Cartel Hollywood broma

Los ofendidos de Hollywood son el perfecto ejemplo de toda esa mezcla de oportunismo, moralismo e hipocresía que caracterizan a la corrección política. A lo largo de su historia, la Meca del cine ha sido un reflejo de la sociedad estadounidense, y si esta era machista o racista Hollywood también lo era, y no se preocupaba demasiado. Pero a los ojos de los liberales actuales, conversos del #MeToo y del Black Lives Matter, Hollywood debe dar ahora ejemplo de una moral superior corrigiendo su pasado, aunque para ello tengan que proponer unas normas de inclusión y diversidad que parece que las hayan redactado los hermanos Marx.

Desde que en 2016 las presiones de los lobbies progresistas hicieran que la Academia prometiera ser más feminista, inclusiva y abierta, los Oscar se han convertido en un escaparate de la agenda política del momento y de las buenas intenciones, haciendo lo posible por dejar atrás esos días no tan lejanos en que Harvey Weinstein recibía los aplausos de todos, incluidas las mujeres que ahora le denuncian por acoso sexual. Solo hay que ver las películas que han obtenido el máximo galardón:

  • 2017: Moonlight, tras un sospechoso error con los sobres y un esperpéntico espectáculo, un film acerca de un tipo pobre, negro y gay que si hubiera sido pobre, blanco y heterosexual va directo a DVD.
  • 2018: La forma del agua, en la que los únicos buenos en un mundo supremacista blanco son las mujeres, las minorías y los monstruos anfibios.
  • 2019: es el año de Green Book, acerca de la amistad entre un pianista negro y su chófer blanco mientras viajan por el sur racista de Estados Unidos. Y también es el año de Black Panther, con 7 nominaciones y 3 estatuillas. Un hito que no ha conseguido ninguna otra película de superhéroes, pero, claro, las protagonizaban blancos.
  • 2020: Parásitos, también con temática de denuncia social, y con la peculiaridad de que ni siquiera es norteamericana sino coreana. A la crítica progresista aún le dura el orgasmo, y a Trump el cabreo.

Unas normas para incluirlos a todos

Pero si el carrerón de la Academia de Hollywood hacia el éxtasis de la diversidad y la inclusión no fuera suficiente, acaban de anunciar sus nuevas normas para poder optar a las nominaciones a partir de 2024. Es imposible satirizarlas porque solo enumerándolas ya parecen salidas de El Mundo Today, de lo forzadas y exageradas que son. Según la Academia habrá 4 grupos de normas, y para que un film pueda optar a los Oscar deberá cumplir al menos 2 de esos 4 grupos. El plan es incluir a cualquier minoría racial habida y por haber, calmar a los ofendidos en Hollywood y seguir haciendo negocio, lo que está aún por ver porque una cosa es la teoría de la ideología metida con calzador en las películas y la otra la práctica de la taquilla.

Pero al grano. ¿Quiere realizar una película, pongamos por caso, sobre la Revolución Francesa y optar a un Oscar? Atento a las normas del primer grupo:

Contar con un actor principal o un actor de reparto con relevancia que forme parte de grupos raciales infrarrepresentados.

Y ojo a los “grupos raciales infrarrepresentados”:

Asiáticos, hispanos, negros, indígenas/nativos americanos/nativos de Alaska, personas de oriente medio o del norte de África, nativos hawaianos o de otras islas del Pacífico, u otras etnias o razas infrarrepresentadas.

¿Que su película no puede cumplir este simple requisito? ¿No le cuadra un nativo hawaiano, un indio apache o un japonés en la toma de la Bastilla? ¿Que no es histórico? Un poco fascista nos está saliendo usted, anteponiendo eso que llama Historia a los sentimientos de las minorías. En fin, vayamos a la siguiente parte contratante de la primera parte:

Al menos un 30% de actores secundarios o de roles de menor envergadura que pertenezcan al menos, a dos de los siguientes grupos infrarrepresentados: Mujeres, grupos étnicos o raciales, LGTBIQ+, y personas con discapacidades físicas y cognitivas, incluyendo a sordos y duros de oído.

