Corrección política en la Universidad

Aunque la corrección política tal y como la conocemos nació en los campus universitarios estadounidenses, la primera vez que aparecieron escritas esas palabras fue en El libro rojo de Mao, en un párrafo muy apropiado al tema que nos ocupa hablando del adoctrinamiento de intelectuales y estudiantes: “No tener un punto de vista políticamente correcto equivale a no tener alma”, decía el Gran Timonel. Más de medio siglo después de esa cita la corrección política se encuentra en el epicentro de la batalla cultural y ha conseguido que la Universidad esté dejando de ser un espacio para la libertad y el debate y se convierta en un fortín ideológico, sobreprotegido hasta el delirio, donde no se admite discrepancia de la ortodoxia progresista. “Esto es una revolución cultural y no la mía”, afirmaría satisfecho Mao.

1. Los disfraces de Halloween son opresores

En 2011 una asociación estudiantil promovió en la Universidad de Ohio una campaña para que los disfraces de Halloween no ofendieran a las minorías ni se apropiasen de la cultura de musulmanes, afroamericanos, latinos u orientales. Nada de vestirse de mexicano o de indio y mucho menos de pintarse la cara de negro. Y de disfraces sexys ni hablamos, claro. El decano se entusiasmó con la idea, una forma “limpia y concisa” para enviar un mensaje importante, dijo. Desde entonces cada año la campaña se repite en varias universidades. Algunas asociaciones incluso han pedido que se dejen de comercializar los disfraces ofensivos. Y es que el truco de “concienciar” es ese: primero concienciamos, luego presionamos y al final prohibimos. ¿Dónde está Michael Myers cuando se le necesita?

2. Una universidad católica que no deja hablar contra el aborto

Un profesor de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, fue sancionado y suspendido en 2017 por expresar en clase su posición contraria al aborto y ofender a sus alumnos partidarios de la interrupción del embarazo. El hecho se consideró inaceptable por la propia universidad, ya que -argumentó- el derecho al aborto estaba reconocido en las leyes belgas y transmitir a los alumnos posiciones contrarias a las leyes no se podía consentir. Ya unos años antes la universidad, con seis siglos de historia, había dado la nota al plantear quitar la palabra “católica” de su nombre. Cualquier día de estos le cambian el nombre por Universidad Karl Marx de Lovaina.

3. Una universidad laica que no deja debatir sobre la prostitución

La presión de alumnas y profesoras feministas abolicionistas consiguió en 2019 que la Universidad de La Coruña cancelara unas jornadas sobre prostitución. La plataforma “Universidad sin censura” preparó posteriormente un ciclo de conferencias sobre el mismo tema, que también sufrió un intento de boicot en la Universidad Carlos III de Madrid y en la Pompeu Fabra de Barcelona, en la que Pablo de Lora no pudo impartir su charla al ser acusado de “machista peligroso” ante la pasividad, e incluso complicidad, de sus propios compañeros docentes. “Que colegas míos ya no distingan entre el activismo puro y la profesión de la docencia y la investigación es aterrador”, declaró en una entrevista.

4. Los murales de Colón ofenden a los alumnos

La obsesión por los espacios seguros y la reparación de la Historia casan muy bien con la hipersensibilidad, victimismo e intolerancia que caracterizan a la corrección política. Profesores y alumnos de la Universidad católica de Notre Dame decidieron en 2019 que unos murales sobre el descubrimiento de América, que llevaban allí desde el siglo XIX, ensalzaban la esclavitud y denigraban a los pueblos indígenas. La dirección de la Universidad tenía que haberles dado una palmadita en la espalda y a otra cosa, mariposa. En vez de eso taparon los murales y celebraron la iniciativa porque resultaban demasiado ofensivos. Está previsto que los murales se exhiban ocasionalmente debidamente “contextualizados”. O sea, con unos avisos que digan que Colón fue un genocida supremacista blanco.

5. El arte es demasiado blanco, masculino y occidental

El lema de la Universidad de Yale, Luz y Verdad, se murió de vergüenza ajena en 2020, cuando el centro suspendió su curso de introducción a la Historia del Arte por ser demasiado blanco, masculino y occidental. “La clase podría incomodar a algunos estudiantes debido a la blancura, la masculinidad y la rectitud abrumadoras del canon occidental”, aseguraron los responsables del departamento, quienes consideraron que el enfoque en el arte occidental era “problemático”. Decidieron en su lugar preparar una asignatura mas diversa donde el género, la raza, el anticapitalismo y el cambio climático tuvieran por fin el lugar que les corresponde en la Historia del Arte al lado del Partenón o la Mona Lisa.

