Juana Rivas is back. En realidad, nunca se ha acabado de ir. Para el feminismo es la madre de todas las madres protectoras, el mito fundacional de una narrativa en la que las mujeres luchan contra padres maltratadores, totems de la violencia de género en sus muy imaginativas variantes como la violencia institucional o la violencia vicaria, pero nunca el Síndrome de Alienación Parental porque este y solo este resulta que no es científico. Durante un tiempo, buena parte de la opinión pública se creyó el discurso pero, con los años, el galimatías judicial en el que su ex, Francesco Arcuri, va ganando por goleada ha acabado por cambiar las tornas. Quién lo iba a decir, al final le estaremos agradecidos a la madre de Maracena y a Paqui Granados, la mujer que mueve los hilos, por abrirle los ojos al mundo y dejar el feminismo al borde del abismo.
El penúltimo clavo en el ataúd del mito de las madres protectoras se lo pusieron Rivas y su asesora jurídica cuando tuvieron que entregar al hijo pequeño, Daniel, en un punto de encuentro familiar con siete meses de retraso. El niño —cuya custodia tiene Arcuri— había pasado las navidades con su madre, que se había comprometido con una serie de condiciones de la justicia italiana que se pasó por el arco del triunfo. Lo aisló de su padre, de la mediadora judicial que designó la Corte de Cagliari y se negó a devolverlo al terminar las vacaciones de Navidad argumentando que no le daba la gana porque a Arcuri le espera un nuevo juicio con la reapertura de cuatro denuncias antiguas de las muchas que le ha puesto su ex pareja una detrás de otra, casi todas archivadas, en este caso por maltrato a sus hijos.
El show de Paqui Granados
Es muy probable que Juana Rivas y Paqui Granados tuvieran la intención de aguantar un par de meses más hasta llegar al juicio en Italia con su hijo convenientemente adiestrado, pero el plan les ha fallado por poco. No será porque no lo han intentado de todas las maneras posibles, montando un nuevo circo de cuatro pistas para evitar el reencuentro de Daniel con su padre.
Ha habido de todo. Más denuncias contra Arcuri que no han sido aceptadas, recursos in extremis al Constitucional, cartas al presidente de Andalucía, a la ONU y a Save the Children. Y una espontánea misiva supuestamente escrita por el niño a la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, que tiene el mérito de hacer de Daniel el único niño de España que, a sus tiernos once años, sabe que hay una ministra de Juventud e Infancia llamada Sira Rego, que tampoco es que conozcamos muchos adultos. La ministra entró al trapo, como no podía ser menos en la izquierda, que lleva casi una década politizando el drama de esta familia, y calificó la misiva de «durísima» pronunciando una frase que aspiraba a trending topic: «Escuchemos a Daniel» (ahora que su madre le ha lavado el cerebro, le faltó añadir), y maniobrando hasta el último momento para retrasar la entrega.
«¡Dilo, dilo!» «¡Grítalo!»
Como nada de eso tuvo éxito, la devolución se convirtió en un nuevo aquelarre mediático, con Juana Rivas sollozando y caminando de espaldas abrazada a Paqui Granados entre un enjambre de periodistas y un corifeo de feministas dolientes. Porno duro. Por si eso fuera poco, Granados y su clac animaron al hijo pequeño de Juana Rivas a que expresara en público su terror a ser entregado al padre. «¡Dilo, dilo!», «¡Grítalo!», le pidieron rodeado de cámaras. Cuando el niño lo hizo, evidentemente en estado de shock, la directora del Centro de la Mujer de Maracena lanzó una mirada de satisfacción a los periodistas, muy parecida a la que tuvo que poner el doctor Frankenstein al dar vida a su criatura.
El niño feliz que había abandonado Italia en diciembre, diciendo que quería vivir con su padre en Cerdeña, tras siete meses incomunicado de su progenitor y rodeado del entorno manipulador de Juana Rivas, ahora se moría de miedo ante la idea de volver a Italia. Si eso no es una manifestación en vivo y en directo del inexistente Síndrome de Alienación Parental desde luego que se le parece mucho.
La historia interminable
La jueza de instrucción alucinó. Decidió aplazar la entrega de un niño tan aterrorizado y mediatizado que hasta las psicólogas del punto de encuentro que han visto de todo se quedaron asombradas. Cargó en un duro auto —sin mencionarla por su nombre— contra Paqui Granados por la «sobreexposición» de Daniel emplazando la entrega a un nuevo día dejando fuera a la siniestra asesora de Juana Rivas y al hermano mayor —ya totalmente abducido a lo Ronan Farrow— que estuvo todo el rato «actuando como el soldado de su madre», en palabras de Arcuri, que lo escuchó desde la habitación de al lado.
