Premios Feroz

La matrix del relato globalista es buena pero no perfecta. Hace lo que puede por mantener la narrativa oficial de buenos y villanos pero de vez en cuando se producen desajustes que nos enseñan que el mundo es mucho más complejo que ese que nos presenta la izquierda buenista. La vida se abre camino, que dirían en Parque jurásico. Estos últimos días lo hemos visto dos veces. Uno con el asesinato de un hombre negro en Memphis a manos de cinco policías. El discurso habitual contra la violencia policial asociado al supremacismo blanco y el racismo saltó por los aires nada más ver la foto de los cinco policías. Casi parecía un meme: los cinco eran más negros que el negro asesinado. Ver a los medios hacer cabriolas para «sacar de la ecuación» el racismo era imposible de presenciar sin esbozar la más malévola de las sonrisas.

El otro caso ha sucedido en España, en un rincón de Zaragoza en el que se entregaban unos premios del cine español, de esos que solo le interesan al mundo del artisteo y a la prensa cultural, que de algo tiene que vivir. Los progres premios Feroz, como suele ser habitual, se llenaron de discursos empoderadores y reivindicativos. Pocas horas después su fiesta de celebración acabó con dos denuncias por agresiones sexuales. Hubo un extraño silencio del feminismo institucional. ¿Porque había sucedido en uno de sus jolgorios culturales? No, porque las víctimas habían sido una mujer transexual y un hombre, y el supuesto agresor un hombre gay. De nuevo la matrix se estremeció.

Una década de sopor y postureo

Los premios Feroz solo tienen diez años de existencia. Y en esa década han hecho grandes esfuerzos por situarse a la altura de sus hermanos mayores, los Goya. A la altura en aburrimiento y postureo, se entiende. De vez en cuando han tenido algún momento épico, como cuando Ingrid García-Jonsson le lanzó una pulla a la yugular de Leticia Dolera recordándole que había despedido a una actriz por estar embarazada. La cara de Dolera —que suele pasar por todos los premios dándoselas de feminista y luchadora contra el machismo— fue todo un poema. Si las miradas asesinaran, García-Jonsson habría caído fulminada en ese mismo momento sobre el escenario.

Pero lo más habitual es que los dardos vayan contra el capitalismo, el Patriarcado, la ultraderecha y, en general, todo aquel al que le parezca un despilfarro subvencionar el maravilloso cine español, que según cuenta El Mundo, ha vivido en 2022 uno de los años más brillantes de su historia. Aunque no sabemos en qué mundo paralelo.

Almodóvar se mete con la sanidad de Madrid en Zaragoza

El año pasado el discurso estrella de los premios Feroz fue el de la enorme cómica—aclaremos que lo de enorme no es una metáfora de su talento— Esty Quesada haciendo chistes sobre las bombas de Eta. Este ha sido Pedro Almodóvar el que ha dado la nota, queremos decir el que ha removido conciencias. El director, que ya convirtió su película Madres paralelas en un panfleto sobre la memoria histórica, defendió en Zaragoza la sanidad pública de Madrid sin venir a cuento al final de un discurso de agradecimiento que se prolongó durante casi un cuarto de hora.

Si el director manchego quiere ir a Aragón a criticar la sanidad pública de Madrid nos parece aceptable. Postureo barato pero aceptable. Aquí siempre estamos a favor de la libertad de expresión, ya nos conoce. Si lo hace un señor como él que defiende la sanidad pública siendo usuario de la más selecta de las clínicas privadas, nos suena un poco hipócrita pero vale, se lo pasamos. Y hasta le disculpamos que lo haga a pesar de que tuvo una Sicav para pagar menos impuestos en España. Nadie es perfecto. Lo que no le perdonamos a Almodóvar, como Petronio a Nerón, es que sea un plasta de cojones. No se puede dar un discurso de agradecimiento de quince minutos. La Convención de Ginebra debería tomar cartas en el asunto ya mismo.