6. Los aplausos producen ansiedad

A los estudiantes de la Universidad de Oxford les corresponde el honor de una de las medidas más surrealistas jamás paridas en nombre de la corrección política: prohibir los aplausos y cambiarlos por un gesto sin sonido con el fin de no producir ansiedad en las personas sordas. La universidad, como suele pasar en estos asuntos, en vez de mandar a los alumnos a estudiar se puso de su lado y aplaudió (silenciosamente, se entiende) una medida que, dijeron, hacía del campus universitario un lugar más inclusivo. El problema está ahora con los estudiantes ciegos, que sí oían los aplausos pero no ven los gestos. La corrección política también cabalga contradicciones.

7. Un punto más en las tesis por ser mujer

Tenía que ser en la España feminista y progresista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias donde se incluyeran medidas discriminatorias (“positivas”, las llaman) en la Universidad. Tras la ocurrencia socialista de regalar la matrícula a las alumnas de ingenierías, que no salió adelante por los pelos, la Universidad de Castilla La Mancha decidió dar un punto extra a las mujeres que leyeran sus tesis. Desde este humilde blog animamos a que la medida vaya aún más lejos y se añadan puntos extra si la tesis trata, por ejemplo, de la desigualdad de género en la prehistoria o de la perspectiva de género aplicada a Los Simpsons. Por supuesto, estos dos trabajos recibieron sobresaliente cum laude.

8. La autora de ‘El cuento de la criada’ es mala feminista

En 2016 la Universidad de Columbia Británica despidió a un profesor acusado de violación a pesar de que el juez finalmente lo absolvió. Además, la universidad había publicado las acusaciones antes del juicio para satisfacer a las feministas que pedían la cabeza del maestro. La autora de El cuento de la criada, Margaret Atwood, firmó un manifiesto en el que responsabilizaba al centro de haber tratado injustamente al profesor y usó este caso para criticar los linchamientos, el ‘yo sí te creo’ y el MeToo, que definió como una “caza de brujas”. Ni que decir tiene que sus ex admiradoras moradas se le echaron a la yugular por osar cuestionar la Verdad feminista.

9. La profesora negra que no era negra

¿Cuál es el colmo de la corrección política? Pues que una profesora de ascendencia negra que lleva décadas enseñando Historia afroamericana, comprometida con la justicia social y que ha publicado exitosos libros sobre el esclavismo… no sea negra. Jessica A. Krug acabó confesando que se había inventado su origen afrocaribeño, según ella, debido a un trastorno mental aunque es obvio que si no hubiera mentido no habría triunfado como cotizada docente racializada. La Universidad George Washington la despidió fulminantemente. “Las comunidades negras no tienen la obligación de albergar los desechos de las sociedades no negras”, proclamó la blanca con el alma negra en un surrealista alegato en el que parecía que hablaba de otra persona.

10. Los tres monos racistas

La última controversia que nos han regalado, de momento, las progresistas cavernas de la corrección política tiene por protagonistas a los tres famosos monos que se tapan los oídos, los ojos y la boca, una icónica imagen de origen japonés con siglos de antigüedad. Según la Universidad de York, representan un “estereotipo racial”, “un legado de opresión” y “un insulto a las minorías. Ahí, con un par. Y por supuesto la han retirado de una de sus conferencias. La noticia ha provocado perplejidad incluso entre la comunidad woke. ¿Acaso la Universidad de York está dando por hecho de que los negros son como los monos?

Finalizamos este artículo con un breve comunicado que nos acaban de enviar los tres simios, que reproducimos por su interés: “No queremos saber nada de los humanos, ni de esos centros de aborregamiento que llaman universidades. Por favor, no nos emparenten más con ustedes”.

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4 comentarios

  1. Muy buen artículo, como siempre. Y digo yo, ¿no se dan cuenta que más que progresistas y políticamente correctas, las universidades están quedando como ridículas con todas estas decisiones absurdas?

    1. Eso digo yo. Así salen luego los estudiantes de hipersensibles y trastornados al mundo laboral.Gracias de nuevo por pasar un ratito en el blog 🙂

  2. Mi bello Han, me encanta leerte. Gracias por ese histórico, tan bien narrado, del absurdo de ese colectivo que promueve cambiar la historia de la historia. Todo lo analizan con microscopio electrónico retorciendo la realidad y dejando en evidencia que las autoridades universitarias actuales, no son dignas de estar en esos cargos. Seguro que han llegado por progres y lo por méritos. AHH, de los Halloween, colma a un santo.

    1. ¡Muchas gracias, Magüicha! Las autoridades universitarias tienen su parte de culpa al no oponerse a cualquier ocurrencia políticamente correcta, por absurda que sea, por el miedo a que se les echen encima los activistas, profesores y alumnos. No tratan a los alumnos como tales, sino como clientes a los que no quieren molestar lo más mínimo.

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