Unos días después, sin tener que ver la faz de Paqui Granados ni escuchar el bombardeo de su hermano Gabriel, Daniel, mucho más tranquilo, se reencontraba con su padre y viajaba a Cerdeña. No es ni mucho menos el final de esta historia interminable que empezó en 2009, tuvo un paréntesis de siete años que se les suele olvidar a las feministas y estalló en 2016. Aún quedan, por lo menos, tres juicios más. El de presuntos malos tratos contra sus hijos, la repetición del que separó a los dos hermanos y un tercero a Rivas por sustracción de menores, por alargar el permiso de Navidad de Daniel hasta julio y con el telón de fondo de la presunta manipulación que ejerce sobre sus hijos.
Condenada e indultada por el gobierno
Si la declaran culpable sería su segunda condena por este motivo. Porque la señora es reincidente no, lo siguiente. Ya le cayeron cinco años de cárcel en 2018, que el Supremo —presionado por la opinión pública de entonces— rebajó a dos agrupando por sus togas morenas las dos condenas en una y que quedó en nada, en 2021, tras uno de los indultos más polémicos de la España de Sánchez, con permiso del de Puigdemont y compañía, claro.
Aquel indulto, paradójicamente, supuso un momento de inflexión en la opinión pública. El regalo del gobierno de izquierdas a una mujer condenada por sustracción de menores que no se había arrepentido de nada abrió los ojos a un país adormecido por los medios de comunicación desde 2017, un año de gran fervor feminista con la eclosión del #MeToo y el escándalo de La Manada al que se sumó oportunamente el affair Juana Rivas.
¿Alguien se acuerda de Vanessa Skewes?
En febrero de aquel año, en un acto que apareció en todos los informativos, Rivas y la chilena Vanessa Skewes, según la prensa, «dos víctimas de violencia de género» que habían escapado llevándose a sus hijos, entregaron 150.000 firmas en el Ministerio de Justicia para evitar que los hijos de hombres maltratadores estuvieran con sus padres.
Poco tiempo después, los tribunales españoles y chilenos desmontaron la versión de Skewes archivando el rosario de denuncias que le puso a su ex marido por inverosímiles. Desde 2017, no encontrará ninguna mención en Internet a esta pionera de las madres protectoras olvidada por la historia una vez dejó de ser útil a la causa feminista. Que se ande con ojo la madre de Maracena a ver si va a tener que ir poniendo sus barbas a remojar.
Cuando Juana estaba en todas las casas
Aquel lejano verano del 17 se produjo la apoteosis de Juana Rivas, que se escondió durante un mes para no entregar a sus hijos hasta que no le quedó más remedio que hacerlo. #Juanaestáenmicasa se convirtió en un surrealista trending topic llegando a abrir informativos. Hubo manifestaciones por toda España y gritos de «Juana somos todas» y «Juana, hermana, esta es tu manada», y muchos políticos se apuntaron al carro para sacar tajada. Hasta el presidente Rajoy mostró su preocupación, aunque no quedó claro si le preocupaba más Juana Rivas o la niña de las chuches. Más le hubiera valido preocuparse por lo que hacían Francisco Correa o Cristóbal Montoro.
De la fauna política de aquel tiempo, Susana Díaz (presidenta socialista de Andalucía), Sofía Castañón (secretaria de Feminismo de Podemos) y Ángeles Álvarez (portavoz de Igualdad del PSOE) fueron de las que más hablaron. Ocho años después, Díaz ha acabado de tertuliana para todo tras ser fulminada por Sánchez, Castañón no quiere saber nada de la política después de la guerra civil que destrozó a Podemos Asturias, y Álvarez es una outsider terfa por criticar la ley trans de su propio partido. Con la retirada de estas tres tampoco es que saliéramos ganando. Más que nada porque luego llegó Irene Montero para recoger el testigo y llevar la paranoia feminista a niveles jamás alcanzados.
Las sentencias dan la razón a Arcuri
Pero lentamente la versión de Arcuri, hasta ese momento silenciada, se empezó a abrir camino a medida que las sentencias golpeaban una tras otra a Rivas. Se supo que la famosa condena por maltrato fue una sentencia de conformidad tras una pelea en la que el hombre también sufrió heridas. El informe de una psicóloga de la corte de Cagliari, donde sí se acepta el SAP, afirmó que Rivas tenía un «grave funcionamiento mental asociado a una desorganización del pensamiento», que usó a sus hijos como «escudos humanos» y que los «manipuló psicológicamente» para oponerse a Arcuri.