Escándalo en la fiesta de los premios Feroz

Pero lo mejor de esa eterna gala de casi tres horas de duración —y demos gracias: si todos los premiados llegan a dar discursos de quince minutos aún no habría terminado— vino después de la entrega de los premios Feroz. La finca Espacio Ebro acogió la fiesta de celebración, con la flor y nata de nuestro cine disfrutando en grande hasta casi el amanecer. La sufrida vida del artista, ya sabe. Pero al día siguiente el fiestón quedó ensombrecido por el escándalo cuando se supo que en un supuesto espacio seguro, libre de toda ralea racista, machista y fascista se habían producido «dos agresiones sexuales».

Entrando en detalles, parece ser que Javier Pérez Santana, productor de una de las películas nominadas, se dedicó toda la noche a tirar ficha a todo el que pillaba. Probablemente en un estado bastante perjudicado, baboseó de lo lindo a diestro y siniestro. A la actriz transexual Jedet, famosa por encarnar en una serie a la travestí La Veneno, además, le tocó las tetas. Fue ella quien le denunció a la policía junto a otro hombre también acosado y presuntamente manoseado.

Según la denuncia de la actriz, el productor le espetó, al verse rechazado: «Travelo de mierda, eres una travesti envidiosa, puta, transexual envidiosa, ten cuidado conmigo que soy gitano». Hay que tener en cuenta que Pérez Santana competía por Mi vacío y yo, un semidocumental que pregona el respeto por la disforia de género. A veces el hilo que separa la vida de la creación artística es muy fino. Otras es del tamaño del Gran Cañón del Colorado.

Bob Pop, la víctima número tres

Enseguida otros nombres saltaron a la palestra diciendo que también habían sido acosados por Pérez Santana en la fiesta de los premios Feroz, como el del humorista Bob Pop que, para el que no lo conozca, solo tiene que imaginar a Brad Pitt con gafas… y visualizar todo lo contrario. Que Bob Pop fuera también víctima del productor demuestra lo desesperado que debía de ir el hombre y nos tiene que alertar de lo grave de esta situación: nadie está a salvo.

Intentando ponernos serios en este guirigay, lo cierto es que elevar al nivel de agresión sexual el típico baboseo del borracho pesado estando de copas nos da una idea del mundo que estamos forjando y que se dedica a distorsionar el pasado para justificar el celo puritano y punitivo del presente. Porque los medios y las redes sociales se llenaron de mensajes asegurando que «por fin» dejaba de ser «lo normal» aguantar este tipo de acoso.

Evidentemente, nunca ha sido «lo normal». Las bofetadas, la humillación pública y las expulsiones de los locales de tipos con la mano larga son incontables. Y todos —Kaplan también— hemos tenido que soportar a gente muy pasada de rosca, decidiendo en cuestión de segundos si le disculpábamos por su estado o le mandábamos al guano con o sin puñetazo mediante.

De «lo normal» a la agresión sexual

El propio Bob Pop reflexionó en el programa de la Cadena Ser de Àngels Barceló: «Yo estaba ahí charlando con gente y él vino como tres veces a intentar comerme la boca sin mi permiso mientras yo le esquivaba como podía. En ningún momento pensé que eso se podía denunciar». Que un pobre desgraciado como el productor detenido se exponga a una condena penal y posiblemente al fin de su carrera por ser el gay baboso de la fiesta de los Feroz le parece a Bob Pop «un avance enorme». La periodista de La Ser asintió sin dudarlo. Muy lógico. Qué va a pensar la mujer que quiere sacar del debate público a todo aquel que no esté de acuerdo con el cambio climático. Y estos son los que defienden los derechos humanos.

