Cine feminista

La agenda política avanza a velocidad de crucero y los productos culturales intentan normalizar unos contenidos ideológicos que se supone que reflejan el progreso de la sociedad, especialmente en temas identitarios como el feminismo. Si no está de acuerdo con ese “progreso” que no duda en señalar y cancelar a todo el que no lo reconozca como la única Verdad, tengo una noticia buena y una mala. La mala es que forma parte usted del Eje del Mal. La buena, que le va a gustar esta sexta entrega de Joyas del cine feminazi. Cruce con nosotros las puertas de este peculiar Parque Jurásico en el que las feministas son más peligrosas que los velocirraptores.

Enola Holmes contra los machirulos

Las aventuras de la hermana de Sherlock Holmes buscando a su madre desaparecida son todo un recital de clichés feministas para adolescentes: la protagonista es una Mary Sue chispeante de girl power, los hombres, unos ignorantes o unos malvados dignos representantes del patriarcado blanco (menos los sensibles aliados que entienden la lucha de las mujeres), y la diversidad racial es la cosa más normal del mundo en el Londres victoriano. Aburrida, infantil y tontorrona, Enola Holmes cuenta con unas sufragistas que ponen bombas, con escuelas opresoras para chicas, y con una negra empoderada que enseña autodefensa a las mujeres y que le reprocha a Sherlock Holmes sus privilegios en la escena más adoctrinadora de la película, que ya es decir.

El detalle opresor

En un brillante momento de inspiración, a Netflix no se le ocurrió mejor idea para la promoción que poner estatuas de mujeres “eclipsadas” por sus hermanos famosos al lado de las efigies de estos. Así que colocó figuras de Frances Dickens, Mary Hardy y Enola Holmes, sin pensar en el sutil detalle de que Sherlock Holmes no solo es un personaje de ficción sino que su hermana no fue creada hasta 2006 por la novelista Nancy Springer. Denunciar la supuesta invisibilización de mujeres reales a través de un personaje inventado hace nada solo se le podría ocurrir a unos genios como los de Netflix. Esperamos con ansia la reivindicación de esas grandes mujeres olvidadas por la historia como Pocahontas, Mina Harker o Jane Eyre.

Enola Holmes (2020). Clasificación en la escala feminazi: 8/10

Hechizos contra el Patriarcado

“La realizadora tuvo muy claro desde el principio que esta nueva versión debía ser más feminista y para ello, sabía exactamente lo que tenían que conservar de ella y lo que era necesario cambiar para adaptarse a los nuevos tiempos”. Solo esta frase de la promoción de Jóvenes y brujas ya da miedo. Efectivamente, nos encontramos ante uno de los panfletos de la temporada que demuestra lo que hemos retrocedido como sociedad en 25 años. Lo que en 1996 fue una película -hoy de culto- sobre inseguridades juveniles que combinaba con inteligencia temas sociales, comedia y terror, ahora se ha quedado en la historia de unas amiguis que hacen hechizos para maquillarse y pasarlo bien, y cuyo único problema al que se enfrentan en la vida es la masculinidad tóxica y el Patriarcado.

“Lo que quería actualizar -cuenta la guionista y directora a la que auguramos un gran futuro lejos del cine- es que en la original las mujeres usan su poder las unas contra las otra y desde mi primer borrador tenía muy claro que quería cambiar eso (…) y que esta historia debería ser sobre mujeres jóvenes apoyándose y reforzándose entre ellas”. La sororidad que arrasa con todo… empezando por el guion.

El detalle opresor

Timmy es un chico cruel que humilla a sus compañeras de instituto y al que las empoderadas brujas hechizan para convertirlo en una “buena persona”, o sea, en un perfecto aliado feminista. Su carácter cambia de la noche a la mañana: reprende a los demás chicos que se ríen del “solo sí es sí”, se vuelve un experto en escritoras feministas, juega con las chicas a juegos de chicas y les confiesa entre lágrimas que es bisexual. El brujo que interpreta David Duchovny no soporta tanta nueva masculinidad y lo asesina por mariquita. Pues que se ande con ojo Fernando Simón, que puede ser el siguiente.

Jóvenes y brujas (2020). Clasificación en la escala feminazi: 10/10

Hechizos contra el Patriarcado 2: pócimas, escobas e inclusión

Y continuamos con más brujas feminazis, dicho sea sin ánimo de ofender… a las brujas. Netflix convirtió este remake de Sabrina, cosas de casa, realizado por el creador de Riverdale y protagonizada por Kiernan Shipka, en su apuesta definitiva por la inclusión, la diversidad y el feminismo. Estaba destinada a ser la serie adolescente de referencia, la nueva Buffy para la generación woke, el clásico que adorarían los SJW por los siglos de los siglos. Lo tenía todo para triunfar entre su exigente y oprimida audiencia: una bruja contra el patriarcado, feminismo interseccional, personajes e intérpretes no binarios, crítica a la religión católica, a la sociedad machista, al racismo, a la homofobia… Y Netflix se cansó de ella y la acabó cancelando en la cuarta temporada, provocando la indignación de su público, especialista precisamente en molestarse por todo.

El detalle opresor

Tres temporadas en dos años es demasiado para cualquier serie, pero Netflix necesitaba amortizar Las escalofriantes aventuras de Sabrina y no dudó en quemarla en la hoguera de su programación, no sin antes llevarla al ridículo más absoluto convirtiendo a Sabrina en la típica repelente Mary Sue de las producciones feministas. Por cierto, ni la serie “perfecta” se libró de las críticas feministas: parte de su público se quejó por las escenas en que Kiernan Shipka aparecía ligera de ropa o insinuando sus pechos ya que, al tener su personaje 16 años podía caer en la sexualización infantil a pesar de que la actriz tuviera realmente 20. Ni una serie sin su ofendidito.

Las escalofriantes aventuras de Sabrina (2018-2020). Clasificación en la escala feminazi: 10/10

La saga del cine feminazi

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