Mientras las feministas españolas comprobaban que la justicia patriarcal —también conocida como justicia normal— no tenía fronteras, un viejo conocido de los negocios de género, Miguel Lorente, intentó rebatir el informe de la psicóloga italiana sin éxito. Lo cierto es que poner a Lorente de perito en un juicio serio ofrecía tantas garantías como dejar suelto a Errejón en una fiesta de pijamas del 8M.
La narrativa dominante en entredicho
El periodista Quico Alsedo recabó la versión del padre de Gabriel y Daniel en Algunos hombres buenos (2022). La publicación de este libro fue minimizada o directamente ninguneada en numerosos medios de comunicación, y cuando fue a presentarlo en el Colegio de Abogados de Granada, chiringuitos como la Plataforma 8M-25N y Feminismo Unitario de Graná intentaron censurar un libro que, decían, promovía un discurso «negacionista de la violencia de género» y daba voz a los maltratadores. Felizmente, a pesar de la inquina feminista, el libro de Alsedo se ha convertido en un título de referencia para todo aquel que no viva en una burbuja morada y quiera conocer la cara oculta de la violencia doméstica.
Y es que algo se estaba moviendo. Si en 2017 el teatro de Juana Rivas y Paqui Granados provocó una adhesión casi incondicional, la secuela de 2025 y el paseíllo al punto de encuentro ha tenido el efecto contrario. Solo los medios muy progresistas continúan incondicionalmente al lado de una madre protectora que recuerda mucho los casos de Infancia libre y María Sevilla. El apoyo a Juana Rivas se diluye al tiempo que se cuestiona cada vez más a un movimiento feminista dividido y radicalizado, muchas veces fuera de la realidad y con el yositecreo gastado de tanto usarlo. Aunque, demostrando su gran capacidad de autocrítica, el activismo morado seguramente le eche la culpa del antifeminismo a una ola reaccionaria de ultraderecha y a los vídeos de Roro.
Un sonrojante momento para la historia
En agosto de 2017 tuvo lugar una escena que da vértigo recordarla. Se reunió de urgencia la subcomisión para el Estudio de la Violencia de Género en el Congreso, únicamente para abordar el caso de Juana Rivas, que acudió de invitada de honor. Actualmente una escena así sería impensable. Y menos la sonrojante ovación cerrada que recibió, con Paqui Granados, muy en su línea, dirigiendo el cotarro y haciendo que los políticos se pusieran de pie. Con todo lo que ha llovido y conocemos del caso, ni Intxaurrondo, Ruiz, Cintora o la delicada flor de primavera de Sarah Santaolalla juntos habrían sido capaces de vender hoy ese circo a los españoles. Y Vox, probablemente, se habría ido del hemiciclo haciendo peinetas y ganando medio millón de votos en media hora.
«Juana, tu lucha es la de todas las mujeres que enfrentan la violencia de género. Aquí, en el Congreso, te decimos que no estás sola, que creemos en ti y en la necesidad de proteger a tus hijos», le dijo ese día la portavoz socialista de Igualdad, tan pendiente de la madre de todas las madres protectoras que ni se dio cuenta de que el flamante nuevo secretario de Organización de su partido, un tal Ábalos, estaba a punto de hacer la lucha feminista por su cuenta yéndose de putas con dinero público. Juana no, pero igual la Ariadna sí estaba en su casa haciéndole el helicóptero.
Paqui Granados: el diablo
Un poco de respeto, Valentín, que el diablo no se merece esa comparación.
Y ojo que para mí que esta historia no ha terminado. Menudo circo montaron, lo que menos les importó fue el niño. Esa asesora no es la mejor influencia. La parte «buena» es que ya no tanta gente le compra el relato, no tanta gente la tiene en su casa. La pena me la da el niño, totalmente manipulado y utilizado.
Primero manipuló al primero y ahora le toca al segundo. En qué mal momento se dejó aconsejar Juana Rivas por ese bicho del Centro de la Mujer de Maracena.
¿feministas misándricas?
Francesco Arcuri….¿Hombre buenazo y con más paciencia que el Santo Job? Saludos.
El tiempo pone a todo el mundo en su sitio. Y parece claro quién es la perturbada de esta historia, y quién el tipo sensato. Saludos.
Gracias por la sensata y esperanzadora contestación. Saludos.