felices cantando, la periodista no dice nada.
Una ‘botifarra’ a la corrección política
Al día siguiente, con la mayoría de catalanes celebrando el triunfo de El meu avi, Feministes de Catalunya publicó en X que la habanera fue cantada «a pleno pulmón» a pesar de haber sido retirada del programa del festival, y no vio mejor momento para escribir un hilo sobre Murs de silenci apuntando a la «campaña de odio injustificable» que ha recibido el documental, suponemos, por la gente que no lo ha aceptado ciegamente y por la actitud de los herederos de Ortega Monasterio que, en vez de agachar la cabeza y pedir perdón por los pecados de su abuelo, han llevado TV3 a juicio.
Y es que aún no lo expresan abiertamente pero cualquier día, aparte de militarista, colonialista y españolista algunos cafeteros de la superioridad moral dirán que esta canción es machista por lo que, para ellos, representa su autor. Y no nos extrañaría nada que el PSC mejorara la propuesta de su amado líder y no solo expulsara a los socialistas que se vayan de putas sino también a los que canten El meu avi que, si bien no pudo contra los americanos, sí que le ha hecho una buena botifarra a la censura y a la corrección política.
Pues no conocía yo está historia, seguramente el escándalo ha sido a nivel autonómico. Pero me ha parecido muy interesante. Que lo que superó la censura franquista se lo quiera cargar una alcaldesa socialista tiene lo suyo. No es buena idea querer cargarse las tradiciones.
Muy mala idea, no suele salir bien. Me alegra que le haya gustado, Merce. No hay nada como un refrescante salseo de verano para llevar mejor los calores.
Ortega Monasterio, si pleiteó para defender su honor….¿Era un querulante según los psiquiatras forenses de convicciones sanchistas? Saludos,
Es muy posible que algunos talibanes de la moral y de la pena del telediario lo vieran así. Saludos.