Esto es más fácil. Con unos cuantos actores que digan que no oyen bien igual ya podemos cumplir con la mitad de este requisito. Luego faltaría la otra mitad, claro. ¿Qué le parece convertir a María Antonieta en una transexual? Veamos el siguiente requisito:

Una trama principal, una temática o una narrativa centrada en alguno de los grupos infrarrepresentados anteriormente mencionados.

Perfecto, ¿no? Solo tiene que rodar su película de la Revolución Francesa centrada en minorías raciales, mujeres o grupos LGTBIQ+ y ya puede optar a los Oscar. Vamos, vamos, no se desanime, seguro que se le ocurrirá algo.

Otras categorías más fáciles de cumplir

Las siguientes tres categorías para optar a un premio de la Academia van en esta misma línea refiriéndose a los equipos y los trabajadores, la distribución y la publicidad, y también piden que haya representación de las minorías “infrarrepresentadas”. Sí, incluidos los duros de oído y los nativos de Hawai. Afortunadamente, estas categorías son más fáciles de cumplir teniendo en cuenta las cientos de personas que suelen participar en la realización de un largometraje. La idea es que en este nuevo Hollywood no haya ofendidos (la Academia, más finamente, lo llama “escuchar y celebrar todas las voces”). Ricky Gervais lo lleva crudo para volver a presentar los Oscar.

Resumiendo la situación: podría darse el caso de que se valoraran más los criterios inclusivos que los artísticos y así, entre una obra maestra de Martin Scorsese sobre gánsters en la que solo salgan hombres blancos, aunque sean Robert de Niro y Al Pacino, y un truño con pinta de telefilm lleno de negros y lesbianas la Academia nominara a esta última si no se cumplen los requisitos en la primera. ¿Que tenemos una película sobre la Primera Guerra Mundial rodada en un espectacular plano secuencia y no llegamos a los cuotas de minorías necesarias? Pues ni una nominación, oiga. Haber puesto a unos esquimales peleando contra los alemanes o haber contratado más becarios LGTBIQ.

Más ofendidos aún en Hollywood

Nos espera, qué duda cabe, un futuro apasionante si llegan a implantar todo esto y lo siguen a rajatabla aunque, como explica este artículo, en la práctica podría ser más sencillo de lo que parece. En cualquier caso, los Oscar no son los únicos poniéndose medallas: en el Festival de Berlín ya han decidido agrupar los premios de interpretación en una sola categoría unisex, como las peluquerías.

Lo divertido vendrá cuando los caminos de la interseccionalidad se crucen y las minorías empiecen a quejarse de otras minorías: las mujeres, que hay más negros en las nominaciones; los negros, que se da demasiado protagonismo a las mujeres blancas; los indios, que deberían estar más representados que los musulmanes; las lesbianas, que se las invisibiliza con respecto a los gays; los transexuales, que apenas se cuenta con ellos… Y tendremos un Hollywood lleno de nuevos ofendidos. Y así hasta que este maravilloso mundo de inclusión y diversidad acabe como la Estrella de la Muerte.

Aunque cuando eso pase puede que ya no le interese a nadie, porque la mayoría del público ya se habrá olvidado de ellos, de sus películas y la ceremonia de los Oscar la verán cuatro gatos, dos menos de los que la ven ahora.

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3 comentarios

  1. Y vuelta con la corrección. No harán las películas que a la gente le interese ver. Las harán que no ofendan a nadie, totalmente inclusivas, pero tampoco le interesarán a nadie. ¿Qué pasa con las pelis feministas? Que no las ven ni ellas.

    1. Es que estos correctitos aún no se han dado cuenta de la gran verdad: que están haciendo cosas al gusto de gente que no se va a gastar el dinero en ellos. En su cabeza suena perfecto: público de antes + público nuevo = Negocio redondo. Pues no: pierden a muchos antiguos y apenas ganan nuevos. Get Woke, Go Broke.

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