Algunas feministas chispeantes como Leticia Dolera y Sara Sálamo se apuntaron a denunciar la situación y celebrar la detención del agresor sexual, algo que daba más seguridad a las mujeres, sin mencionar el detalle de que el detenido era un hombre gay que había acosado mayormente a señores: «He pisado —escribió Sálamo en Twitter— unas seis veces clubes de ocio nocturno en los últimos ocho años, debido a la normalización del “borracho baboso de turno”. Ahora que ya se acaba el chollo y deja de ser “lo normal”, quizá me anime a volver para bailar y disfrutar con amigas y sin sentirlo como territorio hostil».

Pues si Sara hubiera dado alguna guantada a tiempo igual habría podido disfrutar esos ocho años sin enclaustrarse en casa, pero en tal caso habría roto la primera norma de toda feminista posmoderna que se precie: no busques soluciones por ti misma, victimízate y espera que un Ministerio de Igualdad te resuelva la vida.

Itziar Castro, apartando babosos

Itziar Castro, una actriz enorme, en el mismo sentido que Esty Quesada, también dijo la suya: «Lo importante es que ahora el típico baboso que venía a meterte mano, ya no se considera así y ahora es un agresor», declaró. «Yo he salido con amigas y me he pasado toda la noche apartando babosos», manifestó, aunque nos queda la duda de si eso había sido debido a las agresiones sexuales o a la atracción gravitatoria.

Lo que habría que preguntarle a las muy decididas Bob Pop, Sara Sálamo e Itziar Castro es si considerar al borracho de turno de las fiestas un agresor sexual va a servir para algo más que para presumir de derechos feministas. Un tipo mamado hasta las trancas no está para analizar la repercusión legal de sus actos. Como un auténtico agresor sexual se ríe de los disuasores puntos violetas o de los carteles advirtiendo de que no hay que violar.

Continuará habiendo babosos en el ocio nocturno in saecula saeculorum a pesar de las amenazas de denuncia. Y claro que esa denuncia les convencerá de no hacerlo más. Como les convencía una buena bofetada o dejarles en evidencia delante de todo el mundo. Pero esos métodos tradicionales carecen del efecto de género de una denuncia que, de paso, les viene muy bien a las feministas para sembrar el mundo de un terror machista al que solo ellas pueden poner solución, como hicieron con los pinchazos inexistentes.

Una noche en que gana Eduardo Casanova puede pasar de todo

Con un futuro incierto, el productor detenido ha quedado en libertad con cargos. Seguramente, se le habrán quitado las ganas de ir de fiesta durante una temporada.

Nosotros no es que lo vayamos a defender pero entendemos su actitud. Porque esa noche perdió ante La piedad, de Eduardo Casanova. Y eso es para hundir a cualquiera.

Casanova, el nombre que nos faltaba para completar este bestiario de los premios Feroz, es un supuesto director de obras de arte y ensayo que se dedica a provocar por los medios de comunicación atacando a la derecha y a pedir subvenciones de las que vive, ya que sus películas apenas recaudan. Le arrebató el galardón al que optaba Pérez Santana, un premio de nuevo cuño hecho ex profeso para dárselo al más rarito —«riesgo artístico» lo llaman— para que vean ustedes el nivel de la gala.

Perder ante un tipo como Casanova tuvo que sumir al productor en una espiral de drogas y alcohol que nubló su cerebro. Herido en su amor propio, y más cachondo que las independentistas de la CUP, debió de pensar: «Ahora os vais a cagar. Esta noche no se libra ni Bob Pop».

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6 comentarios

  1. Muy buen resumen de la noche. Y también de lo que pasa cuando el supuesto acosador no es un hombre blanco hetero de supermegaultraderecha: que las más vociferantes se callan. Ahora a ver cómo acaba esto pero con la victoria de Casanova y su tipo de cine, hasta yo me habría dado a la bebida. ??

  2. Jajajaja hipocresía en su máxima expresión. Parece una película cómica, estos artistas ganarían multitud de premios si se dedicaran a la comedia.

    1. Teníamos un director de cine, Luis García Berlanga, que habría hecho grandes películas con estos esperpentos. O los mismos hermanos Marx xD

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